Luces y Sombras de las Altas Capacidades

Se estima que hay un 2% de personas (adultos y niños) con AACC, y sobre ellos circula una gran cantidad de falsos mitos e ideas preconcebidas, que oscurecen el concepto de superdotación y entorpece su correcto tratamiento. La imagen del empollón gafotas y sin amigos, tan recurrente en la cultura audiovisual, forma parte del inconsciente colectivo.

Los prejuicios más extendidos consisten en que son raros, solitarios, prepotentes, marginados, sufridores, o bien que son tan inteligentes que aprenden por sí solos y no necesitan ningún tipo de ayuda para progresar. Estas creencias no surgen de la nada, y pueden contener algo de verdad, pero como suele ocurrir, la sociedad tiende a generalizar y a quedarse en visiones simplistas. Es cierto que los niños con AACC se van a encontrar con problemas y dificultades que no conviene ignorar. No hay que ser ingenuo y pensar que por poseer altas capacidades tienen el éxito asegurado, o que van a triunfar sin esfuerzo. Esta convicción es una de las más erróneas y nocivas. Sería apropiado, pues, exponer el porqué de algunas de estos estereotipos y contrastarlos con la realidad.

Si se puede hablar de un elemento común entre los niños con AACC, partiendo de su heterogeneidad, es el supremo contraste que les caracteriza. Son niños rodeados de contradicciones que emergen de sus propias capacidades superiores. Su alta capacidad intelectual representa la cara y la cruz de sí mismos.

Parece que existe un momento especialmente crítico en el desarrollo de estos niños: el paso de Primaria a Secundaria, que supone un gran cambio y puede influir de manera negativa (por ejemplo, pasar de llevar buenas notas y ser estimados por los compañeros a lo contrario). Para evitar que se produzca este problema, que en numerosos casos supone el abandono de los estudios, la mejor alternativa es una detección temprana y la participación en proyectos de enriquecimiento.

¿Cuáles son los principales problemas que pueden surgir en el ámbito escolar?

Debido a sus aptitudes, los niños con AACC cuentan con más facilidades de aprendizaje. Su mayor capacidad les hace rápidos en las respuestas y soluciones, por lo que necesitan muy poca dedicación para terminar las tareas escolares. Esta falta de hábitos de estudio puede pasarles factura en cursos superiores. Si se acostumbran a sacar buenas notas sin esfuerzo, les costará dedicar más tiempo al estudio cuando las asignaturas se hagan más complejas.

Son capaces de incorporar nuevos conocimientos con rapidez, lo que puede presentar el inconveniente de que pronto se aburren y distraen en clase. Por otro lado, dada su enorme creatividad, sienten aversión hacia prácticas rutinarias y repetitivas. El colegio y sus deberes llegan a hastiarles si no se les proporcionan vías complementarias de actividad, conocimiento y expresión. Con ello se evita la desmotivación.

En general, son niños de una elevada autoestima, que valoran sus capacidades y se reconocen diferentes a los niños de su edad (esto se aprecia en el lenguaje: los niños con AACC lo dominan y poseen un vocabulario mucho mayor, y algunos dicen que sus compañeros “no saben hablar” o “hablan como bebés”). Este mismo auto-concepto les impulsa a exigirse demasiado a sí mismos, pues consideran que deben hacer todo bien e interpretan el mínimo fallo como un fracaso. Toleran muy mal la frustración debido a sus altas expectativas. Es muy importante que aprendan que es normal equivocarse, que la perfección no existe y que de los errores se aprende, para que se sientan mejor consigo mismos y con los demás.

Su inquietud por ampliar conocimientos y su interés por temas más propios de adultos puede distanciarlos de su grupo de edad, cuyos juegos y diversiones les resultan aburridos e infantiles, por lo que a veces prefieren actividades individuales como la lectura. Se puede pensar que el principal riesgo en este caso es el aislamiento, pero también puede darse una especie de “regresión”. Es decir, que el niño se ponga al nivel de los compañeros ocultando sus capacidades para pasar desapercibido (me parece importante señalar que esta práctica no se da sólo en la infancia, sino que son muchos los adultos que optan por esconder su mayor capacidad en el trabajo debido a las malas experiencias vividas). En la adolescencia suele ocurrir algo parecido, ya que se trata de una etapa en la que el peso del grupo es mayor que nunca, y la necesidad de encajar, enorme. Es difícil soportar la presión de la mayoría, que muchas veces impone estereotipos negativos como mujeres guapas pero no inteligentes. De manera que muchos adolescentes con AACC camuflan sus aptitudes con tal de amoldarse y no ser diferentes.

¿Consecuencias?

Una cantidad escandalosa de alumnos con AACC se pierden en el camino. Según datos de un informe publicado en 2006 por el Centro de Investigación y Documentación Educativa del Ministerio de Educación, el número de alumnos superdotados en nuestro país ascendía en el año 2000 a 300.000 alumnos, de los cuales tan sólo se habían identificado 2.000. Lo que significa que el 99,4% de estos perfiles pasaron desapercibidos en las escuelas. No se han hallado datos más recientes, pero resulta inadmisible que se desperdicie tanto talento. La falta de atención a las necesidades de los alumnos con AACC es un grave error que les afecta tanto a ellos como a la sociedad en general. Desde numerosas asociaciones se lucha por poner remedio a esta situación precaria.

Es importante señalar que todas estas adversidades lo son sólo en potencia, y desde luego no tienen por qué aparecer. La referencia a ellas surge del intento de ofrecer una visión lo más amplia posible. Se trata de posibilidades que hay que conocer, pero que se pueden y es fácil evitar. Las claves, como se ha expuesto, son una correcta y temprana detección, una estrecha colaboración entre las familias y los colegios y la participación en programas de ampliación. Estos no sólo son efectivos a nivel intelectual, sino que además fomentan el desarrollo del área social y emocional.

La realidad muestra que los niños bien dotados parecen ser emocionalmente más estables, más independientes, activos e imaginativos que la media. Estudios demuestran que, al menos en Primaria, los niños con AACC presentan una elevada aceptación social. De hecho, es mayor número de investigaciones que apoyan la “hipótesis saludable” del superdotado que la contraria. No obstante, se debe insistir en que hay que desechar expectativas extremistas: estos pequeños, ni tienen el éxito garantizado ni van a caer en el fracaso. Son niños como los demás, y “más que adultos excepcionales, hay que hacer niños felices”.

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