Tribus urbanas y adolescencia

El fenómeno de las tribus urbanas no es nada más que la búsqueda de los jóvenes por aquella identidad tan añorada. Cuando un joven se junta a una sociedad que posee las mismas tendencias, modas, etc. que él, este se sentirá identificado tanto con el grupo como con sus modas y sus símbolos.

El tema de las tribus urbanas ha sido uno de los que más páginas de libros, periódicos y revistas, y más horas de radio y televisión ha llenado en las últimas décadas. La recurrencia del tema revela el intento que la sociedad adulta ha hecho – y hace – para comprender las nuevas formas de vida, de cultura y de ocio de la adolescencia y juventud, y de sus maneras de adaptarse a un mundo en constante cambio.

Bajo la denominación de tribus urbanas se describe a las agrupaciones de jóvenes y adolescentes que comparten un modo de ver la vida, una estética particular, la adhesión a un estilo musical, etc., y que se da especialmente, aunque no únicamente, en entornos urbanos.

Han sido diversos los estudios sobre el tema que se han hecho desde disciplinas tan dispares como la Antropología, la Sociología, las Ciencias de Comunicación e incluso la Psicología, pero, en resumen, se podría definir una tribu urbana como un espacio:

  • Que se constituye con un conjunto de reglas específicas a las que el joven decide confiar su imagen parcial o global, con niveles bastante amplios de implicación.
  • Que es un lugar de mitos, donde sus miembros pueden construir una imagen, un esquema de actitudes y comportamientos gracias a los cuales su sentido de identidad queda reafirmado y reforzado.
  • Que es un lugar de desorden y agitación social, en el sentido de que sus miembros deciden “declarar la guerra” a la sociedad adulta de la que no quieren formar parte.
  • Donde la relación de pertenencia es intensa y aporta un sentido existencial. Las acciones de los miembros de los grupos se sostienen en esta pertenencia, lo que deriva en una cierta des-responsabilización de los individuos respecto a sus propias acciones.

Desde la Psicología y la Sociología, los autores coinciden al afirmar que la búsqueda de una identidad social que lleva al adolescente a buscar un grupo con el que identificarse coincide con el momento normal y más crucial de la búsqueda de la propia identidad. Esto, además, explicaría el carácter transitorio que suele tener la pertenencia a estas tribus.

Cualquiera con un hijo adolescente sabe lo complicada que es esta época para toda la familia. Un periodo de inestabilidad emocional, de crisis de identidad, un momento en el que a los padres a veces les cuesta reconocer a su hijo como a la persona que creían conocer. No en vano, los últimos estudios en neurociencia determinan que durante este periodo, no sólo hay cambios a nivel hormonal, sino que también se producen drásticas modificaciones en el cerebro. La neurocientífica Sarah Blakemore, afirma que la adolescencia es “una época de desarrollo cerebral especialmente importante” y que es “un periodo donde la conciencia de uno mismo, la influencia de los semejantes, la asunción de riesgos…todas estas cosas cambian”.

Un equipo de psicólogos que estudió a adolescentes durante la década de los 70 llego a la conclusión de que “ser miembro de un grupo era un factor clave para el desarrollo de la personalidad”, “el chico debe emanciparse de su familia para que pueda identificarse con el grupo (sociedad) a otro nivel. Debe desarrollar una lealtad al grupo que va más allá de la lealtad a la familia, ya que la iniciación saca al chico de la esfera de su familia inmediata y lo entrega al grupo”.Y, concluye diciendo que “cuando se reparten entre grupos, los adolescentes se están definiendo a sí mismos.”

Es comprensible que muchos padres al encontrarse en el pasillo con un desconocido disfrazado de “Eduardo Manostijeras” se lleven un susto de aupa. O, que la batalla campal en contra de los vaqueros cochambrosos, rotos y deshilachados nos dejen un profundo agotamiento existencial, pero todo pasa… y todo queda. Eviten oponerse o desaprobar la indumentaria de sus hijos, sólo conseguirán reforzar esa actitud. No caigan en la angustiosa, aunque comprensible pregunta: pero, ¿te vas a poner eso para ir a ver a tu abuela? Intente respirar, tomarse las cosas con sentido del humor, aceptar el reto que les proponen los adolescentes y recen a Santa Rita para que este momento vital acabe lo antes posible.

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