El cerebro y la educación

El cerebro es nuestro gran instrumentro de aprendizaje y debemos utilizar con fines educativos lo que la ciencia nos aporta. Las experiencias que el niño recibe van de alguna manera, formando su cerebro, y, con ello, su forma de sentir, pensar y actuar.

En 1999, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) puso en marcha el proyecto “Learning Sciences and Brain Research” con el propósito de fomentar la colaboración entre neurólogos y educadores. El cerebro es nuestro gran órgano de aprendizaje y conviene aprovechar con fines educativos lo que la ciencia descubra. Podemos considerar que educar es, ante todo, ayudar a que el niño desarrolle y organice bien su cerebro. Dicho así, parece una descripción tosca y poco poética de la educación, pero no hay que olvidar que la memoria, los hábitos, los sentimientos, tienen su sede en el cerebro.

 ¿Qué deben saber los padres sobre el cerebro de sus hijos?

  1. Cuando el niño nace, su cerebro tiene ya aproximadamente el mismo número de neuronas que va a tener durante toda su vida. Unos cien mil millones. Lo que necesita es establecer relaciones entre ellas, que es lo que se llaman “sinapsis”.
  2. La capacidad del niño para establecer conexiones es fantástica. Eso le permite ir asimilando nuevos conocimientos y adquiriendo nuevas habilidades. A lo largo del período educativo, el cerebro experimenta varias reorganizaciones. La última, que coincide con la adolescencia, afecta a los lóbulos frontales, que son los encargados de las funciones de planificación y control de la conducta.
  3. El cerebro del niño tiene una gran plasticidad. Se acomoda a las circunstancias, a la situación, a las experiencias. Aunque durante los primeros años esta plasticidad es mayor, el cerebro nunca la pierde del todo. Por eso podemos seguir aprendiendo siempre. Cada vez que aprendemos algo, nuestro cerebro cambia.
  4. Al nacer, el cerebro de su niño no es una página en blanco, en la que podamos escribir cualquier cosa. Nace con una serie de predisposiciones genéticas, sobre las cuales actúa la educación. Las experiencias que el niño recibe van configurando su cerebro, y, con ello, su manera de sentir, pensar, y actuar.

Un asunto que interesa mucho a los padres es saber si la inteligencia se puede mejorar. Hay muchos programas que intentan conseguirlo, y que iremos sometiendo a revisión científica para evitar ser víctimas de falsas promesas. Pero las capacidades del cerebro son tan maravillosas, que son una continua fuente de optimismo. La inteligencia de un niño está determinada en parte por la herencia y en parte por el modo de crianza, que influye en lo que se llama la “expresión genética”, es decir, en la activación o desactivación de algunos genes. Por eso, podemos mejorar la inteligencia a lo largo del proceso educativo. Sobre todo, podemos hacer que el niño aprenda a utilizarla mejor. Hay inteligencias que triunfan e inteligencias que fracasan, con independencia de cuál sea su “cociente intelectual”. La inteligencia se parece al juego de naipes. A todos nos reparten unas cartas –genéticas, sociales, económicas- que no podemos elegir. Hay cartas buenas y cartas malas, y, sin duda, es mejor tenerlas buenas. Sin embargo, ni en el juego ni en la vida gana siempre el que tiene las mejores cartas, sino el que sabe jugar mejor. De eso se trata. De enseñar a nuestros niños y niñas a usar bien su inteligencia, a jugar bien con sus posibilidades.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: