Familias asertivas, Familias felices

Al crecer en un hogar asertivo, los hijos adquieren una mayor autoconfianza y mejores relaciones familiares lo que sin duda marca una gran diferencia en su vida, en su estado emocional, en el desarrollo de su inteligencia e incluso en su salud física.

La asertividad tiene que ver con la necesidad de cuidarnos y protegernos unos a otros, con el deseo de generar confianza y proximidad a través de la comunicación y con el noble propósito de ofrecernos, como familia, pequeños o grandes momentos de felicidad.

Surge de la firme voluntad de contribuir al bien común a partir de mejorar la comunicación y la relación. En realidad, nace del profundo deseo de ofrecer a quienes nos rodean y construir entre todos un entorno progresivamente más cálido y acogedor. Un espacio de amor, de querer al otro como legítimo otro, o sea incondicionalmente y tal como es él, no como queremos que fuera o fuese.

Rescatar espacios de “DUETS” para tejer familias asertivas

Familias asertivas, familias felices. Es una actitud muy necesaria para el buen funcionamiento de las relaciones interpersonales y es cosa de dos, como mínimo. Para ello es recomendable rescatar espacios para propiciar el diálogo, mejor de dos en dos. A veces ese espacio será en el trayecto escolar, tal vez dejando un día de la semana para ir con un hijo, o con la pareja y realizar una actividad exclusivamente para los dos. Es en ese espacio neutral, donde puede surgir más fácilmente el diálogo y establecer una relación más sincera y abierta. Cuando las relaciones estén bien tejidas dos a dos, debemos de crear espacios y momentos para estar plenamente en familia. Planificar unas vacaciones ajustando gustos y necesidades puede ser un gran ejercicio asertivo. Poder decidir entre toda la familia, escuchando deseos, propuestas y escoger la mejor opción nos puede ayudar a ejercer la asertividad.

Primero crear un ambiente de escucha

Contrariamente a lo que a veces se cree, la asertividad implica generosidad y es inconcebible sin la empatía y la consideración hacia el otro. No se limita a hablar de mí, de mis sentimientos, deseos, opiniones y preferencias. Implica escuchar, conocer y considerar también los de quienes nos rodean, atender no sólo a los sentimientos que los otros desencadenan en nosotros con sus palabras y sus actos, sino también a los que nosotros desencadenamos en ellos. Encontrar las palabras y la entonación adecuadas es un poco más complejo. Hay que saber llegar al otro desde su mirada del mundo y desde su interpretación de la realidad. Escuchar sin juzgar, dejando su tiempo para que pueda llegar a expresar lo que sienta, sin empujarlo ni interpretarlo, sólo sintiéndolo.

Sentir y hablar de ello

Muchas veces sigue sorprendiendo que en las familias no se hable de lo que sentimos, como si el sentimiento fuera un tema intrapersonal y no socializable. La asertividad requiere una conexión empática con el otro, una sintonía interna que nos haga sentir reconocidos a ambos como legítimos tú. Cuantas más vivencias personales compartamos, cuanto más nos mostremos y demos a conocer lo que pensamos, lo que sentimos, lo que necesitamos, más completa puede ser la conexión y más intensa la sensación de sentirnos reconocidos. También nos resultará más fácil entender otras perspectivas distintas a la propia y alcanzar un mayor nivel de profundidad en las relaciones.

Ser una familia asertiva es fruto del día a día

Ser una familia asertiva se aprende experimentando, intentando, probando. Poco a poco se va ganando confianza, seguridad y se tiende a hacerlo más a menudo y de una manera más natural. Hasta que un día se descubre que forma parte de su bagaje familiar. Puede que toda la familia no llegue al mismo ritmo ni en el mismo momento a ser asertivo, pero si las raíces de la asertividad están bien fijadas en la familia, poco a poco irá dando sus frutos.

La relación entre asertividad y felicidad están estrechamente relacionadas desde el momento en que ambas tienen que ver con la calidad de las relaciones que mantenemos con quienes nos rodean. La asertividad hace referencia a la capacidad de comunicarnos de un modo honesto y respetuoso. Es la ternura invisible con la que envolvemos nuestras palabras y nuestros actos para favorecer una buena sintonía y un intercambio positivo con los otros. En cuanto a la felicidad, depende en buena medida de los vínculos afectivos que somos capaces de establecer con esos otros. Nuestra felicidad depende de la calidad de nuestras relaciones y la calidad de nuestras relaciones depende del grado de asertividad, afecto y empatía que seamos capaces de desarrollar. Familias asertivas, familias felices.

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