Archive for 30 abril 2011

Madrid examina a sus alumnos de 3º de la ESO

Más de 58.000 alumnos, de entre 14 y 15 años, que cursan 3º de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) en 792 centros madrileños públicos, concertados y privados se han sometido el 29 de abril  desde las diez de la mañana a las dos de la tarde, un examen extra que no tendrían si estudiaran en otras comunidades. Por cuarto año consecutivo, el Gobierno regional les realiza la Prueba de Conocimientos y Destrezas Indispensables, que evalúa el nivel en matemáticas y lengua de los escolares madrileños que el próximo curso pasarán a 4º de Secundaria. Al igual que la prueba que se implantó en Primaria hace siete años, la de 3º de la ESO es obligatoria pero no condiciona el paso de curso. Este año cobra interés porque los resultados serán claves para optar al nuevo Bachillerato de Excelencia. La nota media del año pasado fue de 5,32, casi un punto por encima de la de 2009 (4,59).

Según ha informado el Gobierno regional, el objetivo de esta prueba es comprobar el nivel de los alumnos que obtendrán el próximo año el título de Graduado en la ESO. La prueba de Lengua examina la destreza de los alumnos para comprender un cuento de Rubén Darío que apareció en el semanario El Imparcial en 1989. Los alumnos debían resumir Mis primeros versos y contestar a varias preguntas de comprensión lectora, morfología de las palabras y sintaxis de las frases. Para el dictado, los examinadores han repetido tres veces un fragmento de Las nueces de Ana María Matute para que los alumnos escucharan y tomaran nota. Tenían 90 minutos.

En matemáticas, los alumnos no se han librado de problemas con fracciones, porcentajes o geometría. Son 10 ejercicios y la resolución de dos problemas, para lo que los alumnos tenían también 90 minutos. “El 25% de cierto número es 2, ¿cuál es el número?” es uno de los más sencillos, pero ¿cuántos litros de agua caben en un depósito cilíndrico que mide tres metros de altura y tiene una base con dos metros de diámetros? A los 14-15 años, ya hay que saber estas cosas.

Las ventajas de una buena nota

Una vez corregidos, la Consejería de Educación,  entregará a los directores de los centros los resultados de cada uno de sus alumnos, con la puntuación media del colegio correspondiente y la media de toda la Comunidad. Las familias recibirán también las calificaciones de sus hijos antes de que acabe el curso. Al igual que la prueba que se realiza en Primaria, la de 3º de la ESO es orientativa y no condiciona el paso de curso. No obstante, quienes obtengan en la prueba una calificación media igual o superior a un seis (con ambas partes aprobadas) y que, además, el próximo curso consigan el título de la ESO en junio con todas las materias aprobadas con una nota igual o superior a un seis, recibirán un Diploma de Aprovechamiento al finalizar sus estudios obligatorios.

Además, quienes obtengan en la prueba una nota media igual o superior a siete (con ambas partes aprobadas), y también aprueben el próximo curso todas las asignaturas de 4º de la ESO con una nota igual o superior a 8, obtendrán el diploma de Mención Honorífica. Esta mención otorgará automáticamente el derecho a participar en las pruebas para optar a los Premios Extraordinarios de Secundaria, que reconocerán con un viaje a Roma y un cheque-regalo de 1.000 euros a los 25 mejores alumnos de la ESO. Asimismo, la Mención Honorífica es uno de los requisitos que marca la Consejería de Educación para acceder al nuevo Bachillerato de Excelencia que comenzará el próximo curso en la Comunidad a impartirse como prueba piloto en el IES San Mateo.

Según la Comunidad, los resultados permiten conocer en qué medida el actual currículo proporciona los conocimientos y destrezas para iniciar el 4º curso de la ESO con “garantías de éxito”. Asimismo, sirven tanto a la consejería como a los centros para reforzar a los alumnos que lo requieran y reorientar las actuaciones desarrolladas a lo largo de la etapa educativa. Los resultados de la última prueba, realizada en abril de 2010, revelaron que los alumnos madrileños de 3º de la ESO mantenían el buen nivel en Lengua y mejoraban notablemente en Matemáticas, respecto a los años anteriores.

La nota media del año pasado fue de 5,32, casi un punto por encima de la obtenida en 2009 (4,59). Esta mejora se debió principalmente a los resultados obtenidos en matemáticas, cuya nota media pasó de 3,81 en 2009 a 5,21 en 2010. Por primera vez en las tres evaluaciones realizadas hasta el momento, aprobaron en matemáticas más de la mitad de los alumnos (54,1%), mientras que el año anterior la cifra no llegó al 33%. En el apartado de lengua, seis de cada diez alumnos superaron la prueba y el porcentaje de aprobados ascendió del 60,5 por ciento al 62,1%. La nota media de Lengua, un 5,42, también es ligeramente superior a la obtenida el año anterior, 5,35.

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Los hábitos en casa y la influencia en el estudio

Es fundamental que el ambiente de la casa sea positivo para el niño. De lo contrario es difícil que el niño encuentre la motivación necesaria para estudiar. He aquí algunas causas de distorsión frecuente.

  1. El tipo de alimentación no ayuda a concentrarse al niño en los estudios. Estamos hablando del exceso de hiperactividad que provocan ciertos hábitos alimentarios: bebidas gaseosas y azucaradas, dulces, galletas, golosinas, chuches…. Hay que cuidar al máximo la alimentación para los niños que estudian. Evitar comidas pesadas, grasas o hidratos en exceso, etc.
  2. Los hábitos horarios de la casa. Los niños son esponjas que absorben todo -lo bueno y lo malo- siendo importante que vean en la casa un orden que les sirva de referencia. Si los hermanos mayores llegan tarde, se levantan tarde, comen a deshoras lo que pillan del frigorífico, hace ruidos a destiempo, ponen la TV o la música fuerte cuando el niño debe hacer los deberes… Todo esto contribuirá ha hacer más difícil la motivación y concentración en el estudio de los más pequeños.
  3. Las conversaciones de la familia. Los más pequeños siguen siendo esponjan. Aunque hablen menos, todo lo escuchan y todo lo procesan. Los valores de los padres y, muy especialmente de los hermanos mayores constituyen fuentes muy importantes para sus actitudes ante la vida (estudio, gustos, etc.). Un familia que en la mesa solo habla de fútbol, o de programas y series de TVsuperficiales, es muy difícil que motive a los niños hacia temas que más tarde tienen que encontrarse en un libro de matemáticas, lengua, historia, etc. Al final de algunas cenas, lo más pequeños sueñan con ser Messi o Raúl, pero difícilmente tienen motivación por algo que tenga que ver con sus estudios.
  4. El estudio y los premios. El binomio esfuerzo – premio debe reforzarse permanentemente. Los niños de hoy tienen acceso a un montón de juegos en las casas (ordenadores, Nintendo…) se les absorben y les desincentivan cualquier esfuerzo intelectual. Este, frente a los juegos, se convierte en una pesada carga muy difícil de soportar. El acceso a estos juegos debe ser una consecuencia. Esto es, jugar es el premio a un esfuerzo: estudiar con ganas y con resultados. Hacer como que estudio para después jugar no sirve para nada. Los padres y educadores deben comprobar a ciencia cierta que el niño ha estudiado y tras esto, que puedan acceder al premio. Premie a su hijo cada vez que se esfuerce.
  5. Vigilar los hábitos. Los buenos hábitos tardan mucho en formarse. Los padres deben estar muy atentos a que la formación de buenos hábitos de estudio se consolide… Y estar alerta: los malos hábitos pueden aparecer por cualquier esquina: un serial de TV cuyo protagonista escolar no estudia; un amigo nuevo en el cole, o una conversación con el hermano mayor…

Desde que son pequeñitos necesitan que nosotros les ayudemos a estudiar, y a medida que crecen más, aquí os mostramos algunas técnicas de estudio que les pueden ayudar.

Videojuegos. ¿Enemigos o aliados?

Son divertidos. Si se usan en justa medida producen placer y entretenimiento; si el chico juega demasiado y se aleja del mundo exterior y se olvida que tiene vida, entonces es malo, pero no por culpa de los videojuegos sino de la educación que demos a nuestros hijos.

Videojuegos: ni buenos ni malos

Hoy en día muchos niños ya no van a la calle a jugar, y se pasan el día jugando con la Nintendo, la Game Boy, etc. Muchos padres y muchos maestros y profesores no sabemos, tantas y tantas veces, en qué terreno nos movemos,  si jugar tanto a la play es bueno, si no será mejor que emplee el tiempo en otras cosas. El problema está en nosotros, en el uso que les damos a las máquinas, y no en las máquinas.

Los videojuegos, o  que nuestros hijos quieran una nueva DS, o  que solo quieran jugar a la play, o “al ordenador”, no deja de ser una oportunidad para educar, para intervenir, para acompañar.

Educar en cómo organizar los tiempos

Algunos padres se quejan de que los niños se pasan todo el día delante de la pantalla. Y de que eso no puede ser bueno. Tampoco era bueno, sobre todo para las rodillas, estar todo el día en la calle jugando al balón. Aquél comportamiento y este de nuestros hijos y alumnos, todo el día pegado a la pantallita, se parecen en una cosa, y es que el tiempo se les va, lo mismo que cuando nuestros partidos terminaban entrada la noche, sin que pudiéramos ver ni el balón ni la portería.

Y sin embargo, hay tiempo para todo. Hay un tiempo para jugar y un tiempo para estudiar. Un tiempo para estar con los amigos de clase en el patio de la escuela y un tiempo para hacer deberes. Un tiempo para la tele y un tiempo para hablar. Un tiempo para la PSP, que los padres tenemos que respetar, y un tiempo para ocupar en otras cosas, que nuestros hijos e hijas tienen que respetar.

Como en todo, lo de los videojuegos es cuestión de límites. Educar en valores está muy bien, pero antes hay que educar en rutinas, y una de ellas es la utilización del tiempo. Una tarea sencilla: que tengan claro antes de empezar con el videojuego cuánto tiempo pueden jugar.

Los procesos de socialización para educar en valores y habilidades

No solo hay que controlar el tiempo, sino también controlar el juego con el que están, lo que es y lo que implica. Hubo un tiempo en que los juegos eran una de las maneras en la que los padres educaban a los hijos. El balón, la cuerda o el tren eléctrico eran una especie de prolongación de su presencia. De niños, muchos de nosotros jugábamos con aquello que encerraba los valores de nuestros padres.

Ahora no. Con los videojuegos, más de lo que ha sido nunca, y como pasa con la tele, pueden irrumpir valores intrusos, haciendo que aquellos ocupen su propio espacio educativo, en el que no entran más que ellos y el niño. Un ejemplo: en la medida en que algunos juegos están pensados desde un imaginario masculino, dan valor al poder, la fuerza, la valentía, el dominio, el honor, la venganza, el desafío, el desprecio y el orgullo.

Si esto pasa, y si como padres no estamos de acuerdo con que pase, ello significa que el mercado ha tomado el relevo de los padres en el proceso de la socialización. Y eso no puede ser, porque es el mercado el que tiene que estar al servicio de la comunidad, y no al revés. Si tomáramos de nuevo las riendas que ahora tiene el mercado, recurriríamos a los videojuegos para que nos ayuden, buscando que encierran valores positivos. Según nos dicen los que saben de esto, muchos de ellos favorecen el desarrollo de determinadas habilidades de atención, de concentración, de resolución de problemas e incluso de creatividad.

Conclusión

Cómo se consiga llevar los videojuegos al terreno educativo depende en buena medida del modo de hacer las cosas. Hay modos – pasar el videojuego de la versión sangrienta a la versión “código de honor”- que no cambian nada. Y hay modos que sí cambian las cosas: juegas, pero no a este juego. Juegas, pero no a todas horas. Juegas, pero no cuando hay gente invitada en casa.

La motivación de aprender

Una de las quejas más frecuentes de los padres es: “Mi hij@ es un mal estudiante”, “A mi hij@ no le gusta estudiar”. Ser buen estudiante es algo que tranquiliza a los padres, porque piensan que si los estudios van bien, todo va bien. Esto no es del todo verdadero, porque la experiencia nos dice que muchos malos estudiantes acaban siendo personalidades triunfantes y excepcionales.

Sometamonos a una prueba semejante a la que soportan nuestros hijos o alumnos. Puesto que comprendemos la palabra “aprender”, tenemos que saber lo que significa. ¿Nos lo podríais explicar?. Pensar y aprender son experiencias maravillosas, que todos tenemos que disfrutar. Ser padres o ser docentes supone estar dispuestos a aprender siempre. 

Aprender es guardar en la memoria información o experiencias que van a determinar nuestra conducta futura. Aprendemos contínuamente sin darnos cuenta. También lo hacen los animales. La gran diferencia es que los seres humanos podemos decidir lo que queremos aprender, y la forma de lograrlo es ESTUDIANDO. Lo que deseamos es que nuestros hijos no se conformen con el aprendizaje pasivo de la experiencia, sino que deseen aprender más, que sean curiosos, exploradores, investigadores. A partir de ahí, estudiarán sin darse cuenta de que lo están haciendo. “Dad al niño el deseo de aprender y cualquier método será bueno”.

Los niños son curiosos y debemos fomentar esa curiosidad. ¿Habéis visto con qué atención observan a las hormigas o con qué insistencia os preguntan? ¿Para qué iban a preguntar si no quisieran aprender? Los problemas surgen al llegar a la escuela, porque entonces deben aprender cosas que los adultos consideramos imprescindibles, pero que resultan aburridas para ellos. ¿Cómo resolver este problema? En primer lugar, preguntando a los que lo han sabido resolver, es decir, a los niños que estudian. ¿Por qué lo hacen?

  • Porque les gusta, es decir, les encanta aprender.
  • Porque quieren tener contentos a su maestro y a sus padres.
  • Porque se dan cuenta de que progresan y disfrutan con ello.
  • Porque están acostumbrados a cumplir con su deber, y saben que estudiar es su obligación.
  • Porque sus amigos estudian.
  • Porque han adquirido el hábito de hacerlo.
  • Porque temen el castigo.
  • Porque estudiar no les exige demasiado esfuerzo.
  • Porque tienen una vaga idea de la utilidad para el futuro.
  • Porque reciben algún tipo de reconocimiento cuando sacan buenas notas.

Este es un buen decálogo que puede ayudarnos a hacer que nuestro niñ@ estudie. Los padres pueden hacer mucho para conseguirlo. No hace muchos años, en EEUU se comprobó que los alumnos de padres orientales obtenían una puntuación mayor en los test de inteligencia que los nativos estadounidenses. Al investigar la razón, se descubrió que los padres de inmigrantes orientales estaban más pendientes de los estudios de sus hijos, y les exigían más que los padres americanos, y eso influía no sólo en los resultados académicos, sino en los test de inteligencia.

Sin embargo, tenemos que admitir que la escuela tiene un papel también decisivo en el fomento de la motivación de estudiar. Una vez más se constata que es necesario que familias y escuela trabajen juntos.  Si motivais a vuestros os sentiréis vivos, realizados, capaces. Educar a un hijo es una estupenda oportunidad para desarrollaros vosotros.

Fracaso ¿Escolar o Familiar?

Ante un situación de fracaso escolar la familia debe adoptar un papel prioritario para la solución del mismo. Los padres deben aceptar y reconocer que el hijo tiene dificultades y demostrar que le quieren no por sus éxitos sino por él mismo. Deben colaborar con el colegio y sobre todo con el hijo, preocupándose por lo que hace en el centro y por los deberes diarios para casa.

El fracaso escolar es uno de los grandes problemas que están sacudiendo al Sistema Educativo en la actualidad. En nuestro país, uno de cada cuatro niños fracasa en sus estudios con las dificultades y consecuencias que esto conlleva. Cuando hablamos de fracaso escolar tenemos que tener en cuenta que cada uno de los integrantes del Sistema Educativo debemos asumir nuestra parte de culpa y responsabilidad en dicho problema. Además, las dos instituciones más importantes como son la Escuela y la Familia debemos trabajar y colaborar de forma unida para abordarlo e intentar darle la mejor solución posible.

Vamos a analizar el problema del fracaso escolar desde el punto de vista de las familias ya que éstas son una pieza clave y fundamental para afrontarlo y poder superarlo.

Hemos de tener bien presente que la actitud y conducta de los padres, las expectativas de éstos sobre la capacidad y logros del niño influye de una manera determinante en la creación de una imagen positiva o negativa del niño sobre el estudio. Hay que destacar que es realmente importante que elogiemos a los niños cuando hacen bien las cosas y no estar continuamente llamándoles la atención por lo que hacen mal. En general, solemos atender más las conductas negativas que las positivas y es necesario que empecemos a evitar esto para que el niño comprenda que realmente valoramos sus progresos y relativizamos sus “pequeños fracasos”.

Somos los padres también los que hemos de trabajar con los niños una serie de hábitos que son una vacuna preventiva frente al fracaso escolar. Dichos hábitos son el hábito de estudio y el hábito de la lectura.

Para fomentar el hábito de estudio es importantísimo que seamos los padres quienes propiciemos un verdadero clima de estudio en el hogar ayudando al niño a organizarse el tiempo de estudio, a prepararse el material, etc. Tenemos que procurar que empiece a estudiar siempre a la misma hora y en el mismo lugar evitando cualquier distracción que le impida trabajar con normalidad durante el tiempo de estudio.

Cuando hablamos de fracaso escolar solemos pensar en los alumnos torpes o “que les cuesta”, pero realmente son inteligentes lo que ocurre es que no rinden porque no saben aprovechar la capacidad que tienen. Es por ello que desde la familia tenemos que ofrecerle una serie de recursos y estrategias que le ayuden a desarrollar dicha capacidad. Empezar por fomentar un buen hábito de estudio ayudará que el niño se sienta motivado y atraído por el trabajo escolar. Además el niño tiene que comprobar en todo momento que los padres se preocupan por todo lo que rodea a su vida escolar a través del contacto diario con los profesores, la asistencia a las reuniones y actividades que se organizan en el centro educativo, etc. Los niños comprueban que hay un seguimiento y una supervisión porque realmente sus padres están preocupados por ellos.

Unido al hábito de estudio también deberíamos preocuparnos por fomentar el hábito lector ya que está demostrado que la escasez lectora provoca un bajo rendimiento académico pues no dominar de manera suficiente el lenguaje conlleva una serie de consecuencias. Aquí los padres estamos obligados a educar con el ejemplo pues un niño difícilmente leerá si en su casa sus padres no leen, es decir, no está rodeado de un ambiente lector. Pero, ¿quiero decir con esto que si los padres leen el niño leerá? Evidentemente no pero podremos aumentar la probabilidad de que esto suceda, que no es poco.

Además de todo esto, los padres tenemos que supervisar cuestiones tan importantes como la alimentación, las horas de sueño y descanso así como el tiempo de ocio de nuestros hijos. Son cuestiones de una gran importancia que inciden de manera directa en el rendimiento escolar del niño porque un niño con una alimentación desequilibrada y que encima no descansa las horas suficientes porque se acuesta tardísimo, ¿será capaz de rendir adecuadamente en su horario escolar? Evidentemente, no. Por eso es de vital importancia que todo esto lo vayamos trabajando con nuestros hijos desde que son bien pequeños para que vayan adquiriendo estos hábitos de manera natural.

Como vemos es mucha la responsabilidad que tenemos como padres a la hora de prevenir y abordar el fracaso escolar pero es importantísimo que sepamos afrontar este problema en equipo, por tanto es necesario que llevemos a cabo una colaboración estrecha y animosa con la escuela de nuestros hijos. Es mucho lo que está en juego.

La incidencia del paro en las familias

El paro es un drama que se vive cada vez más en mayor número de hogares. Es una situación dura ante la que los adultos suelen sentir ansiedad y temor, pero ¿qué sucede con los hijos? ¿Como se debe actuar? Perder un empleo puede tener repercusiones que van más allá del poder adquisitivo.

Aunque no es en absoluto una novedad, el problema del desempleo en el mundo desarrollado está alcanzando unas proporciones que hace apenas unos años era difícil imaginar. En España, según datos del Ministerio de Trabajo, en el último trimestre de 2010 se alcanzó una tasa de paro cercana al 20% (19,79%) superando los 4 millones de personas, y se prevé que durante este año aumente, por lo menos hasta el 20,4%.

No hace falta explicar el drama que supone para una persona y para su familia encontrarse en esta situación que, a veces, puede prolongarse en el tiempo. Es probable que la mayoría de nosotros conozcamos a alguien en nuestro entorno cercano que ha perdido el empleo y que ha tenido que reajustar su vida cotidiana a la nueva situación de una manera más o menos drástica. Es, sin duda, una situación dura ante la que los adultos suelen sentir ansiedad y temor, pero ¿qué sucede con los niños de estas familias? ¿Cómo podemos ayudarles a afrontar esta difícil situación y que pueda convertirse en una oportunidad de aprendizaje?

Hablar con los niños sobre lo que está pasando es un primer paso para proporcionarles seguridad y para ayudarles a adaptarse a la nueva situación. Independientemente de la edad que tenga, el niño apreciará que se le hable con honestidad aunque sin catastrofismo. Es importante también que se permita a los niños expresar sus sentimientos y sus dudas, y en el caso de que les cueste hacerlo, el estar atentos a los cambios en su comportamiento (falta de sueño, baja motivación y rendimiento escolar, aumento de la agresividad…) puede darnos un pista sobre cómo se están sintiendo. Para poder hablar con los niños es imprescindible que los padres tengan en cuenta sus propios sentimientos, y elegir un momento en el que les puedan transmitir seguridad y confianza.

A pesar de los cambios que sea necesario establecer en la vida cotidiana de la familia, es conveniente que los niños mantengan sus rutinas o que establezcan otras nuevas en el menor tiempo posible. Las rutinas les proporcionan seguridad al saber lo que pueden esperar a lo largo del día. Además, proporcionarle pequeñas responsabilidades acordes a su edad, les ayudará a aumentar su autoestima y a fortalecer los vínculos familiares. Aun así, no hay que olvidar que los niños siguen siendo niños, y que lo importante en esta etapa es que sigan teniendo el suficiente tiempo para jugar y para descansar.

Las dificultades económicas que atraviesa la familia pueden convertirse en una oportunidad para que los niños aprendan a valorar lo que tienen, a diferenciar entre las cosas que son necesarias y las que no lo son, y a educarles en una cultura del ahorro. Escribir juntos la lista de la compra, utilizar los servicios de las bibliotecas públicas, aprender a hacer juguetes con materiales que tengamos en casas, asociarse a bancos de tiempo, etc., son alguna de las cosas que podemos hacer para aprender y divertirnos juntos.

Familias asertivas, Familias felices

Al crecer en un hogar asertivo, los hijos adquieren una mayor autoconfianza y mejores relaciones familiares lo que sin duda marca una gran diferencia en su vida, en su estado emocional, en el desarrollo de su inteligencia e incluso en su salud física.

La asertividad tiene que ver con la necesidad de cuidarnos y protegernos unos a otros, con el deseo de generar confianza y proximidad a través de la comunicación y con el noble propósito de ofrecernos, como familia, pequeños o grandes momentos de felicidad.

Surge de la firme voluntad de contribuir al bien común a partir de mejorar la comunicación y la relación. En realidad, nace del profundo deseo de ofrecer a quienes nos rodean y construir entre todos un entorno progresivamente más cálido y acogedor. Un espacio de amor, de querer al otro como legítimo otro, o sea incondicionalmente y tal como es él, no como queremos que fuera o fuese.

Rescatar espacios de “DUETS” para tejer familias asertivas

Familias asertivas, familias felices. Es una actitud muy necesaria para el buen funcionamiento de las relaciones interpersonales y es cosa de dos, como mínimo. Para ello es recomendable rescatar espacios para propiciar el diálogo, mejor de dos en dos. A veces ese espacio será en el trayecto escolar, tal vez dejando un día de la semana para ir con un hijo, o con la pareja y realizar una actividad exclusivamente para los dos. Es en ese espacio neutral, donde puede surgir más fácilmente el diálogo y establecer una relación más sincera y abierta. Cuando las relaciones estén bien tejidas dos a dos, debemos de crear espacios y momentos para estar plenamente en familia. Planificar unas vacaciones ajustando gustos y necesidades puede ser un gran ejercicio asertivo. Poder decidir entre toda la familia, escuchando deseos, propuestas y escoger la mejor opción nos puede ayudar a ejercer la asertividad.

Primero crear un ambiente de escucha

Contrariamente a lo que a veces se cree, la asertividad implica generosidad y es inconcebible sin la empatía y la consideración hacia el otro. No se limita a hablar de mí, de mis sentimientos, deseos, opiniones y preferencias. Implica escuchar, conocer y considerar también los de quienes nos rodean, atender no sólo a los sentimientos que los otros desencadenan en nosotros con sus palabras y sus actos, sino también a los que nosotros desencadenamos en ellos. Encontrar las palabras y la entonación adecuadas es un poco más complejo. Hay que saber llegar al otro desde su mirada del mundo y desde su interpretación de la realidad. Escuchar sin juzgar, dejando su tiempo para que pueda llegar a expresar lo que sienta, sin empujarlo ni interpretarlo, sólo sintiéndolo.

Sentir y hablar de ello

Muchas veces sigue sorprendiendo que en las familias no se hable de lo que sentimos, como si el sentimiento fuera un tema intrapersonal y no socializable. La asertividad requiere una conexión empática con el otro, una sintonía interna que nos haga sentir reconocidos a ambos como legítimos tú. Cuantas más vivencias personales compartamos, cuanto más nos mostremos y demos a conocer lo que pensamos, lo que sentimos, lo que necesitamos, más completa puede ser la conexión y más intensa la sensación de sentirnos reconocidos. También nos resultará más fácil entender otras perspectivas distintas a la propia y alcanzar un mayor nivel de profundidad en las relaciones.

Ser una familia asertiva es fruto del día a día

Ser una familia asertiva se aprende experimentando, intentando, probando. Poco a poco se va ganando confianza, seguridad y se tiende a hacerlo más a menudo y de una manera más natural. Hasta que un día se descubre que forma parte de su bagaje familiar. Puede que toda la familia no llegue al mismo ritmo ni en el mismo momento a ser asertivo, pero si las raíces de la asertividad están bien fijadas en la familia, poco a poco irá dando sus frutos.

La relación entre asertividad y felicidad están estrechamente relacionadas desde el momento en que ambas tienen que ver con la calidad de las relaciones que mantenemos con quienes nos rodean. La asertividad hace referencia a la capacidad de comunicarnos de un modo honesto y respetuoso. Es la ternura invisible con la que envolvemos nuestras palabras y nuestros actos para favorecer una buena sintonía y un intercambio positivo con los otros. En cuanto a la felicidad, depende en buena medida de los vínculos afectivos que somos capaces de establecer con esos otros. Nuestra felicidad depende de la calidad de nuestras relaciones y la calidad de nuestras relaciones depende del grado de asertividad, afecto y empatía que seamos capaces de desarrollar. Familias asertivas, familias felices.