Fracaso ¿Escolar o Familiar?

Ante un situación de fracaso escolar la familia debe adoptar un papel prioritario para la solución del mismo. Los padres deben aceptar y reconocer que el hijo tiene dificultades y demostrar que le quieren no por sus éxitos sino por él mismo. Deben colaborar con el colegio y sobre todo con el hijo, preocupándose por lo que hace en el centro y por los deberes diarios para casa.

El fracaso escolar es uno de los grandes problemas que están sacudiendo al Sistema Educativo en la actualidad. En nuestro país, uno de cada cuatro niños fracasa en sus estudios con las dificultades y consecuencias que esto conlleva. Cuando hablamos de fracaso escolar tenemos que tener en cuenta que cada uno de los integrantes del Sistema Educativo debemos asumir nuestra parte de culpa y responsabilidad en dicho problema. Además, las dos instituciones más importantes como son la Escuela y la Familia debemos trabajar y colaborar de forma unida para abordarlo e intentar darle la mejor solución posible.

Vamos a analizar el problema del fracaso escolar desde el punto de vista de las familias ya que éstas son una pieza clave y fundamental para afrontarlo y poder superarlo.

Hemos de tener bien presente que la actitud y conducta de los padres, las expectativas de éstos sobre la capacidad y logros del niño influye de una manera determinante en la creación de una imagen positiva o negativa del niño sobre el estudio. Hay que destacar que es realmente importante que elogiemos a los niños cuando hacen bien las cosas y no estar continuamente llamándoles la atención por lo que hacen mal. En general, solemos atender más las conductas negativas que las positivas y es necesario que empecemos a evitar esto para que el niño comprenda que realmente valoramos sus progresos y relativizamos sus “pequeños fracasos”.

Somos los padres también los que hemos de trabajar con los niños una serie de hábitos que son una vacuna preventiva frente al fracaso escolar. Dichos hábitos son el hábito de estudio y el hábito de la lectura.

Para fomentar el hábito de estudio es importantísimo que seamos los padres quienes propiciemos un verdadero clima de estudio en el hogar ayudando al niño a organizarse el tiempo de estudio, a prepararse el material, etc. Tenemos que procurar que empiece a estudiar siempre a la misma hora y en el mismo lugar evitando cualquier distracción que le impida trabajar con normalidad durante el tiempo de estudio.

Cuando hablamos de fracaso escolar solemos pensar en los alumnos torpes o “que les cuesta”, pero realmente son inteligentes lo que ocurre es que no rinden porque no saben aprovechar la capacidad que tienen. Es por ello que desde la familia tenemos que ofrecerle una serie de recursos y estrategias que le ayuden a desarrollar dicha capacidad. Empezar por fomentar un buen hábito de estudio ayudará que el niño se sienta motivado y atraído por el trabajo escolar. Además el niño tiene que comprobar en todo momento que los padres se preocupan por todo lo que rodea a su vida escolar a través del contacto diario con los profesores, la asistencia a las reuniones y actividades que se organizan en el centro educativo, etc. Los niños comprueban que hay un seguimiento y una supervisión porque realmente sus padres están preocupados por ellos.

Unido al hábito de estudio también deberíamos preocuparnos por fomentar el hábito lector ya que está demostrado que la escasez lectora provoca un bajo rendimiento académico pues no dominar de manera suficiente el lenguaje conlleva una serie de consecuencias. Aquí los padres estamos obligados a educar con el ejemplo pues un niño difícilmente leerá si en su casa sus padres no leen, es decir, no está rodeado de un ambiente lector. Pero, ¿quiero decir con esto que si los padres leen el niño leerá? Evidentemente no pero podremos aumentar la probabilidad de que esto suceda, que no es poco.

Además de todo esto, los padres tenemos que supervisar cuestiones tan importantes como la alimentación, las horas de sueño y descanso así como el tiempo de ocio de nuestros hijos. Son cuestiones de una gran importancia que inciden de manera directa en el rendimiento escolar del niño porque un niño con una alimentación desequilibrada y que encima no descansa las horas suficientes porque se acuesta tardísimo, ¿será capaz de rendir adecuadamente en su horario escolar? Evidentemente, no. Por eso es de vital importancia que todo esto lo vayamos trabajando con nuestros hijos desde que son bien pequeños para que vayan adquiriendo estos hábitos de manera natural.

Como vemos es mucha la responsabilidad que tenemos como padres a la hora de prevenir y abordar el fracaso escolar pero es importantísimo que sepamos afrontar este problema en equipo, por tanto es necesario que llevemos a cabo una colaboración estrecha y animosa con la escuela de nuestros hijos. Es mucho lo que está en juego.

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