La incidencia del paro en las familias

El paro es un drama que se vive cada vez más en mayor número de hogares. Es una situación dura ante la que los adultos suelen sentir ansiedad y temor, pero ¿qué sucede con los hijos? ¿Como se debe actuar? Perder un empleo puede tener repercusiones que van más allá del poder adquisitivo.

Aunque no es en absoluto una novedad, el problema del desempleo en el mundo desarrollado está alcanzando unas proporciones que hace apenas unos años era difícil imaginar. En España, según datos del Ministerio de Trabajo, en el último trimestre de 2010 se alcanzó una tasa de paro cercana al 20% (19,79%) superando los 4 millones de personas, y se prevé que durante este año aumente, por lo menos hasta el 20,4%.

No hace falta explicar el drama que supone para una persona y para su familia encontrarse en esta situación que, a veces, puede prolongarse en el tiempo. Es probable que la mayoría de nosotros conozcamos a alguien en nuestro entorno cercano que ha perdido el empleo y que ha tenido que reajustar su vida cotidiana a la nueva situación de una manera más o menos drástica. Es, sin duda, una situación dura ante la que los adultos suelen sentir ansiedad y temor, pero ¿qué sucede con los niños de estas familias? ¿Cómo podemos ayudarles a afrontar esta difícil situación y que pueda convertirse en una oportunidad de aprendizaje?

Hablar con los niños sobre lo que está pasando es un primer paso para proporcionarles seguridad y para ayudarles a adaptarse a la nueva situación. Independientemente de la edad que tenga, el niño apreciará que se le hable con honestidad aunque sin catastrofismo. Es importante también que se permita a los niños expresar sus sentimientos y sus dudas, y en el caso de que les cueste hacerlo, el estar atentos a los cambios en su comportamiento (falta de sueño, baja motivación y rendimiento escolar, aumento de la agresividad…) puede darnos un pista sobre cómo se están sintiendo. Para poder hablar con los niños es imprescindible que los padres tengan en cuenta sus propios sentimientos, y elegir un momento en el que les puedan transmitir seguridad y confianza.

A pesar de los cambios que sea necesario establecer en la vida cotidiana de la familia, es conveniente que los niños mantengan sus rutinas o que establezcan otras nuevas en el menor tiempo posible. Las rutinas les proporcionan seguridad al saber lo que pueden esperar a lo largo del día. Además, proporcionarle pequeñas responsabilidades acordes a su edad, les ayudará a aumentar su autoestima y a fortalecer los vínculos familiares. Aun así, no hay que olvidar que los niños siguen siendo niños, y que lo importante en esta etapa es que sigan teniendo el suficiente tiempo para jugar y para descansar.

Las dificultades económicas que atraviesa la familia pueden convertirse en una oportunidad para que los niños aprendan a valorar lo que tienen, a diferenciar entre las cosas que son necesarias y las que no lo son, y a educarles en una cultura del ahorro. Escribir juntos la lista de la compra, utilizar los servicios de las bibliotecas públicas, aprender a hacer juguetes con materiales que tengamos en casas, asociarse a bancos de tiempo, etc., son alguna de las cosas que podemos hacer para aprender y divertirnos juntos.

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