Bilingüismo en la Escuela

Durante los últimos diez años hemos asistido en nuestro país a un crecimiento exponencial del interés y preocupación por el dominio de idiomas diferentes del materno.

En los últimos años hemos visto como los programas y proyectos en relación al bilingüismo crecían haciéndose más accesibles para toda la población, estando presentes en numerosos centros educativos públicos y concertados, además de muchos privados, de niveles obligatorios y no obligatorios (Ed. Infantil de Primer ciclo, bachillerato, etc.).

Muchos de estos programas están motivados por las directrices de la UE que orienta su trabajo hacia una sociedad multilingüe. Según la Unión Europea, uno de los retos de la Europa actual consiste en formar europeos políglotas, que fomenten el diálogo intercultural y una mayor cohesión e integración social.

Pero, ¿qué entendemos por bilingüismo? Tradicionalmente, en el uso coloquial, se ha reservado dicho término para aquellos individuos que, debido a haber crecido en un lugar distinto del de procedencia o por tener progenitores con distinta lengua materna, han desarrollado de forma paralela y natural dos sistemas lingüísticos diferentes. Desde una visión más educativa, una persona bilingüe es aquella que, además de su primera lengua, tiene una competencia parecida en otra lengua y es capaz de usar una u otra en cualquier circunstancia con parecida eficacia. En esta línea podemos decir que, un individuo bilingüe, no es solo aquel que posee dos sistemas lingüísticos distintos, sino que además puede hacer uso de ellos en los mismos contextos con una facilidad y calidad similares. Es por ello que no se debe confundir el verdadero bilingüismo con una capacidad alta para expresarse y comprender en una lengua diferente de la materna.

Actualmente, el bilingüismo, se ha alejado mucho de la concepción tradicional para convertirse en una opción educativa en auge que la mayoría de los padres valora de forma positiva. Cada vez más a menudo se exige desde la sociedad, a las instituciones públicas, un mayor apoyo a los programas bilingües y una extensión de dichos programas a la mayoría de los centros educativos.

La mayoría de la población conoce y entiende las ventajas de una educación bilingüe, pero no así sus inconvenientes y dificultades. Como ventajas más relevantes podemos señalar que permite una mayor movilidad laboral y educativa, fomenta actitudes de apertura hacia otras culturas y regiones, dinamiza el intercambio cultural a través del turismo internacional y el desplazamiento de familias a otros estados, produce un aporte mutuo de conocimientos científicos entre países.

A primera vista podríamos pensar que con tantas y tan importantes ventajas, aquellos inconvenientes que pudieran aparecer no deberían resultar muy relevantes, pero lo cierto es que no es del todo así. Dentro de la educación encontramos cada vez más casos de profesionales que rechazan el actual proceso de implantación del bilingüismo. El porcentaje aumenta aun más, cuando éstos profesionales se dedican a la intervención en dificultades de aprendizaje y trastornos del lenguaje, alumnos con Necesidades Educativas Especiales o población inmigrante (Maestros de audición y lenguaje, expertos en pedagogía terapéutica, psicólogos, psicopedagogos…).

Pero ¿qué problemas pueden estar detrás de estas dificultades y rechazo de los profesionales? Aunque el ratio por aula es mucho más pequeño que hace 20 años, la diversidad cultural, étnica y lingüística es mucho mayor y exige una mayor adaptación a las diferencias individuales. Así, en un aula normal de primaria, podemos encontrar alumnos con 2 ó 3 lenguas maternas diferentes para los que la enseñanza en castellano ya supone un bilingüismo diglósico. Si además, se ven inmersos en un programa bilingüe, encontraríamos la realidad de que, dichos alumnos, deberían desarrollar dos sistemas lingüísticos en la escuela más un tercero en su ambiente familiar, por lo que se convertiría en trilingüismo. Además, el fracaso escolar es cada vez más alto y el nivel académico en las áreas de lengua y matemáticas, desciende cada vez más. Los nuevos programas educativos lejos de centrarse en esta realidad, para buscar soluciones, desplazan su prioridad hacia las lenguas extranjeras creando nuevas áreas conflictivas sin haber resuelto previamente las ya existentes.

En último lugar es imprescindible hablar del profesorado. La mayoría de docentes de nuestro país deben adaptarse y atender a una realidad educativa muy lejana de aquella para la que se prepararon, con el consiguiente esfuerzo y necesidad de apoyo por parte de las instituciones. Una gran parte de los profesores que imparten el programa bilingüe son especialistas en otras áreas que han sido readaptados para esta nueva necesidad. Pertenecen a una generación que carecía de un buen nivel en idiomas extranjeros y que, por supuesto, no es bilingüe. Ni los mejores cursos de idiomas para personal docente pueden convertirlos, de un año para otro, en bilingües con capacidad didáctica para el inglés y mucho menos aportarles una pronunciación nativa.

Es importante que, tras una reflexión sobre el tema, los padres valoren cuáles son sus prioridades y, en función de ellas, obtengan la mayor información posible sobre los programas educativos que se imparten en los centros de sus hijos. Esta información será la que les permitirá elegir adecuadamente un centro educativo acorde a sus circunstancias y necesidades.

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