Los padres frente a los trastornos alimenticios

La anorexia nerviosa es una enfermedad básicamente de la adolescencia, que pone en cuestión la organización familiar, a veces, hasta llega a destruirla así como el propio desarrollo del afectado o adolescente.

Una joven que antes no dio problemas a la familia inicia un proceso patológico de forma voluntaria con la intención de cambiar en lo personal, en la búsqueda de una mayor satisfacción consigo misma.

Las personas con este trastorno se niegan a mantener su cuerpo con un peso situado dentro de los límites de la normalidad, tienen mucho miedo de ganar peso o de llegar a ser obesas y están exageradamente preocupadas por su figura. Además, la valoración que hacen de sí mismas como personas viene determinada por la opinión sobre su cuerpo.

La persona que experimenta dificultades para alimentarse sufre, en general, no solamente de hacer sufrir, sino de que su sufrimiento sea motivo de reproche. Si todo síntoma quiere decir algo que no sabe decirse de otra manera, el síntoma anoréxico es paradójico, ya que la anorexia se afirma en el borramiento. Es necesario ver en esta afirmación un programa para sobrevivir, una estrategia de resistencia al sufrimiento, antes que una auténtica voluntad de morir.

Aun esquelético, el anoréxico se encuentra a sí mismo demasiado gordo. Como si ella o él molestaran, como si ella o él, apenas existente, tuviera temor de no ser amable, es decir digno de ser amado. Teniendo ganas de amarse para existir, soporta mal la imagen, o detalles de la imagen, que el espejo le reenvía.”

Los TAC se han convertido en un auténtico problema de salud pública, cuya prevalencia ha crecido en los últimos años, principalmente entre las mujeres adolescentes y los jóvenes de uno u otro sexo. También entre los niños. “Uno de cada cinco jóvenes está en riesgo de padecerlos. La anorexia nerviosa está ligada al sexo femenino de manera rotunda: un 90-95% de las personas afectadas son mujeres y la edad suele estar entre los 12 y los 25 años, y es más frecuente entre los 12 y los 17.

Su origen es complejo, en él se conjugan varios factores: psicológicos, fisiológicos y sociales que fomentan la obsesión por la pérdida de peso y perpetúan un círculo vicioso”.

Un círculo que, desgraciadamente, se ‘rompe’ con la muerte de un número nada despreciable de chicas y chicos. “La anorexia es ya la primera enfermedad psiquiátrica infanto-juvenil que más fallecimientos provoca por encima, incluso, del abuso de drogas”.

Hay una frágil frontera entre el autoritarismo y la permisividad, ya que los niños y niñas que se crían sin límites pueden ser más vulnerables a sufrir los TAC, pero también problemas de abusos de drogas, además de otras conductas de riesgo.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha clasificado la anorexia y la bulimia como trastornos mentales y del comportamiento.

Causas socioculturales e individuales

  • Factores socioculturales: Hay una presión importante de la sociedad que induce a los jóvenes a estar delgados y esbeltos. Los medios de comunicación, especialmente la televisión, venden la idea de que estar delgado va asociado a felicidad, éxito laboral, éxito en las relaciones sociales y una mejor calidad de vida. ¿Cómo se asocian estos objetivos con la disminución de peso?. La imagen que dan los anuncios publicitarios y las series irreales de televisión sobre la mujer es de “superwoman”: tiene que tener un cuerpo perfecto, una carrera profesional perfecta, un matrimonio perfecto y ser la madre ideal. Todo ello, ligado con la asociación de que este “éxito” es por estar delgado, lleva a algunas mujeres a iniciar dietas restrictivas que pueden derivar en una enfermedad de carácter alimentario.
  • Factores individuales: Aunque no puede predecirse quien se verá afectado por esta enfermedad y quien no, hay unos rasgos característicos de las personas que la sufren.
    • Problemas para ser autónomo. Algunas personas no son capaces de “funcionar” sin el apoyo de su familia o de alguna persona que los sirva de modelo. Así, situaciones como cambios de colegio, de trabajo, de pareja… pueden llevar a una pérdida de autonomía que a veces se compensa mediante un control excesivo de la dieta.
    • Miedo a madurar. La mayoría de personas desarrollan estos trastornos durante la adolescencia. Ésta es una época de numerosos cambios sexuales, físicos, emocionales y de maduración. Durante la adolescencia el pensamiento es abstracto, idealizado y radical y eso implica un temor a convertirse en adultos.
    • Déficits de autoestima. La autoestima puede definirse como el conjunto de ideas que se tiene sobre uno mismo. Las mujeres presentan con más frecuencia niveles bajos de autoestima, que suelen ir asociados a la aprobación de los demás y a la apariencia externa. Esto va ligado al peso y la figura, es decir a la alimentación.
    • Perfeccionismo y autocontrol. Las personas que sufren trastornos alimenticios piensan que quien no sea perfecto no llegará nunca a ser alguien. Creen que una manera de conseguirlo es tratar con rigidez a su cuerpo.

Conductas de Riesgo

Las conductas de riesgo son las que si se hacen con una cierta regularidad pueden acabar con la aparición de una anorexia o bulimia nerviosa. Si se observan algunas de estas conductas en algún familiar o compañero hay que advertirle del riesgo de sufrir anorexia o bulimia.

  • Negación a mantener un peso igual o superior al valor mínimo que corresponde a su edad y altura.
  • Modificar las costumbres alimenticias.
  • Seguir dietas restrictivas.
  • Reducir la cantidad de comer.
  • Saltarse las comidas.
  • Evitar de manera continuada tomar ciertos alimentos (por ejemplo, dulces).
  • Consumir productos bajos en calorías o ricos en fibra.
  • Usar diuréticos y abusar de laxantes.
  • Hacer ejercicio físico para perder peso.
  • Vomitar.
  • Presencia de atracones en las últimas semanas.
  • Preocuparse de manera excesiva y frecuente por el cuerpo o la figura.
  • Pesarse con frecuencia.
  • Mostrar un interés exagerado por la publicidad sobre productos para adelgazar.
  • Se vuelven cada vez más introvetidos y más aislados de toda la vida social.
  • Juzgar su vida bajo la visión de la imagen personal, la belleza, el triunfo …
  • Concentración en los estudios pero con más dificultades que antes.
  • Comer sola.

Signos fisiológicos

  • Pérdida importante de peso, y afirmar que se está gordo aunque se está delgado.
  • Palidez, caída del cabello, sensación de frío, dedos azules.
  • Debilidad y mareos.
  • Irregularidades y pérdida de la menstruación.
  • Estreñimiento.
  • Cambios de actitud
  • Cambios de carácter (irritabilidad, ira…).
  • Sentimientos depresivos, inseguridad con respecto a su capacidad.
  • Sentimientos de culpa por haber comido o haber dejado de hacerlo.
  • Agresividad, tristeza y aislamiento de la familia y amigos.

Sentimientos comunes:

  • La mayoría de las anoréxicas dice la verdad, especialmente cuando logran sentirse entendidas. En bulimaréxicas ( alternan bulimia y anorexia) y bulímicas cuesta más, pero se consigue.
  • Las pacientes tienen serios problemas para recordar y expresar con palabras su malestar. Así como a nivel físico la actividad metabólica se reduce a un mínimo, los procesos mentales también se hacen más difíciles.
  • Entre las anoréxicas es más frecuente la alexitimia o incapacidad para darse cuenta de sus emociones. No las reconocen y funcionan en un nivel más primario de sensaciones, incluso tienen dificultad para reconocer sensaciones de hambre, sed, fatiga y deseo sexual.
  • Amor, enamoramiento, odio, envidia y competencia son palabras alejadas de su contenido emocional, lo que supone una labor durísima para que el psicoterapeuta pueda aproximar a la paciente a su significado.
  • La anhedonia o impedimento para disfrutar y sentir placer, una de la “prohibiciones de la religión anoréxica “, les hace extremadamente difícil definir qué es lo que quieren, qué les gusta, quién les interesa.

La familia frente a la anorexia

El primer espejo ha sido la mirada maternal y el rostro que reenvía esa mirada. Puede ser admirativo o posesivo. Puede ser frío, indiferente, devorante, exterminador. El segundo es el padre, que se presenta reconfortante o ausente o desinteresado. Tal vez un niño que no se soporta sintió que su presencia era mal soportada. Lo que le fue demandado, lo que se esperaba de él, lo perturba o no corresponde a lo que él cree ser.

En algunos casos, la enfermedad se instala después de un régimen de adelgazamiento. El régimen no es la causa sino el disparador de lo que ya venía gestándose. En realidad, la anorexia puede instalarse mucho antes de todo régimen para adelgazar: los bebés pueden ser anoréxicos. El síntoma en el bebé puede entenderse aún más claramente como demanda de ser escuchado. El síntoma surge en un momento en que el bebé siente que no puede seguir amando, porque no se siente amado. Se instala un sufrimiento desconocido, no reconocido, y los cuidados maternos son sentidos como si no le concernieran.

Es totalmente incorrecto afirmar que las familias son la causa de un trastorno alimenticio. No obstante, determinadas características familiares, junto con factores individuales de la persona enferma y factores sociales pueden predisponer a una persona a sufrir este tipo de trastorno.

Factores de predisposición familiares:

  • Modelo de dinámica familiar: clima tenso, agresivo, distante, escasamente afectuoso, sobrepr= otector, poca comunicación.
  • Altas expectativas familiares.
  • Madres sobreprotectoras.
  • Cambios de roles familiares.
  • Preocupación excesiva por el peso y las dietas del padre o la madre.
  • Obesidad de algún miembro de la familia.

La familia de una adolescente anoréxicas funcionan como si sus miembros pudieran leerse la mente unos a otros y adivinar lo que piensan. Están obsesionados por los altos rendimientos, se comunican de forma muy limitada y fracasan en reconocer la individualidad en la infancia de la anorexia.

En la interacción familiar existen cinco aspectos presentes que distorsionan el funcionamiento global:

  1. Sobreimplicación : es una fina red de relaciones, como una telaraña en la que los diferentes miembros de la familia son muy sensibles unos con otros. A menudo infieren estados de ánimo y necesidades de los demás, descuidando sus propios intereses por el bien de todos. Se usa poco la crítica. La sobreimplicación puede ser adecuada entre padres y niños muy pequeños, pero no entre esposos, entre padres y adolescentes y entre éstos y los adultos.
  2. Sobreprotección: es un tipo de relación en el que se sacrifica la autonomía y predominan las interacciones características de la infancia. Es frecuente una gran sensación de vulnerabilidad en familias sobreprotectoras con sus hermanos y padres y, éstos con ella.
  3. Rigidez: en situaciones de conflicto o crisis de desarrollo normales puede observarse como la familia no sabe reaccionar y utiliza repetidas veces e ineficazmente un escasísimo número de recursos. Al enfrentar a la paciente anoréxica a éstas lo hacen como si fuera una niña pequeña con una pataleta.
  4. Dificultad para afrontar situaciones problemáticas: las familias con una hija anoréxica, tienen enormes problemas para saber llevar y afrontar situaciones de contrariedad o conflicto. Uno de los que discuten abandona antes de tiempo y es reemplazado por otro que pretende hacer las paces, aunque no le corresponde hacerlo. Como no se resuelven las cosas, se desarrolla un prolongado estado de tensión y malestar. Estas características se refuerzan entre ellas, creando una organización muy frágil e inútil para hacer frente a la anorexia.
  5. Implicación de la enferma en el conflicto de los padres: la incapacidad para resolver conflictos de la familia, y especialmente de la pareja parental, termina envolviendo a la paciente quien, a través de su sintomatología, sirve de pretexto para todo. Para unirse o pelearse y mantener de esa forma íntegra la familia.

Para el tratamiento de estas enfermedades es indispensable contar con la colaboración de la familia. El camino que conduce a comprender esta enfermedad es siempre largo y doloroso, y es necesario para poder ayudar a curarla .

Los llamados grupos de padres ayudan a la familia de los enfermos a comprender la enfermedad de sus hijas, gracias a compartir sus experiencias con otras personas con la misma situación. Al principio, los padres buscan información sobre la enfermedad de las hijas y piden soluciones a determinadas conductas; los otros padres pueden ayudar con sus experiencias. El objetivo básico de estos grupos es formar a los padres para que sean elementos terapéuticos

La terapia familiar es hoy una de las indicaciones más eficientes, especialmente en los cuadros incompletos de Anorexia nerviosa de inicio temprano. Se inicia con la evaluación de la familia y el establecimiento de un compromiso terapéutico, centrado casi siempre en la sintomatología anoréxica y la recuperación nutricional, para pasar posteriormente al trabajo sobre el desarrollo psicosocial de la paciente y los conflictos familiares no resueltos.

La terapia familiar es extremadamente útil en cuadros de desarrollo precoz en adolescentes, o de carácter leve, aunque pocas veces como única alternativa terapéutica. La utilizamos al principio del tratamiento como un elemento facilitador.

En el caso de la Bulimia hay tres peculiaridades más:

  1. Aislamiento
  2. Preocupación por las apariencias
  3. Extremado interés por la comida y la alimentación.

Hay tres tipos de familias en los que puede haber una bulimia nerviosa:

  1. La perfecta.
  2. La sobreprotectora.
  3. La caótica

Los tres tipos con problemas de límites, una atadura inusual al peso y la apariencia y niveles extremos de poder paternal.

Los síntomas bulímicos en la familia perfecta pueden ser considerados como una señal de protesta y hostilidad, y en la caótica como una autodestrucción, una búsqueda de afecto o un esfuerzo de desentenderse o aislarse de los conflictos familiares.

Comparando anoréxicas y bulímicas, entienden el acto de comer, la restricción, como un empeño en autoafirmarse y separarse de una madre demasiado involucrada e intrusa y los atracos de comida como un intento de evitar la empatía y la disforia de una madre desvalorizada.

Las enfermas bulímicas ven su familia como un grupo conflictivo y desorganizado, incapaz de dar cariño y cuidar, y en el que son frecuentes la hostilidad y la inexpresividad.

Hay que ayudar a los padres a pensar críticamente sobre ellos mismos sin necesidad de culpar constantemente a la publicidad y a la sociedad. Ir más allá de la conducta, especialmente alimenticia, y reconocer algunos elementos de su hija como propios de la adolescencia o del adulto joven y recordar algunas características de ella que le han acompañado desde la infancia a las que no se prestó atención o parecen olvidadas.

La prevención desde la familia y la compañía a lo largo del tratamiento es fundamental. Los padres deben prestar especial atención a la alimentación de sus hijos; valorarlos sin tener en cuenta su peso y reforzar su autoestima en ese y en otros tantos aspectos; y ayudarles a desarrollar un sentido crítico respecto de la delgadez y la obesidad.

¿Cómo puede ayudar la familia?

  • La familia tiene que evitar temas de conversación relacionados con la comida, el aspecto físico de la paciente o la salud de la misma. Son temas que se tratan en el grupo terapéutico.
  • Los padres son las personas que deciden los menús diarios, deben abstenerse de preguntar al paciente su opinión sobre este tema.
  • Ignorar los comentarios o protestas de la paciente, respecto a cantidades o contenidos antes, durante y después de las comidas.
  • Procurar variar los menús, para que la paciente esté mejor nutrida y evitar que pueda acogerse a determinados alimentos que pueda llegar a ritualizar.
  • Si existen diferencias de opinión entre los miembros de la familia (respecto al trastorno), discutirlos fuera de la presencia del paciente, o posponerlo para plantearlos en el grupo terapéutico de familias o ante su terapeuta.

Cada día, las familias observan una serie de comportamientos inadecuados en los pacientes con desórdenes alimentarios. Intentan que dejen de ser agresivos, impulsivos u obsesivos. Sin embargo, estas conductas incrementan a la vez que la enfermedad se agrave. A veces se sorprenden al ver buen comportamiento y tratan de “ andar a puntillas” para no estropearlo y desean que sigan así por mucho tiempo.

La familia puede participar activamente en la modificación de las conductas problema de sus hijos y ayudarles a transformarlas por otras más deseables. Ellas mantienen y agravan la enfermedad. Además existe la necesidad de un nuevo repertorio comportamental que les permita salir adelante:

  • Ayudando a extinguir conductas.
  • Potenciando conductas mediante el refuerzo , el premio y la repetición.
  • Tranquilizar a la paciente y explicarle que son normales las molestias (prominencia gástrica, hinchazón facial, sudoración y otras de carácter transitorio) y la tensión psicológica que aparecen por los cambios fisiológicos que surgen consecutivos a la realimentación. Pronto se normalizarán.
  • Antes de las comidas suele estar agobiada , tensa y de mal humor. Es necesario distraerla, trasmitirle seguridad y confianza.
  • Otro miembro de la familia podría entretenerla a través de algún juego u otro pasatiempo para que esté relajada mientras la madre pone la mesa.
  • Acompañarla durante las comidas y no agobiarla, así le daremos mayor seguridad.
  • Ayudarla a fijar los límites para que no tome menos pero tampoco más comida.
  • Mientras come, hablar con ella, evitar aquellos temas de naturaleza obsesiva. Ayudarle a la adquisición de hábitos y horarios, éstos la tranquilizarán enormemente. Ella busca seguridad y tiene miedo al descontrol.
  • Persuadirla para que no vaya a la cocina, así evitarás que se agobie, controle nocivamente sus comidas o se dé atracones. Algunas madres ponen cerradura a su cocina y es recomendable que no tengan ningún tipo de alimento en los demás ambientes de la casa.
  • Ganarse la confianza de la paciente y evitar engañarla, recuerda que ella desea curarse. Mantener una actitud uniforme. La familia debe estar coordinada para hacer que las comidas sean amenas. Eviten las contradicciones mutuas.
  • Recordad que los hábitos de comida de la familia sirven como patrones de referencia a la paciente.
  • La familia debe actuar con tranquilidad y, hasta cierto punto con indiferencia a sus gestos y provocaciones.
  • Después de las comidas es conveniente que las que tienen riesgo de vomitar no vayan al cuarto de baño hasta una o dos horas . En este tiempo deben hacer sobremesa, guardar reposo o participar en alguna actividad entretenida, excluyendo los ejercicios físicos.
  • Evitar las suspicacias y la actitud persecutoria. Recuerda que necesitas acompañarla y no vigilarla.
  • Si descubres que ha escondido comida, ha tenido un atracón o ha vomitado, no la reproches ni pienses que lo está haciendo mal. Toma tus previsiones para el futuro.
  • No te desesperes por las quejas de la paciente, cuando se tranquilizan disminuyen sus molestias.
  • Debe tomar la comida caliente o a temperatura ambiente, en vez de fría.
  • La comida sólida es más satisfactoria que la líquida.
  • Si lo precisa, la dieta debe incrementarse gradualmente y debe ser de contenido variado.
  • Si es bulímica, no debe comer deprisa ni devorar o emgullir. Debe partir en trozos pequeños, masticar y saborear la comida suficientemente.
  • Si es anoréxica y come muy despacio, debe comer más deprisa, no tirar o esconder las comidas y no hacer trozos muy pequeños.
  • Que comiendo normalmente puede estar delgada.
  • Si tiene problemas de estreñimiento debe añadir frutas, vegetales y fibras a su ingesta. Que evite los laxantes, a menos que sea indispensable y el médico lo indique.

Como ayudarle a evitar los vómitos, laxantes y diuréticos

La mayoría de los pacientes anoréxicos y bulímicos, en algún momento de su enfermedad abusan de los vómitos, laxantes y diuréticos. Los descubren y utilizan con un método de control de peso. Suelen llegar a ello cuando sienten que las dietas no cumplen el efecto deseado, cuando los atracones continúan o cuando están comiendo para coger mucho peso. Están más allá de su conducta y suelen tornarse en impulsivas e irresistibles.

  •  Empieza por organizar los horarios de comida, los volúmenes controlados y la compañía de otra persona mientras come. Que haga reposo después de cada comida. Que haga un registro de la frecuencia de vómitos en una semana y luego se proponga disminuir uno a uno, así semana a semana.
  • Abusan de laxantes o diuréticos con la idea de controlar el peso.
  • Si ha tomado laxantes y diuréticos por mucho tiempo, debe observar que al parar súbitamente, el cuerpo retiene más líquido y puede producir hinchazón.
  • Es mejor que disminuya el uso gradualmente.
  • Los laxantes alteran la motilidad del tubo digestivo y los diuréticos extraen innecesariamente los líquidos corporales provocando diversa sintomatología física.
  • La persona puede hacerse dependiente, así como de la droga, del abuso.
  • A pesar de disminuir gradualmente los laxantes y diuréticos por algún tiempo , estará propensa a desarrollar edemas. Si estos son de extremidades inferiores debe poner las piernas en alto. Que espere, al deshinchar adquirirá su peso real.
  • Si le cuesta disminuir, no importa que mantenga la misma frecuencia. Si ha tenido un atracón extra, que intente conservar la comida y no la arroje.
  • Si ha tenido una recaída y desconfía de sí misma, que vuelva a la meta anterior.
  • El retraso del vómito incrementará la ansiedad, debe intentar distraerse (llamar por teléfono, salir a pasear, etc. ).
  • La próxima semana que intente retrasar, progresivamente los vómitos.
  • Si vomita, siempre a continuación de la comida, podría intentar retrasar el vómito.
  • Es mejor ir hacia un modesto objetivo y conseguirlo que tener demasiadas ambiciones.

¿Cómo ayudar a una persona con anorexia o bulimia?

Es importante ser honesto, directo y comprensivo. Siéntate y explica exactamente lo que has notado, sin ahorrar detalles. Dile a la persona que estás realmente preocupado por lo que pasa. Dile que te importa y que te gustaría ayudarle. Puedes decir, “me parece que quizás tengas un desorden alimenticio o problemas con la comida”. No la acuses, condenes ni le hagas confesar. Apóyale, pero no intentes ser su terapeuta.

Sugiere ayuda profesional. La mayoría de la gente responde mejor a las opciones. Puedes ofrecerle algunas: ¿Porqué no llamas a Alabente? “Podrías obtener más información en un grupo de ayuda mutua”, o “Podrías pedir hora al dietista”. Ofrécete a acompañarle para obtener ayuda.

Si se resiste a ser ayudado o niega el problema, es posible que no esté preparado para admitir que tiene un problema de anorexia o bulimia. No le ayudes a negarlo con tu silencio. Habla de las cosas que observas y que te preocupan. No puedes obligarle a buscar ayuda. Sin embargo, puedes indicarle a dónde puede dirigirse o llamar para pedir información; puedes incluso sugerir que empiece por hacerse un examen médico. Reafírmale que estás dispuesto a hablar del problema, pero sólo si quiere y en el momento que considere oportuno. No te pelees con él /ella por el tema de la comida o del peso.

Los amigos bien intencionados, los compañeros de habitación y los miembros de la familia tienden a implicarse demasiado en los problemas de la persona con anorexia o bulimia. Recuerda que los trastornos alimenticios se centran en temas de control y si intentas controlar a la persona enferma, siempre ganará. No intentes manipularla con sobornos, recompensas, castigos o culpabilidad. Ninguna de estas tácticas funciona. El apoyo es la clave.

Tanto si la persona está en tratamiento como si no, no cometas el error de intentar cambiar su comportamiento. Que sea ella quién lo haga. Es la única que puede cambiarlo. El cambio no será de la noche a la mañana. Si te implicas en exceso, puedes enfadarte y acaba quemándote.

Esto es todo lo que puede hacer un amigo, aunque sea frustrante. Sólo no podrás conseguir que la persona se cure y no debes asumir esa responsabilidad tú sólo.

Si consigues que la persona se responsabilice de su comportamiento mientras la tratas con dignidad y comprensión, es mucho más probable que ésta busque ayuda e inicie el cambio.

Los no de los padres

  • NO sentirse culpable. No hay padres perfectos, pero sí bien intencionados.
  • El problema que has enfrentado es muy difícil de sobrellevar y has actuado intuitivamente.
  • Los problemas familiares son solo una parte en la historia de un trastorno de la ingesta, y además en cualquier caso lo pasado es pasado. Lo importante es saber lo que puedes aportar para ayudar a tu hija.
  • NO permitir que la comida sea un arma
  • NO permitir que tu preocupación por el problema de tu hija le reste atención a tu matrimonio y a tus otros hijos. Hacer que el trastorno alimentario sea el centro de atención refuerza y prolonga el problema.
  • Es diferente darle atención a la conducta que darle atención a la enfermedad en sí misma. Por ello, debes buscar ayuda para ella y para la familia.
  • NO compadecer a tu hija. Demuéstrale comprensión, pero no la sobreprotejas. Necesita la oportunidad de ser responsable e independiente.
  • NO permitas que sea ella quien dictamine horarios y actividades de la familia.
  • NO intercambies roles con tu hija.
  • NO dejarse manipular.
  • NO la acuses, condenes o reclames, ella no se enfermó por gusto, podrá ser responsable de su recuperación después de que tú le brindes el espacio terapéutico apropiado.

Los sí de los padres

  • Demostrar a través de actos y de palabras que se la quiere y se la respeta, pero asegurándose de que entienda que tu vida también es importante.
  • Darle la oportunidad de tomar responsabilidades en la medida que esté preparada (sin presionar prematuramente).
  • Combatir el perfeccionismo.
  • Tratar de ser paciente y tomar cada día como se presenta.
  • Recuperarse de un trastorno de la ingesta lleva mucho tiempo, si pones toda la concentración en el día que ella esté recuperada, el tiempo te parecerá aún más largo.
  • Reconocer y respetar sus ideas e ideales aunque difieran de los tuyos. Hablar con ella acerca de las diferencias, pero tratándola como a un adulto con el que se cambian impresiones.
  • Buscar apoyo en tu pareja o en un familiar o amigo cercano. Es bueno poder hablar con alguien de la preocupación o de los sentimientos que acarrea el hecho de tener a una hija presa de un T.C.A.
  • Los padres deben mostrarse unidos.

Los No de la enferma

  • No a comer en aislamiento
  • No a contar calorías
  • No a la obsesión por estar a dieta
  • No al perfeccionismo y autoexigencia exagerada
  • No a la comida, al cuerpo y a las calorías como tema de conversación
  • No al uso de diuréticos, laxantes, o pastillas para adelgazar
  • No a edulcorantes
  • No al ayuno
  • No a la restricción alimenticia
  • No a pesarnos obsesivamente
  • No alabar a las mujeres delgadas
  • No valorar a los otros por su aspecto físico
  • No hacer ningún comentario sobre la apariencia física, incluido el peso, de las personas.

Los Si de la enferma

  • Si a un proyecto de vida saludable
  • Si a la comida como acto social
  • Si al respeto mutuo, a la colaboración a la integración social
  • Si al compromiso mutuo
  • Si a los límites
  • Si al diálogo y a la comunicación
  • Si al respeto de la familia
  • Si al buen modo a la cordialidad
  • Si al buen humor
  • Si a la productividad y creatividad
  • Si al orden y cuidado de nuestro cuarto y de los espacios comunes de la casa
  • Si a la puntualidad
  • Si al progreso
  • Si a la comida en familia
  • Si a la sobremesa
  • Si a la constancia y al esfuerzo diario
  • Si a comer con responsabilidad e información
  • Si respetar nuestro peso saludable
  • Si a pedir ayuda si estás enferma

Tratamiento

La anorexia nerviosa debe afrontarse desde dos frentes: por un lado es indispensable inducir a la paciente a alimentarse y a recuperar el peso perdido, y por otro hay que resolver, mediante un eficaz programa de psicoterapia, los problemas psicológicos propios de la enferma y de sus relaciones con los demás miembros de la familia.

La estrategia terapéutica es bastante ecléctica y, más que de indicaciones exactas, consta de sugerencias de sentido común que, si se siguen con firmeza, pueden ofrecer óptimos resultados en estas pacientes realmente difíciles. Uno de los primeros objetivos que se han de perseguir en el tratamiento de la anorexia nerviosa es convencer a los padres de la naturaleza y de las probables causas de la enfermedad, tanto si la joven paciente va ser tratada en su domicilio como si resulta indispensable su hospitalización. Todo esto supone un cambio radical de actitud por parte de los padres, que en primer lugar tendrán que renunciar a cualquier intento de forzar su hija a comer.

La enferma tiene una extenuante y continua lucha contra todos aquellos que se preocupan por su adelgazamiento y se empeñan en que la chica se decida a comer. La comprensión por parte de los padres y el consiguiente respeto por la personalidad, aunque alterada, de la paciente es el primer paso hacia un acerca miento más directo a la situación.

La anorexia nerviosa se debe afrontar desde dos frentes estrechamente relacionados entre sí: por un lado es necesario conseguir que la joven paciente se alimente y recupere poco a poco el peso perdido y por otro, es esencial que se dé cuenta paulatinamente de que el negarse a alimentarse no es más que un rechazo a la idea de crecer.

La estrategia terapéutica contempla una explicación clara a la paciente de la gravedad de la situación y de los peligros, inclusofa tales, que supondría una ulterior pérdida de peso. Se debe sobre todo procurar que la enferma se dé cuenta de que nadie quiere aumentar su peso por encima del mínimo indispensable; si la obesidad es la principal preocupación de la anoréxica, no menos preocupación debe suponer para quien la trata un sobrepeso que no resultaría de ninguna utilidad.

En los casos en los que sea necesaria la hospitalización, se considerará que el tratamiento ha concluido satisfactoriamente y que la paciente se encuentra ya en condiciones de abandonar la clínica sólo cuan do se hayan conseguido algunos resultados de incremento de peso. Las condiciones de hospitalización deben ser totalmente normales y el personal médico y auxiliar debe de mostrar continuamente una actitud atenta y de respeto hacia la paciente.

El control de peso debe naturalmente realizarse diariamente: es la única forma de comprobar que la paciente está realmente comiendo los alimentos que se le ofrecen a diario.

Muchas son en efecto las estratagemas a las que recurren las anoréxicas para no ganar peso; aparte del vómito y de la eliminación de los alimentos en el cuarto de baño, es también frecuente la hiperactividad física, destinada a perder esas calorías que, muy a su pesar, se han visto obligadas a ganar. Asimismo se falsean también los controles de peso mediante la ingestión de grandes cantidades de agua pocas horas antes de la pesada. No obstante, si los controles periódicos de peso no muestran una mejoría, una buena medida puede ser la administración de un vaso de líquido de alto valor calórico 3-4 veces al día, coincidiendo con tos horarios de administración normal de las demás medicinas a las de más pacientes. Cuando la vida de la paciente se halle en peligro, se debe recurrir a la alimentación forzada mediante sonda nasal.

La recuperación de peso no debe ser, sin embargo, el único objetivo de la terapia. Muchas pacientes se someten a la nutrición impuesta sólo para alcanzar el peso necesario para abandonar la clínica, pero una vez fuera vuelven a sus restricciones.

El éxito pleno depende de la psicoterapia y puede considerarse totalmente consolidado cuando la paciente demuestre que ha recuperado una valoración normal de la imagen de su cuerpo. Por otro lado, el tratamiento habrá llegado a su fin cuando los padres hayan comprendido el aspecto negativo de su comportamiento, en el largo periodo anterior a la manifestación de los conflictos psíquicos en forma de anorexia nerviosa, y hayan aprendido a llevar de forma distinta las relaciones con su hija. En ese momento la paciente empezará a verse como realmente es, anormalmente delgada, y desarrollará un deseo normal de cambiar.

La importancia de la familia a la hora de desencadenar y de favorecer el desarrollo de una anorexia nerviosa está totalmente comprobada y se ha definido ya el modelo psicológico de esta familia.

Las madres de las chicas anoréxicas tienen en general un temperamento ansioso y al mismo tiempo muy ambicioso; llegan a menudo a utilizar a sus hijas como me dio de revalorización narcisista de sí mismas. El interés por el aspecto físico de la niña es en estos casos excesivo desde la más tierna infancia. Este tipo de madres son hiperprotectoras, teniendo serias dificultades para sentir y satisfacer las necesidades propias de la hija y manifestando una tendencia continua y persistente a con fundir sus propias vivencias con las de su hija.

El padre suele ser cordial y jovial, al menos aparentemente, y a menudo permisivo pero aislado en el ámbito de la familia, interviniendo poco y rara vez en las principales decisiones de ésta.

La madre es el elemento guía de la familia; el padre posee una autoridad prácticamente simbólica y casi siempre es utilizado por la madre para dar fuerza a decisiones tomadas sólo por ella. La pareja demuestra aparentemente una unión satisfactoria, pero a menudo sólo superficial y exterior. En realidad, la relación dista mucho de ser equilibrada y ambos padres presentan aspectos neuróticos en su carácter: una profunda inseguridad e insatisfacción interior, enmascarada por una actitud autoritaria y posesiva en el caso de la madre, y un estado de depresión en el caso del padre. Los hermanos, en general, han demostrado siempre cierto distanciamiento afectivo y material con respecto a la hermana anoréxica, frente a la cual tienden luego a asumir una actitud acusatoria o indiferente.

La familia siempre tiene que dar apoyo al equipo médico. Su desconfianza es muy negativa para el enfermo. La familia tiene que colaborar y solicitar a los profesionales aclaraciones sobre el desarrollo del tratamiento y en qué pueden ayudar.

La ayuda de los grupos de ayuda mutua (GAM) con padres y familiares sirve para que comprendan la enfermedad de sus hijas y puedan ayudarlas a superarla.

Alteraciones hormonales en la anorexia nerviosa

En esta enfermedad se pueden registrar ciertas anomalías endocrinas, que, no obstante, deben considerarse una consecuencia del estado de desnutrición y no su causa.

  • Amenorrea. El cese de la menstruación es un signo que se presenta de forma casi constante en la anorexia nerviosa y en muchos otros estados caracterizados por malnutrición y depresión de las funciones orgánicas; no obstante, en la anorexia nerviosa la amenorrea puede aparecer incluso antes del comienzo de la pérdida de peso y ser el primer síntoma de la enfermedad.
  • Función suprarrenal: En la anorexia nerviosa existe una concentración plasmática normal dé cortisol, hormona producida por las suprarrenales, pero la eliminación a través de la orina de sus catabolitos es reducida. En algunas pacientes que presentan estados de agitación o depresión, se puede observar además una acentuada sensibilidad de las suprarrenales al estímulo de la ACTH (hormona adrenocorticotropa).
  • Función tiroidea. Los niveles de tiroxina en sangre (T4) y de triyodotironina (T3) son más bajos de lo normal. La concentración plasmática de TSH, la hormona hipofisaria que estimula de forma específica la glándula tiroides, es normal.

Cuestionario para la detección de transtornos de la alimentación en sus hijos

  • ¿Su hija cambia su estado de ánimo cuando está frente a un plato de comida?
  • ¿Niega sentare a la mesa con toda la familia en los horarios habituales?
  • ¿Ha perdido peso en los últimos meses?
  • ¿Ha tenido cambios de peso significativos?
  • ¿Ha tenido irregularidades en la menstruación, incluyendo la ausencia del periodo menstrual?
  • ¿Va frecuentemente al baño después de comer?
  • ¿Se consumen más alimentos de lo normal y le falta comida del refrigerador?
  • ¿Era buena alumna y últimamente ha bajado su rendimiento?
  • ¿Ha descuidado su aspecto físico?
  • ¿Va al gimnasio de manera obsesiva?

Si hay cosas que no le cuadran, si su hijo está raro y usted sospecha que la comida tiene algo que ver, hable con él. No se asuste si sus sospechas se confirman ni se mortifique dando mil y una vueltas a la cabeza intentando averiguar en qué han fallado; ni usted ni su familia son culpables de esta situación. Pero mantenga la calma pues las actitudes y decisiones que se adopten a partir de ahora son muy importantes. Las amenazas no sirven de nada pero tampoco consentirle demasiado ni tratarle como un niño. Lo que tiene que hacer es tranquilizarle y recordarle que va a estar a su lado en todo momento. Es un problema que se puede solucionar y lo van a hacer juntos.

Ahora más que nunca deben buscar la atención profesional idónea. En el centro de salud recibirán la ayuda que necesitan. Su médico de atención primaria o su pediatra le derivarán a un especialista para que le diagnostique y le prescriba el tratamiento más adecuado, un tratamiento que va a estar en manos de varios profesionales sanitarios y en el que la participación del área de salud mental es fundamental.

También existen grupos de ayuda mutua que le orientarán a encauzar el problema, tanto a usted como a su hijo enfermo. En ellos compartirán experiencias, aprenderán a manejarse con la enfermedad y se sentirán apoyados y comprendidos. ADANER es una de estas asociaciones de afectados y familiares. Puede ponerse en contacto con ella en el teléfono 91 577 02 61 o a través del e-mail: info@adaner.org

Conceptos básicos de alimentación

Una alimentación equilibrada y saludable es aquélla que hace posible que la persona tenga un buen estado de salud que le permita hacer o desarrollar sus actividades diarias y cotidianas de manera normal, que permita cubrir todas sus necesidades nutritivas.

La alimentación equilibrada tiene que cumplir los siguientes requisitos:

  • La ración diaria de alimento tiene que aportar los Nutrientes energéticos necesarios para que el organismo funcione correctamente, de lo contrario podrían aparecer síntomas como el cansancio, la falta de concentración, irritabilidad, etc.
  • Es preciso comer una gran variedad de alimentos en cantidad suficiente y de manera equilibrada para poder cubrir el aporte necesario de glúcidos y lípidos, proteínas y vitaminas así como de elementos minerales y agua.
  • Comer suficientes alimentos que contengan harina o fécula y un poco de fibra.
  • Es recomendable comer poco a poco y masticar bien.
  • Comer un primer plato, segundo plato y postre.
  • No saltarse ninguna comida.
  • Es importante mantener un peso estable ya que es signo de equilibrio nutritivo.
  • Y recordar sobre todo… QUE COMER Y BEBER CORRECTAMENTE FORMAN PARTE DE LA ALEGRÍA DE VIVIR.
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