La crisis de los 6 años

Nuestro hijo de 6 años ha cambiado. Observamos en él rasgos nuevos de madurez, pero al mismo tiempo su comportamiento ha experimentado un retroceso. Del niño mimoso y encantador, ha pasado sin previo aviso a ser todo un carácter impredecible: se rebela para imponer su voluntad, se enfada repentinamente, se ríe hasta llorar, llora hasta perder el control… No hay quien entienda su forma de actuar.

 ¿Qué ha pasado con nuestro hijo?, os preguntaréis. Pues, sencillamente, está en una nueva etapa de su crecimiento, conocida como la adolescencia infantil. Ya experimentamos en torno a los 2 años que los cambios implican crisis, pero estas crisis de crecimiento son inevitables y pueden ser muy fructíferas.

Vamos a ver qué transformaciones experimentan los niños a esta edad desde el punto de vista físico, intelectivo, emocional y social, y que pautas educativas se ajustan a esta situación de cambio.

Características de los niños de 6 años

Las transformaciones fisiológicas y psíquicas propias de esta etapa están en el origen del cambio de comportamiento de los niños. Hemos de interpretar sus reacciones como síntomas de su crecimiento, que tendremos que orientar acertadamente.

  • Desarrollo y cambios físicos: Físicamente, el niño sigue creciendo y aumentando en peso y volumen de forma gradual. Algunos pierden definitivamente las redondeces de la primera infancia al estirarse y adelgazar. Su desarrollo muscular y óseo les capacita para desempeñar infinidad de movimientos con un buen grado de coordinación, agilidad y precisión. Su gran destreza manual y su necesidad insaciable de experimentar le pueden llevar, por ejemplo, a desarmar juguetes para verlos por dentro. Corregir al niño en este afán investigador es contraproducente.
  • Su resistencia física es admirable: parece que no se cansan nunca cuando están realizando actividades de su agrado. A estas edades suelen ser muy activos e imprudentes, porque el niño, confiado en sus capacidades, tiene la seguridad de que a él no le va a ocurrir nada. Dada su incesante actividad, es un buen momento para iniciarles en la práctica sistemática de algún deporte. También podemos utilizar esta predisposición natural para afianzar la lateralidad. Ejercicios físicos que favorecen su definición son: natación, ciclismo, patinaje, tenis, ping-pong, baloncesto…
  • La madurez cerebral: cabe considerar los 6 años como una frontera a partir de la cual una determinada dificultad debe recibir una consideración diferente. La incapacidad para controlar la orina por la noche, las dificultades en la lecto-escritura o la incorrecta pronunciación, deben valorarse de manera más detallada, dado que el cerebro ya ha alcanzado, en lo fundamental, su grado de desarrollo.
  • Desarrollo de la inteligencia: Siempre se ha considerado que el niño a partir de los 6 años empieza una nueva fase de la vida porque “empieza a razonar”. Los estudios científicos avalan el inicio de un cambio intelectual, que durará hasta los 11-12 años, y que Piaget denominó “periodo de las operaciones concretas”. En los años previos, el razonamiento del niño era más intuitivo, y presentaba un carácter cambiante y subjetivo. A partir de ahora, va aplicando las leyes lógicas a lo concreto.
  • Su lenguaje es ya muy desarrollado: tienden a hacer preguntas de forma incesante.Eñ diálogo padre-hijo es fundamental para favorecer el desarrollo de su capacidad de reflexión. Sus preguntas deben ser contestadas y debemos razonar lo que decimos. De lo contrario, se dará cuenta de nuestra falta de juicio (o de nuestra injusticia, si se da el caso de que nuestra respuesta ha sido injusta) y podemos perder la confianza que tiene puesta en nosotros. Le encantará que le prestemos atención a todo lo que espontáneamente nos cuenta y, a su vez, puede generar rechazo el afán paterno de estar continuamente informado: “¿Qué has hecho?¿A qué has jugado? ¿Qué has comido?”. Una pauta general aconsejable es estar disponible para hablar cuando él quiera hacerlo. Las preguntas generales y abiertas resultan más eficaces para el diálogo que las reiterativas. Pero tendremos que tener la delicadeza suficiente para respetar sus secretos y su deseo de intimidad.
  • Su capacidad de concentración todavía es pequeña: debido a su inconstancia. Por ello, para que no rechace el estudio, éste debe suspenderse en la fase del precansancio. Los deberes para realizar en casa deben ser algo ligero y placentero. Lo realmente importante a esta edad es iniciar un sistema de trabajo con el fin de crear hábitos, pero no podemos someterle a exigencias que puedan predisponerle negativamente para futuros estudios. En esta línea, deberemos seguir presentando el estudio como un juego, porque todavía el niño no distingue totalmente lo uno de lo otro. Hay que evitar comentarios que puedan resultar negativos, incluso de soslayo: hablar mal del profesor o del colegio, o comentar que este año tiene que estudiar mucho porque Primaria es muy difícil. Tampoco son buenos los comentarios de aspecto positivo que minusvaloran la actividad educativa (el consabido, “¡qué bien que mañana no hay cole!”, de los viernes). Cosa bien distinta será que el niño, junto con su padre/madre riegue un tiesto o plante una lenteja, si en el colegio han trabajado ese tema. De esta manera damos una continuidad a su aprendizaje sin generar “islotes”. El niño es el primero que quiere unir el mundo escolar con su vida familiar: disfruta enseñando en casa los trabajos que realiza, le gusta que padres y tutores hablen, etc. Uno de los objetivos importantes que han de lograrse en los dos primeros cursos de Primaria es que el niño adquiera una buena fluidez de lectura, que ésta sea comprensiva y que sienta gusto por practicarla. Es algo tan importante que merece la pena hacer todo lo posible por conseguir que para ellos sea un placer. Leer con papá o con mamá como premio, y siempre cortando antes de llegar a cansarse, es el mejor camino.
  • A los seis años empieza a distinguir el mundo real de la ficción: Es conveniente que le ayudemos a diferenciar estas situaciones.
  • Desarrollo afectivo y social: Decíamos antes que el niño de 6 años es capaz de emitir juicios propios, que no tienen por qué coincidir con los de sus adultos de referencia. Puede comentar: “dices que es bonito este dibujo pero no lo es, porque no está bien coloreado”. Hay que tener en cuenta que empieza a configurarse un triángulo social con tres vértices de influencia: la familia, el colegio y los amigos.
  • Los amigos adquieren gran importancia y por eso prefieren los juegos de grupo a los individuales. Aceptan las reglas en los juegos pero tienen (sobre todo los chicos) un gran afán por competir: juegan para ganar, por el puro placer de la victoria. Desde este punto de vista, el juego va a cumplir una importante función de superación de retos, autocontrol y aceptación de uno mismo. También los padres podemos ayudarles mediante el juego a que controlen sus emociones.
  • Son tremendamente inestables: porque su seguridad personal no está afianzada. Su conducta puede parecer bipolar: pasan de la risa al llanto, de la mansedumbre a una explosión violenta, del amor al desdén, pero no son capaces de decidirse por ninguna opción en concreto. Reaccionan bruscamente si se sienten frustrados o impotentes ante algo. Casi todo es desproporcionado en sus reacciones: corre, entra, sale, pega a su hermano, lo colma de besos… No son capaces de modular sus reacciones ni dominar sus impulsos. Esta dificultad en el manejo de ideas opuestas es propia de la edad, y la irá superando con su progresiva madurez y nuestro cariño permanente. Podremos ayudarle explicándole los pros y contras de cada opción, o sugiriéndole –sin imponerle, salvo que se trate de alguna cuestión esencial- la más adecuada. Podremos decirle: “Yo, en tu caso, escogería…”
  • Las vivencias en el colegio condicionan su afectividad: Los resultados de los trabajos, la relación con los amigos y con el profesor, le afectarán mucho para bien o para mal. Esta sensibilidad extrema tiene aspectos positivos y puede dar muestras de gran corazón, pero también puede llevarle al desánimo por pequeñas cosas. Siguen siendo muy dependientes de papá y mamá, aunque en esta etapa la balanza emocional se inclina hacia papá: la niña lo adora y el niño busca camaradería. Conviene que el padre aproveche esta situación para colaborar más activamente en la educación y para prestigiar a la madre.
  • Toma de conciencia de sí mismo: que está experimentando le llevará a pavonearse e influir en los demás. Por esta razón, suele despreciar y abusar de su hermano menor, mientras que por el mayor siente admiración y deseo de confiarse a él. Podemos aprovechar esta predisposición para su formación si el mayor nos sirve de estímulo, al tiempo que tratamos de inculcarle la responsabilidad por el hermano más pequeño. También esta nueva conciencia de sí, le lleva a hacerse respetar; es éste un rasgo positivo, que debemos potenciar y en el que deberemos guiarles, porque no siempre saben cómo hacer valer sus derechos. En ocasiones tratará de monopolizar la atención, y puede presentar una actitud desafiante, no aceptando la autoridad.

Pautas Educativas

Hemos visto que los niños de 6 años están inmersos en un periodo de cambio importante. Como sucedía a los 2 años y volverá a pasar en la adolescencia, los cambios generan inseguridad y normalmente no los viven bien. Además, a esta edad su precaria madurez les impide superar el egocentrismo.

Evidenciar esta circunstancia puede ayudar a los padres a comprender las verdaderas necesidades del hijo en este momento. Nos toca a los adultos proporcionarles la calma y la seguridad que ellos no tienen, por lo que debemos generar un ambiente relajado, sin riñas innecesarias, prisas para todo o nervios descontrolados. Es necesario tener muy claros los puntos de exigencia, las normas y límites que no se pueden transgredir (con constancia y sin arbitrariedad), pero no es bueno normativizar todo lo que hacen. Es mejor proponer, que imponer; hay que ir dándoles razones para hacer las cosas, para que vayan descubriendo que es razonable obedecer. Así les facilitaremos la obediencia y la relación paterno-filial no se resentirá.

Les ayudará mucho continuar con el horario básico de comidas, sueño, entradas y salidas, porque ayudarán a que su entorno sea más predecible. Normalmente no les cuesta tanto como antes irse a la cama, y ese momento suele ser apto para las confidencias o para actividades relajadas que exijan cierta concentración (lectura, p.ej.).

Bajo la apariencia de caos que es su conducta, hemos visto en el epígrafe anterior que muchos aspectos buenos están pidiendo paso en su cabeza y en su afectividad: quieren reflexionar, jugar, compartir, ser amigos de sus amigos, disfrutar haciendo cosas…

Es una etapa que puede ser muy fructífera para formar su conciencia y su carácter, despertar su afición por la lectura, el gusto por el estudio, para afianzar el orden e ir haciéndole responsable de sus cosas. En las virtudes que le propongamos debemos dar un salto cualitativo:

  • La generosidad ya no consiste en dar cosas, sino en darse (fomentar el espíritu de servicio, la colaboración en casa, la ayuda a los demás).
  • El orden no se limita a sus cosas, sino que debe abarcar su cabeza y su vida.
  • La responsabilidad le debe llevar a asumir las consecuencias de lo que decide hacer.
  • Debemos ir robusteciendo su fortaleza, exigiéndoles pequeños vencimientos, que le ayudarán a conseguir el autodominio del que todavía carece.

Si a los tres años decíamos que ya tiene derecho a hacerse su cama, a esta edad ya tiene derecho a ser ordenado, a colaborar, a responsabilizarse de sus actos, a razonar por qué hace ciertas cosas, a saber pensar.

Aunque su comportamiento a veces nos lo dificulte, tenemos que mostrarles comprensión, paciencia y cariño. Son muy dependientes de los padres, y su estado afectivo va a condicionar su forma de vivir: si se siente querido y valorado podrá rendir en el colegio, sus relaciones sociales serán muchas y buenas; del mismo modo, la falta de cariño le hará sentirse inseguro con sus amigos, bajar su rendimiento escolar y comportarse incorrectamente. Es importante, pues, darle abundantes muestras de afecto (tal vez ya no sea tan receptivo para los besos y abrazos como antes y prefiera los piropos o las frases positivas). Y es necesario que le atendamos. Ya sabemos que los niños buscan la atención paterna, y la conseguirán, si es necesario, con comportamientos indebidos, pudiendo llegar a convertirse en “el pegón”, “el malo” o “el payaso” de la familia o de la clase.

Alrededor de las 7 años, el niño experimentará un aquietamiento general, como si mirara al mundo con ojos nuevos. Se hará más razonable, menos caprichoso, más colaborador, más introvertido. Empieza un periodo de asimilación de la siembra aparentemente infructuosa que hemos realizado en la etapa anterior.

Conclusión

Comprender los cambios que experimentan los niños de seis años nos ayudará a reformular nuestras respuestas educativas. Siguen siendo niños pero empiezan a necesitarnos de una manera distinta. La nota técnica ha abordado distintos aspectos de su crecimiento y nos ha sugerido formas de intervención adecuadas a la situación de cambio en la que están inmersos.

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2 responses to this post.

  1. Ahora entiendo mas….crisis de los 6 años, en definitiva, vivimos en crisis!!!!

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  2. Posted by maria luz on 29/06/2012 at 22:29

    Muy bien saber como ayudar a los niños y comprender sus cambios mucas felicitaciones gracias

    Responder

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