Los padres frente al botellón

El consumo de alcohol ha crecido de forma espectacular entre los adolescentes y jóvenes españoles en las últimas décadas, hasta convertirse en una conducta ampliamente generalizada entre estos grupos. De hecho, salir con los amigos/as y tomar copas son las actividades que más practican los jóvenes en sus momentos de ocio durante el fin de semana. Cada fin de semana cientos de miles de adolescentes y jóvenes, de todos los grupos sociales ocupan las calles y los espacios públicos en un ritual que se prolonga hasta altas horas de la madrugada, ante la mirada indiferente o resignada del resto de ciudadanos que han acabado considerando estas escenas como algo natural.

Ante esta situación cabe hacerse algunas preguntas:

  • ¿Por qué los jóvenes consumen alcohol como lo hacen?
  • ¿Que ha ocurrido en la sociedad española para que los hábitos de ocio de los jóvenes hayan sufrido una transformación tan profunda en los últimos años?
  • ¿Como han podido los consumos de alcohol y otras drogas convertirse en una actividad central en el ocio de los adolescentes?
  • ¿Ha cambiado tanto la mentalidad de los padres, sus valores y normas, para que éstos acaben aceptando que sus hijos/as adolescentes estén hasta altas horas de la madrugada los fines de semana ingiriendo alcohol y posiblemente drogas?
  • Y, quizás la más importante, ¿que pueden hacer los padres antes una moda que parece inundar la cultura juvenil?

¿Cómo y cuánto beben?

El consumo de bebidas alcohólicas, que ha sido siempre una conducta bastante extendida entre los varones adultos, sufrió una importante expansión a aprtir de los años 80 con la incorporación de los nuevos grupos de consumidores como son las mujeres y los adolescentes, que hasta entonces se habían mantenido al margen de éste . De este modo el uso de alcohol creció notablemente en nuestro país, comenzando a tener una presencia muy importante en colectivos que, como los adolescentes y jóvenes, son muy vulnerables a sus efectos.

Inicialmente el consumo del alcohol y de otras drogas que realizaban los jóvenes se enmarcaban en las nuevas corrientes culturales que aparecieron en Europa, de manera que el uso de estas sustancias se limitaba a determinados grupos juveniles que participaban de la “movida”, para quienes los consumos actuaban como una forma de expresión de la identidad grupal, de identificación con determinados valores sociales o de rechazo de orden social establecido. Pero la situación ha cambiado radicalmente en la última década, hasta convertirse en un fenómeno de masas. Los consumos de alcohol han dejado de ser exclusivos de un determinado grupo social, generalizándose entre los jóvenes de la Comunidad de Madrid, como lo confirma el hecho de que casi uno de cada tres estudiante de secundaria de 14 a 18 años hayan consumido alguna vez bebidas alcohólicas y que el 40% beba normalmente los fines de semana.

El problema radica no sólo en que el consumo de alcohol esté muy extendido, sino en que el abuso del mismo en el fin de semana sea una conducta relativamente frecuente entre los adolescentes.

El consumo de bebidas alcohólicas entre los jóvenes tiene unas características peculiares, entre las que destacan:

  • Los consumos se concentran en el fin de semana y principalmente durante la noche.
  • Se realizan en grupo y en espacios o lugares públicos (en calles, bares, pubs o discotecas).
  • Se ingieren importantes cantidades de alcohol en un corto período de tiempo buscando deliberadamente “pillar el punto”, cuando no directamente emborracharse.
  • El consumo se compatibiliza con el desarrollo de las actividades habituales de su edad ( estudiar, trabajar, etc.).

Para muchos adolescentes y jóvenes el horario de la fiesta se ha ido prolongando hasta romper el límite de la madrugada, incrementándose el tiempo dedicado a ingerir mayores cantidades de alcohol. Basta un dato para ilustrar este fenómeno: casi la mitad de los estudiantes de secundaria de 14 a 18 años (41,5%) regresan a casa los fines de semana a partir de las dos de la madrugada y el 13% lo hace a la mañana siguiente.

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¿Por qué consumen alcohol los adolescentes y jóvenes?

Cuando se les pregunta a los adolescentes y jóvenes las razones por las cuales consumen alcohol se obtienen respuestas como éstas:

  • Porque les gusta el sabor
  • Por diversión o placer.
  • Para olvidar los problemas personales.
  • Para sentir emociones nuevas.
  • Para superar la timidez o los problemas para relacionarse con los demás

Resulta evidente que el consumo de alcohol se asocia mayoritariamente con motivaciones de carácter lúdico, con la diversión y con los procesos de integración y aceptación en el grupo. Pero existe un importante número de adolescentes que afirma beber para evadirse de los problemas o superar las dificultades para relacionarse con los demás, motivaciones que nada tienen que ver con la fiesta.

Ante estas respuestas muchos padres se preguntarán ¿que problemas tienen nuestros hijos si no les falta de nada? Quizás se sorprendan al conocer que uno de cada tres estudiantes de secundaria (36%) afirma sentirse bastante o muy agobiado y en tensión con cierta frecuencia, y que, aproximadamente, uno de cada cuatro (26%) tiene la sensación de no poder superar sus dificultades con bastante o mucha frecuencia o que un porcentaje similar (23%) se siente bastante o muy insatisfecho con su vida.

La adolescencia ha sido siempre una etapa difícil en la evolución de las personas, un momento de transición, de búsqueda de la identidad personal, en la que se deja de ser niño y no se es todavía adulto, una etapa de inconformismo, de rechazo a muchas de las normas y los valores de los adultos, una etapa de constantes retos, en la que rápidamente se incorporan valores, hábitos de conducta y en la que se tienen que afrontar nuevas situaciones y responsabilidades.

Del análisis de los conflictos que los adolescentes mantiene con el entorno social y de sus necesidades personales surgen otras motivaciones más profundas que nos ayudan a explicar las razones por las cuales consumen alcohol:

  • El consumo de alcohol pasa a ser una forma de evasión: el fin de semana es el tiempo del verdadero ocio, de contraposición al resto de las tareas que se realizan con carácter obligatorio (estudiar, trabajar, etc.) y es vivido como un espacio de liberación del control que ejerce la familia o la escuela, en el cual el consumo de alcohol contribuye a evadirse de las responsabilidades y obligaciones cotidianas.
  • El consumo del alcohol actúa como un elemento de integración grupal: muchos adolescentes beben porque lo hacen los demás miembros del grupo. En la adolescencia el grupo tiene una gran importancia como espacio de socialización (en él se interiorizan valores, se incorporan hábitos, se aprende a relacionarse con los demás, etc.).
  • El consumo de alcohol en las noches de los fines de semana, rodeados de otros jóvenes, facilita el distanciamiento del mundo de los adultos: los jóvenes necesitan de espacios propios de encuentro con otros jóvenes (cuanto más mejor) y la ocupación de la calle en los fines de semana y el ritual del “botellón” les sirve para delimitar que ese es su “territorio” y que en él los adultos no tienen cabida.
  • El alcohol actúa como desinhibidor: ayudando a las personas más tímidas y retraídas a relacionarse con sus iguales. Los jóvenes tienen una serie de necesidades que cubrir (relacionarse y comunicarse con los demás, expresar sus sentimientos y afectos, desarrollar su sexualidad, etc.) y creen que el alcohol puede ayudarles a satisfacerlas.
  • El consumo de alcohol se ha convertido en un aspecto clave de la cultura de ocio de los jóvenes, en un fenómeno de moda: la ingesta de bebidas alcohólicas con una finalidad recreativa tiene una importante dimensión económica y ha pasado a ocupar una posición relevante en las ofertas de ocio juvenil (cerca del 60% del dinero para gastos personales que reciben los jóvenes se destina al consumo de alcohol). No salir de madrugada, no beber, puede significar para muchos adolescentes estar al margen de lo que se lleva.

La importancia del ocio en la satisfacción de las necesidades personales

Para los adolescentes la ocupación del ocio en el fin de semana tiene una gran importancia, puesto que es en ese espacio en el que se refuerza el sentido de pertenencia e identidad grupal y en el que se satisfacen diversas necesidades personales (relaciones afectivas, establecimiento de la identidad personal y social, etc.). También es un espacio en el que, de una manera natural, se socializan los jóvenes, motivo por el cual es muy importante facilitarles espacios de ocio en los cuales puedan, junto a otros jóvenes, satisfacer sus necesidades sin tener que recurrir al consumo de alcohol y otras drogas o de realizar conductas poco saludables.

Con frecuencia los padres se preocupan mucho de los aspectos más formales de la educación de los hijos (los estudios, la alimentación, la salud, etc.), pero ¿educamos a los hijos para que realicen actividades saludables y gratificantes en su tiempo de ocio?. En este sentido hay que tener en cuenta que el tiempo dedicado al ocio es un espacio de educación informal muy importante, al que también los padres deben prestar atención, puesto que en él se interiorizan normas, se transmiten valores y actitudes, se fomentan determinadas capacidades y se practican actividades que puedan contribuir al desarrollo físico, intelectual, afectivo y social de los hijos.

La posición de los padres.

La posición de los padres frente a los consumos de alcohol de los hijos/as lleva implícita habitualmente numerosas contradicciones:

  • Un alto porcentaje de padres son bebedores: lo que les limita para abordar de forma coherente los riesgos inherentes al consumo de alcohol.
  • Existe en general una actitud social tolerante frente a la ingesta de bebidas alcohólicas: muchos padres piensan que el consumo de alcohol no acarrea demasiados problemas (“todos hemos bebido de jóvenes y no nos ha pasado nada”). A muchos padres no les preocupa tanto que sus hijos/as beban o que se emborrachen, como algunos efectos asociados (las peleas, los accidentes, etc.). De hecho sólo una minoría de los adolescentes (20%) percibe una actitud por parte de sus padres de prohibición absoluta de consumir alcohol.
  • Hay cierta tendencia a pensar que los problemas los tienen o los provocan los otros: “mi hijo/a es un buen chico/a, no hay nada de malo en que se divierta. Lo malo es cuando se junta tanta gente”.
  • La presión social y las modas también influyen en los padres: en ocasiones los padres temen imponer normas que hagan a sus hijos diferentes (“no me parece bien lo que hace, pero como salen todos sus amigos/as no quiero que parezca un bicho raro”) o que les hagan aparecer a ellos como personas autoritarias.
  • Muestran una actitud permisiva ante su falta de decisión para afrontar el problema: ” que tengan los que nosotros no tuvimos (libertad, dinero, etc.), no hay nada de malo en que se diviertan”. Los padres son muchas veces conscientes de los problemas que tanto a nivel social como doméstico provoca la cultura del “botellón”, pero se dicen que al fin y al cabo son sus propios hijos y que difícilmente pueden ejercer presión social para buscar una solución al fenómeno si no están en condiciones de manejar el problema en su propia casa.
  • Muchos padres son conscientes que no les dedican a sus hijos el tiempo suficiente para interesarse por su vida cotidiana: e intentan suplirlo con otro tipo de atenciones (dinero, excesiva flexibilidad en las normas, etc.).
  • Algunos padres delegan su responsabilidad en la educación de sus hijos: y exigen a otras instituciones (la escuela, la policía, etc.) que resuelvan el problema. Padres, que se muestran incapaces de imponer un horario razonable a sus hijos cuando salen de casa o de evitar que tomen bebidas alcohólicas, pretenden que el ayuntamiento o la policía controlen un fenómeno de masas como el “botellón”.
  • Existe una importante crisis en los modelos educativos, de manera que muchos padres no saben cómo educar a sus hijos: el modelo en el que fueron educados por sus padres les parece inadecuado por su carácter autoritario, mientras que se debaten entre un estilo educativo democrático (todo se decide entre todos, la opinión de los hijos tiene el mismo peso que la de los padres) o el “dejar hacer” (caracterizado por la ausencia de normas).

Estas contradicciones que afectan a los padres son el fruto de los profundos e intensos cambios que ha sufrido la sociedad española. Los padres están sometidos a muchas de las contradicciones y tensiones que viven sus propios hijos y con cierta frecuencia se sienten desorientados acerca de cómo actuar, pero cabe preguntarse : ¿no estaremos contribuyendo desde la pasividad a legitimar algunas conductas muy poco saludables en nuestros hijos?

Sobre el oficio de ser padres

No existe un único modelo o estilo educativo, sino que cada familia utiliza unos mecanismos a través de los cuales se resuelvan las situaciones de la vida cotidiana. Los estilos educativos paternos tienen una gran influencia en las relaciones que se establecen entre los diferentes miembros de la familia, influyendo en la capacidad de los hijos para madurar adecuadamente, afectando a sus niveles de autonomía personal y a su capacidad para poder tomar decisiones eficaces ante los problemas que se les pueden plantear.

Habitualmente se diferencia tres grandes modelos educativos:

  • El modelo autoritario: caracterizado por la imposición de las norams rígidas por parte de los padres, por el constante control de las actividades de los hijos y por el uso frecuente de los castigos cuando las normas no se cumplen. Este estilo educativo se asocia con la falta de diálogo y comunicación y con un clima familiar tenso, con escasas manifestaciones de afectividad entre los miembros de la familia e importantes carencias en la maduración personal de sus hijos, que no están habituados a expresar y defender sus opiniones o a tomar decisiones por sí mismos.
  • El modelo “dejar hacer”: caracterizado por la falta de sistematización y coherencia en las normas y organización familiar, por la ausencia de normas y pautas de conducta y de un apoyo y seguimiento sistemático de los hijos. Los padres se muestran incapaces de responder a los retos de la vida cotidiana y de la educación de los hijos. La inseguridad y la incertidumbre dominan las relaciones familiares.
  • El modelo de apoyo: caracterizado por la existencia de una actitud sensible hacia las necesidades cambiantes de los hijos en sus diferentes etapas y normas que regulen la convivencia que han sido dialogadas con los hijos. Se utiliza más el refuerzo y la motivación que el castigo. El clima familiar es relajado, con diálogo y muestras de afectividad entre los miembros. Este modelo favorece la asunción de responsabilidades propias por los hijos y potencia aptitudes para que puedan afrontar problemas cotidianos.

Pero debe tenerse en cuenta que, incluso cuando se mantiene un estilo educativo basado en el diálogo y apoyo a los hijos, es imprescindible que los padres asuman la autoridad que tienen sobre ellos, aunque ésta se entienda más desde el acompañamiento que desde la imposición.

Los padres deben tener muy presente que educar lleva implícito poner límites. de hecho, los hijos demandan o esperan de los padres que actúen como tales, que fijen normas, pautas que orienten sus vidas por más que, como es natural, se encarguen de discutirlas o de intentar transgredirlas.

Por definición, el ejercicio de la autoridad paterna lleva implícita las críticas y los desacuerdos continuos con los hijos. Las decisiones adoptadas por los padres serán cuestionadas sistemáticamente por los hijos. Es por tanto necesario, además de armarse de paciencia, no olvidar que en la familia cada persona tiene un rol diferente, y que a los padres les corresponde actuar como tales (por más que algunas de sus decisiones no sean muy populares o bien acogidas) y a los hijos actuar como hijos (mostrando rebeldía, intentando cuestionar o modificar las normas, queriendo experimentar nuevas sensaciones a la vez que desean la protección y la seguridad familiar, siendo en suma cambiantes, contradictorios y, a su manera, buena gente)

De hecho la ausencia de roles claros y de normas familiares, suelen ser una fuente habitual de numerosos problemas familiares y sociales.

Debemos saber que, aunque no lo expresan, los adolescentes esperan de los padres nque actúen como tales, puesto que discusiones y conflictos aparte, la existencia de ciertas normas y pautas de actuación les da seguridad y facilita su adaptación social.

¿Qué pueden hacer los padres para prevenir el uso y el abuso del alcohol?

Los padres pueden llevar a cabo diversas acciones para mejorar la educación de sus hijos, y por tanto ayudarán a prevenir el uso y/o abuso de drogas, entre las que se incluyen:

  • Mantener una buena relación afectiva con los hijos y transmitirles sentimientos de aceptación en la familia. Los afectos son muy importantes en nuestras vidas, sentirnos queridos y apoyados contribuirá de forma importante a nuestra estabilidad emocional, en especial en etapas como la adolescencia donde se acentúan las inseguridades y los temores. Los hijos necesitan sentirse queridos y aceptados porque eso les hace sentirse más seguros de sí mismos, por ello hay que procurar siempre que sea posible mostrar cercanía a los hijos, manifestando emociones e interesándonos por las de ellos “te veo triste, ¿te pasa algo?” y expresando nuestro afecto (con un beso, una caricia, una palmada en el hombro o con palabras). Los hijos deben percibir que los padres están a su lado, que pueden expresarles sus dudas, opiniones, deseos y temores. Debemos interesarnos por la marcha de sus actividades cotidianas y estar atentos a los problemas que les surjan, aunque no nos parezcan importantes.
  • Estimular la autoestima y la autoconfianza de los hijos, su capacidad para que establezcan su propia identidad personal y para que la valoren y acepten. Un adolescente con una alta autoestima se sentirá más feliz y seguro de poder alcanzar metas que se proponga, siendo menos dependiente de la influencia que puedan ejercer sobre él otras personas. Para conseguirlo es importante evitar juzgar a nuestros hijos “eres un inútil”, compararles con otros “tu hermano si que es listo”, ridiculizarles, insultarles, amenazarles o elogiarles en exceso. Siempre que pueda fomente su seguridad en sí mismos, haciéndoles saber que cada vez están mejor preparados, que se encuentran en mejores condiciones para superar con éxito los retos que se les vayan planteando y, por supuesto, valorando los progresos que realicen.
  • Desarrollar ciertas capacidades y habilidades personales y sociales en nuestros hijos. Educar es en gran medida capacitar a los hijos, facilitarles recursos, para que puedan afrontar de manera eficaz las situaciones de la vida cotidiana. Muchas de estas capacidades o habilidades personales y sociales son fundamentales en la prevención de los consumos de drogas:
    • Enseñe a sus hijos a manejar el estrés y las presiones a las que puedan ser sometidos.
    • Enséñeles a resistir la frustración, a que no siempre podemos tener o conseguir lo que queremos, aunque con esfuerzo quizás sea posible lograrlo más tarde.
    • Favorezca su autonomía y libertad personal, enseñándoles a controlar y manejar la presión que pueden ejercer sobre ellos los amigos o la publicidad.
    • Enseñe a sus hijos a establecer y mantener relaciones con otras personas, a que se comuniquen y relacionen con amigos.
    • Facilíteles que aprendan a tomar decisiones, a que identifiquen todas las opciones posibles y las ventajas e inconvenientes de cada una, en un corto y largo plazo, antes de tomar una decisión.
  • Dialogar y comunicarse con los hijos, conocerles y saber cuáles son sus necesidades. Mantenga una comunicación abierta y fluida con sus hijos, acostúmbreles a hablar con el resto de la familia de sus vivencias, preocupaciones o problemas cotidianos. La comunicación, además de facilitar las relaciones familiares, contribuye a la socialización de sus integrantes. En la familia se suscitan situaciones similares a las que cada uno de sus miembros deben hacer frente, en su trabajo, en el instituto o en el grupo de amigos, sirviendo como campo de entrenamiento para que los hijos aprendan a verbalizar sus opiniones, para que perciban e incorporen ciertos valores (la amistad, la solidaridad, el respeto a los otros, etc.) y actitudes antes aspectos de su vida.
  • Informar y sensibilizar a sus hijos sobre las drogas y los efectos asociados al consumo. Las fuentes por las cuales los jóvenes obtienen información sobre las drogas y los efectos asociados no son siempre las más adecuadas, por ello los padre, junto con los profesores, deben asumir la responsabilidad de transmitir a sus hijos una información objetiva sobre las mismas que, evitando alarmismos injustificados, permita conocer los efectos y problemas asociados a su uso, así como las razones que hacen desaconsejable el mismo. No es necesario ser un experto en drogodependencias para poder hablar con los hijos de los problemas que comporta el consumo de alcohol. La información que faciliten a sus hijos debe ser objetiva y cierta, clara y adaptada a las necesidades de su edad
  • Convertirse en un modelo de salud para sus hijos. Los padres tienen una enorme influencia sobre los hábitos de los hijos, por eso es muy importante que se conviertan en modelos de salud para ellos, desarrollando aquellas conductas que desearían potenciar en sus hijos. Debemos mantener coherencia entre los valores y las pautas de conducta que intentamos transmitir a nuestros hijos y nuestro propio comportamiento. Evidentemente los padres serán mejores modelos en la medida en que prediquen con el ejemplo.
  • Potenciando valores sociales positivos. Algunos valores sociales como la hipercompetitividad, el individualismo, el hedonismo o el consumismo actúan como elementos facilitadores o inductores de los consumos de drogas. Por ello la familia debe colaboraren la transmisión de valores como la libertad, el respeto a los demás, la solidaridad, la superación personal, etc., que además debe contribuir al adecuado crecimiento personal de los hijos, actúan previniendo el consumo de drogas. Esta tarea no siempre resulta sencilla para los padres, puesto que la publicidad y el entorno social potencian con frecuencia valores contrarios. Debemos tener en cuenta que la transmisión de valores a los hijos no sólo se realiza mediante la verbalización o comunicación de los mismos, sino a través de la observación o imitación de las actuaciones cotidianas de los padres.
  • Establecer normas adecuadas que regulen la vida familiar. A los padres les corresponde fijar normas que regulen la vida familiar y la conducta de los hijos, indicando qué tareas deben realizar (Estudiar, colaborar en las tareas domesticas. etc.) y marcando límites que impidan ciertos comportamientos. Las normas que establezcan los padres deben ser razonables, realistas, adaptadas a la edad y las características de los hijos, claras, firmes y coherentes. Debe quedar claro que el respeto a las normas o su incumplimiento tendrá consecuencias en forma de premio o reconocimiento y de castigo. El tipo de normas y su grado de concreción variará en función de la edad y el grado de responsabilidad de nuestros hijos. A medida que nuestros hijos sean más responsables e independientes las normas deberán ser menos rígidas. Debe recordarse que aunque los padres son los que tienen la autoridad para fijar las normas, éstas serán mucho más eficaces si se razonan y explican a los hijos
  • Promover alternativas de ocio saludables. El ocio tiene una gran importancia en nuestras vidas, puesto que es el tiempo que dedicamos libremente a realizar una serie de actividades que nos resultan gratificantes. Los padres pueden favorecer que sus hijos utilicen adecuadamente su tiempo libre:
    • Estimulando el desarrollo de ciertas aficiones o hábitos (deportes, actividades artísticas o culturales,…)
    • Ayudándoles a programar su tiempo libre, realizando sugerencias de actividades que podrían llevar a cabo.
    • Actuando como modelos de ocio saludables (compartiendo con ellos alguna actividad de ocio)
    • Favoreciendo su participación en asociaciones juveniles, culturales, deportivas, ecológicas, etc. o proyectos al servicio de la comunidad.

Finalmente señalar que los padres deben evitar algunas conductas que no ayudan en absoluto a prevenir los consumos de alcohol y drogas:

  • Hablar sin escuchar sus opiniones y vivencias de los hijos
  • Ignorar o menospreciar sus problemas.
  • Adoptar actitudes excesivamente coactivas o autoritarias, que limiten en exceso la libertad de los hijos.
  • Evitar que el hogar familiar sea un espacio en constante tensión.
  • Hacer que dependan excesivamente de los padres para todo.
  • La existencia de contradicciones entre los padres respecto a cómo educar a los hijos (que uno adopte posiciones rígidas y el otro demasiado permisivas).

Sugerencias

Ofrecemos algunas sugerencias en relación con los hábitos de ocio y de consumo de alcohol a las que deben hacer frente los padres:

  • El manejo del dinero. En general para un adolescente o un joven el dinero asignado por sus padres para sus gastos personales, sea cual sea la cantidad, nunca será suficiente, puesto que por sus propias características pretenderá hacerlo todo o, influido por las modas y la publicidad, consumirlo todo. Es importante tener en cuenta que una parte importante de las asignaciones económicas que las familias dan a sus hijos, se destinan a la adquisición de bebidas alcohólicas y tabaco. Numerosos jóvenes reconocen que no consumen más alcohol porque no tienen más dinero. Las cantidades a asignar se deben establecer en base a los siguientes criterios básicos:
    • Las posibilidades económicas de la familia
    • El grado de cumplimiento de las normas y las obligaciones impuestas en la familia, de forma que, a mayor responsabilidad en el cumplimiento de las mismas, mayor será el importe y la libertad en la gestión de las asignaciones de los hijos. Con ello, se conseguiría que la “paga” sirviera para reforzar el cumplimiento de las normas y actuara facilitando una progresiva autonomía en el manejo del dinero.
    • Las actividades que realicen los adolescentes en sus ratos de ocio, deben ser conocidas por los padres, para que valoren si éstas son adecuadas y en su caso intentar satisfacerlas.
    • Saber si otros miembros de la familia (abuelos, tíos, etc.) les dan asignaciones complementarias, para pactar con ellos su importe y forma de canalizarlas (regalos en lugar de dinero).
    • En caso de que los padres sean conscientes de que parte de la asignación se destina al consumo de alcohol, se debe reducir la asignación, para así explicitar el rechazo de los padres a esta conducta, no hacerlo supondrá el mensaje de que se tolera o acepta dicho consumo.
    • No dejarse chantajear por el dinero que les den a sus amigos. Que otros padres o familiares les den mayor asignación no significa que sean mejores padres o eduquen mejor a sus hijos
  • Horario de regreso a casa. Establecer una hora de regreso a casa suele ser un motivo de discusión habitual entre padres e hijos. Es necesario que los padres establezcan horarios razonables de regreso a casa, negociados con los hijos cuando esto sea posible, adaptados a su edad, características y circunstancias. Los horarios deben ser estables, lo cual no impide que ante un acontecimiento singular puedan ser alterados (su cumpleaños, un concierto, etc.), pero sin dejar que esto se acabe convirtiendo en norma. Tampoco se debe caer en la trampa de que todos sus amigos/as llegan más tarde a casa, probablemente sea mentira. Deben ser perseverantes en el cumplimiento de la norma que regula la hora de regreso a casa y a mayor responsabilidad se ira flexibilizando progresivamente las normas, para que poco a poco nuestros hijos sean capaces de ser responsables de sus propias acciones y decisiones.
  • Es conveniente no beber ni fumar en presencia de los hijos. Los padres son el espejo en el que se miran los hijos, por lo que se debe predicar con el ejemplo.
  • Las contradicciones entre las posturas de los padres ante los consumos de alcohol y las actividades de ocio en el fin de semana. Los padres deben no deben contradecirse delante de los hijos, deben pactar unas normas y unas posturas comunes con anterioridad. Si loa hijos perciben la existencia de desacuerdos tendrán un pretexto muy útil para justificar el incumplimientos de las mismas.
  • Intentar hablar con los padres de sus amigos y establecer normas comunes para el grupo de amigos. De forma que se evitaran conflictos de horarios, asignaciones etc.
  • Hablar con sus hijos sobre los hábitos de ocio, de consumo de alcohol y otras drogas en su grupo de amigos. Hable con naturalidad del tema, tenga la seguridad de que sus hijos lo hacen con sus amigos, que es un tema presente de una manera u otra en su entorno y que perciben con relativa normalidad. No interrogue, no hable en un tono policial, lo que queremos es saber que hace el grupo de amigos en su tiempo de ocio, no acusar a nadie, además a estas edades el grupo es muy importante y la lealtad al mismo puede llevar a su hijo a no contarle toda la verdad, por ello debe adoptar una actitud abierta y pida su opinión sobre distintas sustancias, por qué cree que se consumen, etc., sin dramatismos. Elija los momentos adecuados para dialogar, utilice un lenguaje sencillo apoyado en ejemplos concretos y cercanos y haga hincapié en las ventajas de no consumir alcohol u otras drogas, en lugar de “sermonear” o repetir todos los problemas que produce el consumo de alcohol y drogas. Responda a las preguntas de su hijo con sinceridad y de forma que pueda entenderlo a su edad, características y circunstancias.

Para cualquier consulta o información:

Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid

Servicio de Información 24 horas (901.350.350)

http://www.madrid.org/sanidad

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One response to this post.

  1. Posted by Angel luis michel on 22/04/2013 at 11:19

    Gracias por la,información.

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