Archive for 29 septiembre 2011

Cuando 2×2 no son 4

Aunque casi un 6% de la población infantil padece esta dificultad de aprendizaje, lo cierto es que en algunos casos aún se sigue tomando como natural. No desesperes, es reeducable.

¿Tu hijo utiliza los dedos para realizar operaciones asimétricas complejas? ¿Saca buenas notas en todas las asignaturas menos Matemáticas? ¿No es capaz de realizar seriaciones de números ni copias de cifras? Es probable que padezca una dificultad en el aprendizaje del cálculo denominada discalculia. No te asustes, con un buen diagnóstico, además de un tratamiento reeducativo adaptado, es casi seguro que el niño sea capa de superar esta disfunción.

Los síntomas de este trastorno suelen observarse en edades tempranas del aprendizaje (los primeros cursos), la detección inicial “debe realizarse en la escuela”. De hecho, suelen ser los profesores los que observan que los pequeños muestran dificultades en la comprensión de los conceptos numéricos, intentan solucionar sumas o restas de dos operandos con los dedos y, además, su nivel de CI normal y su rendimiento en el resto de materias es correcto. Sin embargo, “el bajo rendimiento en Matemáticas puede estigmatiza a los niños influyendo negativamente en su rendimiento global”, de ahí que sea tan importante la detección precoz de este trastorno.

Por otro lado, cabe destacar que esta dificultad aparece asociada a otros tipos de alteraciones del desarrollo como la dislexia y los déficit de atención (hiperactividad), entre otros. En el caso de la dislexia,  sucede en el 30% de los casos aproximadamente. La relación con la hiperactividad es similar.

Los padres, en primer lugar, deben tranquilizarse, ya que al igual que con los déficits de lectoescritura, una buena reeducación permite superar este déficit del aprendizaje; y, en segundo lugar, deben buscar un profesional especializado que realice un buen diagnóstico y enfoque la reeducación específicamente y en función de las necesidades de cada niño, pues no es suficiente con unas clases de Matemáticas extra.

Entre un 3 y un 6% de la población infantil padece esta disfunción, la discalculia del desarrollo, aunque en ocasiones muchos de los casos se enmascaran tras la aceptación social en nuestro país del mal rendimiento en Matemáticas, motivo por el que es necesario conocer mejor sus síntomas y tratamientos.

Cómo detectar la discalculia

  • El pequeño es muy lento a la hora de adquirir las operaciones básicas de sumas y restas.
  • Puede asociarse a la hiperactividad.
  • No responde a las actividades de seriación y clasificación numérica.
  • Utiliza los dedos para intentar resolver operaciones aritméticas complejas.
  • Presenta dificultades en lectoescritura (en el 30% de los casos).
  • Su rendimiento en otras áreas es correcto.

Actividades para casa

  • Intenta despertar su curiosidad hacia los números.
  • Los ejercicios han de ser divertidos y constantes.
  • Es necesario reeducar conceptos como la noción de cantidad, enseñar los principios de la cantidad, orden, tamaño, espacio y distancia desde el principio.
  • Utiliza ejercicios basados en la percepción visual.

Mi hijo es una isla

¿Por qué no contesta? Ésta es una de las preguntas que comienzan haciéndose muchos padres ante la falta de respuestas de sus pequeños. Unas veces la incomunicación se da fuera del ámbito más íntimo o en situaciones concretas; otras no depende tanto del contexto como del niño. Mientras, crecen las dudas de los padres sobre lo que puede estar pasándole a su hijo.

“La característica común del mutismo selectivo, el autismo y el síndrome de Asperger es que en los tres casos se tienen problemas relacionados con la comunicación, pero tanto los motivos que los originan como el aspecto que está comprometido son diferentes”. “Es posible confundir estos trastornos, sobre todo el autismo de Kanner y el síndrome de Asperger, por lo que es fundamental que un especialista determine el problema.

En el caso del mutismo selectivo, éste sólo se da en un área determinada, por tanto es más fácil de identificar. Tanto el autismo como el síndrome de Asperger se enmarcan dentro de los Trastornos del Espectro Autista (TEA) y de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), y tienen una base genética, mientras que el mutismo selectivo está originado por causas psicológicas”, aclara la especialista.

Principales diferencias

Para analizar los problemas relacionados con la comunicación debemos tener en cuenta tres aspectos que intervienen:

  • La comunicación o intención comunicativa.
  • El lenguaje o código que se utiliza.
  • El habla o expresión oral del lenguaje.

En el trastorno de Asperger no hay un retraso general del lenguaje clínicamente significativo, ni del desarrollo cognoscitivo ni de las habilidades de autoayuda. Sin embargo, tanto en el autismo de Kanner como en el síndrome de Asperger están afectados los tres componentes de la comunicación: la intención comunicativa, el código y el habla. Por lo que, de forma general, podríamos decir que ambos trastornos comparten sintomatología, “si bien en el de Asperger la intención comunicativa no suele estar tan alterada y se suele asociar a autismos de alta capacidad, con un nivel intelectivo –capacidad de entender– mayor”.

El mutismo selectivo, sin embargo, es un problema en el habla, conservando tanto la intención comunicativa como el lenguaje. Pese a ello, las consecuencias de no resolver este trastorno de forma adecuada pueden llegar a ser altamente incapacitantes para el niño, llevándole al aislamiento, al rechazo de los demás niños, la burla y la carencia de las habilidades sociales necesarias para defenderse. Incluso puede sufrir la reducción a mínimos del rendimiento escolar. Algunos niños que padecen este trastorno son llevados a centros específicos de educación especial, limitando aún más sus posibilidades de desarrollo en cuanto a conducta.

Autismo: ¿Tengo la culpa de que mi hijo sea así?

  • El origen del autismo se desconoce en la mayoría de los casos, pero muchos investigadores creen que es el resultado de algún factor ambiental que interactúa con una susceptibilidad genética. Algunos autores como el propio Kanner apuntaron hacia los padres fríos, distantes, obsesivos y perfeccionistas como un factor causal de este trastorno. Sin embargo, esas teorías han sido desechadas por otros autores y esta actitud parental se explica como consecuencia del estrés que genera la conducta de sus hijos.
  • El proceso se inicia en los niños antes de los 30 meses.
  • El desarrollo social del pequeño se ve alterado de manera que éste no se corresponde con el de su edad.
  • Se aprecia un retraso o anomalía en su desarrollo lingüístico.
  • Existe en estos niños una insistencia en la identidad que se manifiesta en conductas repetitivas –adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales–, juegos estereotipados –sacudidas de manos, retorcer los dedos…– y resistencia al cambio.
  • En cuanto a las diferentes conductas que puede presentar un niño autista, existen cuatro grupos: el niño con escaso desarrollo del lenguaje y movimientos estereotipados, el severamente incapacitado con retraso severo o profundo, el retraído pero con capacidad de respuesta, y el que se resiste al contacto social siendo activo.
  • Ausencia de conductas de relación no verbal, como la mirada a los ojos, la expresión facial o las posturas y los gestos para regular la interacción social.
  • Afecta a cuatro niños por cada niña y se encuentra la misma proporción de casos de autismo en todas las clases sociales y en las diferentes culturas estudiadas.

Mutismo Selectivo: De repente no dice ni ‘mu’

  • En 1877 el doctor Kussmaul describe por primera vez el mutismo selectivo como un trastorno de la conducta en el que el niño fracasa al intentar hablar en determinadas situaciones, pese a tener plena capacidad.
  • Aparece entre los 3 y 5 años, con el inicio de la escolarización o tras situaciones estresantes como una hospitalización o un cambio de residencia. Si no se soluciona tras el período de adaptación, el silencio se generaliza ante personas o situaciones extrañas. También puede producirse de forma progresiva, partiendo de una timidez excesiva.
  • Pueden darse varios casos: que el niño hable dependiendo del lugar en que se encuentra, que hable exclusivamente a ciertas personas, o bien que sólo hable con ellas en función del lugar. También es común que el pequeño se comunique de manera espontánea con algún amigo íntimo y/o un familiar.
  • Estos niños se aíslan socialmente para evitar de forma pasiva las situaciones que le provocan ansiedad. Además, se ha observado cierta relación entre niños con mutismo selectivo y adultos que posteriormente desarrollan fobia social.

Síndrome de Asperger: No entiendo qué es lo que le pasa

  • El término fue utilizado por primera vez por Lorna Wing en 1981 en honor a Hans Asperger, un psiquiatra y pediatra austríaco cuyo trabajo no fue reconocido internacionalmente hasta la década de 1990.
  • El origen de este trastorno es biológico. Las últimas investigaciones apuntan a un problema genético que afecta al funcionamiento del hemisferio derecho del cerebro.
  • Al igual que los niños autistas, quienes padecen el síndrome de Asperger sufren alteraciones en la interacción social y patrones de comportamiento que se manifiestan de la misma manera que en los casos de autismo de Kanner. Sin embargo, no presentan un retraso general del lenguaje clínicamente significativo.
  • Tampoco es relevante para su diagnóstico el retraso intelectual ni de las habilidades propias de su edad, así como la falta de curiosidad durante la infancia o un comportamiento adaptativo distinto del descrito respecto a las habilidades sociales.
  • Carecen de empatía y tienen una especie de ‘ceguera emocional’, que puede impedirles incluso descifrar el significado de una sonrisa.
  • El niño con Asperger es incapaz de leer entre líneas y si su maestra le pregunta irónicamente ‘¿se te ha comido la lengua el gato?’, el pequeño permanecerá silencioso tratando de decidir si debe explicar que él no tiene gato y que los gatos no comen las lenguas a los niños.
  • Evitan el contacto visual, por lo que aumentan su incomunicación emocional causando un mayor deterioro social, escolar y en otras áreas que afectan a la vida del niño y posteriormente a la del adulto. Sin embargo, algunos pacientes son capaces de aproximarse a un nivel de normalidad en sus habilidades de comprensión e interpretación de señales no verbales.
  • Muchas personas relacionan el síndrome de Asperger con la superdotación, pero no se diferencian del resto en lo que respecta a su cociente intelectual. Lo que ocurre es que su cerebro se concentra intensamente en temas específicos, lo cual puede ser interpretado como una cualidad especial. Es por ello que Hans Asperger llamó a sus niños ‘pequeños profesores’, debido a que con sólo 13 años conocían el área que les interesaba al nivel de un profesor universitario.
  • Al no ser capaz de entender las sutiles pistas de la comunicación, el niño o adolescente con Asperger con frecuencia se siente confundido por no ser capaz de comprender en qué se equivoca, afectando también a su relación con los padres. El resultado final de esta frustración es frecuentemente un mayor aislamiento.

Adolescentes colgados de un teléfono móvil

El 80% de los menores entre 10 y 16 años tiene un móvil y el 62% lo usa con frecuencia, pero ¿para qué? Sólo el 38% de las familias controla lo que hacen los niños con estos aparatos, a pesar de que el 10% lo emplea para grabar peleas.

Existes si te llaman o te mandan mensajes. Así de categórica y sencilla es la nueva cultura del móvil que atrapa y determina las relaciones de más del 90% de los adolescentes europeos. El móvil es para ellos seña de identidad y categoría social, un canal fundamental de comunicación privada con sus iguales. Las llamadas y los mensajes adquieren un valor simbólico, no son simples palabras sino la constatación de que son alguien en su universo social. Por eso, cada vez es más habitual encontrarse a niños de corta edad ‘colgados’ de su teléfono móvil; lo utilizan para hablar, escribir, jugar o navegar por la red.

En España el 80% de los jóvenes entre 10 y 16 años tienen teléfono móvil. De ellos, el 62% lo utilizan frecuentemente. Es más, el teléfono llega a formar parte de su yo más íntimo y por ello el adolescente lo guarda celosamente de miradas ajenas, fundamentalmente las de sus padres. Irónicamente, para los progenitores este mismo móvil representa una herramienta de control y son ellos mismos los que se lo proporcionan a edades cada vez más tempranas: el 50% de los menores accede a su primer aparato con 9 ó 10 años y normalmente lo consigue como regalo por algún acontecimiento especial.

Malas costumbres

Pero ¿para qué usan nuestros hijos el teléfono? Los menores utilizan el móvil para diferentes cuestiones: el 65% lo emplea para que sus padres los tengan localizados, el 64% para quedar con amigos y el 51% para avisar a sus padres. Frente a estos usos comunes, el estudio arroja un dato preocupante: el 10% de los menores ha grabado peleas en su móvil y el 11% conoce a alguien acosado.

Aunque todavía son hechos aislados, lo cierto es que cada vez conocemos más casos de acoso escolar relacionados con las nuevas tecnologías, sólo el 38% de las familias controla el uso que se hace del móvil.

Pues mi padre lo hace

Estamos hartos de oír cómo psicólogos, pedagogos, profesores, maestros y campañas dirigidas a los padres destacan la importancia que tiene para la educación de los hijos ser un modelo de conductas y hábitos. Sin embargo, seguimos siendo un mal ejemplo para ellos en muchos aspectos de la vida que ellos inconscientemente aprenden y repetirán en el futuro sin entender muy bien en qué momento reproducir una actitud se ha convertido en parte de sí mismos. Y es que no basta con decir ‘hazlo’, nuestros hijos necesitan ver que nosotros lo hacemos primero.

Quizás sea difícil adaptar tus manías, malos hábitos o inexistentes costumbres a lo que debería ser un manual de conductas apropiadas para tu hijo. Pero eres padre o madre y tu hijo está ahí, mirándote con los ojos tan abiertos como su capacidad para aprender y repetir cualquier cosa que digas o hagas. Sin lugar a dudas, ese manual de conductas eres tú y tu ejemplo será vital para cualquier cosa que quieras transmitir a tu pequeño.

La imitación ocupa gran parte del juego del bebé. El adulto muestra cómo se mueve la mano al compás de Cinco lobitos y el bebé lo reproduce cuando oye la melodía. Así desarrolla su psicomotricidad o pronuncia sus primeras palabras basándose en las repeticiones del sonido que el adulto realiza frente a él. Por tanto, podemos considerar que la imitación marca una etapa del desarrollo que comienza alrededor del final del primer año o al comienzo del segundo, cuando los niños empiezan a imitar los actos de otras personas demostrando sus crecientes habilidades cognoscitivas.

“Cualquier etapa es importante para predicar con el ejemplo, en los primeros años para su desarrollo cognitivo y posteriormente para su adaptación social, escolar, personal… Es fundamental que los padres establezcan normas y límites claros, lo que consiste en que no basta con decir ‘antes de comer, hay que lavarse las manos’; además el niño necesita observar por sí mismo que las palabras están apoyadas en la propia imagen de la acción realizada. Así la conducta a adquirir reforzada por el apoyo visual ayuda a adquirir más sólidamente el hábito”.

Conductas coherentes

¿Cuántos niños habrán visto a sus padres hacer todo lo contrario de lo que les dicen que deben hacer? ¿Cuántos, al preguntar por qué, han encajado la confusa frase ‘cuando seas padre, comerás huevos’? “Lo que no podemos hacer –y menos si el niño tiene pocos años– es decirle una cosa y que vea otra porque le creamos contradicciones e inseguridades”.

“Cuando nuestro hijo nos pilla haciendo algo prohibido para él, debemos reconocer que no está bien, que nos hemos equivocado y que las consecuencias son negativas” tanto para él como para nosotros, es decir, nada de enviarle mensajes como ‘yo soy mayor y por eso estoy por encima de las normas y las consecuencias’. “Además, debemos explicarle que intentaremos que no vuelva a ocurrir”, así interpretará que los adultos nos equivocamos, pero también intentamos corregirnos por nosotros mismos.

“La única postura cercana al modelo perfecto –que no existe– consiste en ser coherentes, concisos y comprensivos”.  Es decir, “los límites tienen que ser claros, expuestos con respeto y tranquilidad; las consecuencias para el cumplimiento y el incumplimiento de las normas deben ser coherentes e inmediatas, y el diálogo ha de ser abierto y adaptado a la edad del niño. Y todo dentro de un clima de respeto, tolerancia y amor”.

Sin contradicciones

‘Mamá sí que me deja’: Hay que evitar las contradicciones ante sus ojos. Padre y madre deben estar de acuerdo en todo, aunque tengan que discutirlo cuando él no esté. Si no, puede utilizarlo como chantaje. Pero si esto ha ocurrido ya, hay que explicarle que en ese caso tenéis opiniones diferentes, pero que os pondréis de acuerdo en la mejor opción. De este modo, además, le estamos enseñando a negociar y a ceder.

‘La profe dice que esto no es así’. No debemos desautorizar la figura de referencia escolar por el bien del niño, pues le crea inseguridades. Lo más importante es explicarle que hay tantos puntos de vista como personas y que las normas pueden variar dependiendo del ambiente, pero que todas se basan en el respeto. Los profesores se quejan de su falta de autoridad ante algunos niños y, cuando hablan con sus padres, se dan cuenta del motivo: su falta de apoyo, los malos modales y la desautorización del docente por parte del adulto ante sus hijos.

¿Mentiroso o demasiado imaginativo?

La etapa de la fantasía en los niños da paso a la de la razón, momento en el que tu hijo aprende a utilizar su imaginación para algo más que crear su propio mundo. Es normal que diga “yo no he sido” cuando rompe algo en un intento de eludir una regañina y será tu reacción la mejor lección de responsabilidad que reciba, pues el lado positivo de equivocarse es aprender a enfrentarse a las consecuencias y ponerles remedio.

Entre los 2 y los 3 años es frecuente que los niños creen lo que conocemos como un amigo imaginario, una invención que puede durar hasta los 8 años y que resulta un compañero ideal para jugar, compartir charlas, sentimientos…, pero también una herramienta para asimilar el mundo. Sin embargo, un buen día, mientras tu pequeño juega con el vasito del zumo, éste se le derrama sobre la alfombra y, al ver tu cara mirando la mancha, dice: “yo no he sido”. ¿Y quién ha sido si no? Pues la respuesta es evidente: su amigo imaginario. ¿Estamos ante su primera mentira o sigue siendo pura fantasía?

Antes de nada, quizás haya que definir el término ‘mentir’, que es, según la el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, ‘decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa’. Mientras que entendemos por ‘verdad’ la ‘conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa’.

Más allá de la fantasía

“A partir de los 4 años un niño es capaz de mentir, aunque la edad varía en función de su desarrollo madurativo, ya que hasta que no acaba la fase mágica la fantasía tiene para los niños el mismo valor que la realidad”. Sin embargo, poco a poco su imaginación va dejando de ser un instrumento que utiliza exclusivamente para crear su mundo, y empieza a usarlo para salir de un apuro, comprobando que mentir puede ser un mecanismo de supervivencia.

Es muy positivo que los niños fantaseen, ya que ello ayuda al desarrollo de su inteligencia y creatividad, y nunca se considera que mienten mientras no lleve implícito el querer ocultar o evadir una responsabilidad. Pero si, como en el caso anterior, tu hijo emplea su imaginación para evitar un castigo, sí que estaríamos ante la primera ‘trola’ de nuestro pinocho en potencia. Por ello, según la especialista, “hacerle ver que tu amor hacia él es incondicional y que no depende de los errores que pueda cometer” es la mejor reacción por la que puedes optar antes de que a tu pequeño le empiece a crecer la nariz.

Hay una etapa en la que los niños ya han aprendido a mentir conscientemente pero también conservan la ilusión de fantasear en sus explicaciones sobre el mundo, ¿cómo debemos comportarnos entonces para diferenciar un caso de otro? “Siempre hay que transmitirles que la mentira dirigida a eludir responsabilidades o como llamada de atención no es correcta y que les trae más consecuencias negativas que positivas. Lo más importante para diferenciar un caso de otro es que exista comunicación con los hijos y que vean un modelo sincero en casa.

Alrededor de los 7 años, la conciencia de lo que es verdadero y de lo que es falso está totalmente desarrollada, aunque la noción de ‘verdad’ la elabora cada individuo por su cuenta”, explica la psicóloga. Lo que viene a decir que antes de esta edad –teniendo siempre en cuenta que la madurez de cada niño ronda año arriba, año abajo– más que mentir fantasean sobre la realidad.

Medidas con medida

En cuanto a cómo reaccionar al pillarle en algún embuste, dependerá tanto de la finalidad con la que haya mentido como de la gravedad que conlleve, así como de las consecuencias. En general, la respuesta de los padres debe ir dirigida a hacerles ver que es importante que asuman sus responsabilidades. Para ello, no basta echar un sermón, tiene que haber verdadera comunicación para poder explicar a los hijos el valor de asumir las consecuencias de cada acto, que no es otro que aprender de los errores.

No hay que mostrar desconfianza por sistema y estar seguros antes de considerar que aquello que nos dice es mentira. Tampoco lleva a ninguna parte darle más importancia que la que realmente tiene, pues el niño podría convertirlo en un medio para llamar la atención. Lo ideal es aplicar un pequeño castigo que no implique el contacto con los padres.

Si su conducta implica a más personas, hay que hablar con él en privado y no caer en el error de ponerle en evidencia en público.

El castigo siempre debe ser proporcionado, pues en ningún caso hay que transmitir miedo al niño, ya que el efecto sería el contrario. Esto quiere decir que, si el correctivo resulta desmesurado, la conclusión a la que acaba llegando el crío es que va a ser más eficaz mantener una mentira que enfrentarse a lo que haya hecho. “Cuanto más severas son las medidas de castigo de los padres, tanto mayor es la tentación de mentir del niño”.

El objetivo debe ser siempre volver a la confianza para normalizar la situación.

El secreto: la confianza

La mejor prevención es propiciar que tu hijo confíe en ti, ofreciéndole un modelo en casa de sinceridad, honestidad y una buena comunicación, para lo que es necesario “que exista un tipo de educación basada en una buena definición de roles, que las normas y límites sean claros, y que existan refuerzos” y no meros sermones. Ante todo, hay que transmitir al niño, con palabras y hechos, “que el valor más importante es la sinceridad, que si tiene algún problema le ayudaremos a solventarlo y que es importante que asuma responsabilidades y errores. Hay que hacer que entienda que no será mejor persona por no cometer errores, sino por aprender de ellos”.

Cuando el niño ya tiene conciencia de haber mentido y se siente mal por ello, ¿Por qué miente?

  • Por imitación. El niño se da cuenta de que los adultos mienten cuando les interesa, observa cómo lo hacen en diferentes situaciones, como para complacer a los demás –”ese corte de pelo te queda estupendo”– o para no hacer daño –”mejor no le decimos a papá que has suspendido el examen de Inglés y esperamos a ver qué pasa en el siguiente”–. Esto se va convirtiendo en algo natural, que cree poder utilizar según su conveniencia tal y como ha observado en los demás. Por ello es tan importante intentar ser un buen ejemplo de conducta para los hijos.
  • Para evitar un castigo. La mayoría de las mentiras vienen producidas por el miedo a afrontar las consecuencias de algo que se ha hecho. En el caso de los niños suele responder a unos padres demasiado rígidos y moralizadores, y a un hijo con miedo de perder el amor de éstos. Otra característica común que se oculta detrás de las mentiras es la falta de autoestima.
  • Para llamar la atención. El ejemplo más claro suele ser inventar una dolencia y se diferencia de la somatización en que el niño finge que le duele la tripa o la cabeza, pero en realidad no sufre ninguna enfermedad. Los padres deberán intentar dar al niño el afecto que reclama y dedicarle más tiempo, pues detrás de este teatro vuelve a estar la falta de autoestima.
  • Por predisposición en su personalidad. Un niño tímido o temeroso tenderá a negar las cosas por miedo a ser juzgado, mientras que uno exaltado tenderá a la exageración constante.
  • Por vanidad. Es otra forma de pretender agradar a los padres si éstos valoran las apariencias.
  • Porque continúa sin distinguir lo real de lo imaginario. El niño no miente, pero está anclado en fases anteriores y necesita ayuda psicológica para superarlas.

 Más mayor, más trolero

En el caso de los adolescentes, ¿es normal que mientan? ¿Cuándo no lo es?

  • En la adolescencia se producen más mentiras intencionadas por miedo a las consecuencias de las diferentes formas que tienen de enfrentarse a la realidad que experimentan –no haber estudiado lo suficiente en el caso escolar, probar sustancias tóxicas, o los primeros contactos y tonteos entre chicos y chicas–. Hay que diferenciar aquellas mentiras que no implican un daño potencial para el adolescente de las que sí.
  • En los jóvenes que emplean la mentira como medio normal para manejarse, puede esconderse una falta de asertividad, baja autoestima, una educación excesivamente autoritaria o la falta de confianza y comunicación con los progenitores.
  • Para saber si tu hijo oculta algún trastorno tras esta conducta, habla con él y con el colegio para averiguar si está generalizando el uso de la mentira a todos los contextos. Si es así, conviene acudir al especialista, pues un alto porcentaje de casos esconde un trastorno emocional.
  • El propio mecanismo de defensa emocional de los padres pasa por generalizar la desconfianza hacia el hijo, lo cual no crea el clima adecuado para que las cosas cambien. La solución debe empezar por volver a una situación de confianza mutua.
  • Si habéis decidido interrogarle, deberíais plantearos antes si realmente estáis preparados para encajar la verdad y si la mentira en sí va a afectaros más o menos que el hecho de que vuestro hijo os haya engañado. Vuestra reacción es vital y conviene estar listos para enfrentaros a ello sin menoscabar más su autoestima, aumentar el miedo…
  • Muchos libros hablan de gestos que delatan las mentiras. Sin embargo, no dejan de ser detalles cuyo significado depende de otros muchos factores. Lo más recomendable es dedicar el tiempo necesario para conocer a tu hijo.

Videojuegos en positivo

Tras las vacaciones los niños recuperan sus hábitos de juego. De los últimos tiempos, la forma de ocio más extendida entre ellos son los videojuegos. Sin que los padres pierdan de vista el tipo de juego que consumen sus hijos, éstos se pueden beneficiar de contenidos que estimulan el intelecto, promocionan valores e incluso invitan al desarrollo físico.

El cole acaba de comenzar. El período estival ya ha concluido para millones de chavales y es hora de hincar los codos, dejando atrás el largo día de luz y el calor del verano. Esto significa también recuperar distintas formas de pasar las horas de juego, acentuadas a medida que el niño transcurre más tiempo en casa. Y sin duda, los videojuegos están dentro de su preferencia.

No obstante el 78% de la población entre los 11 a los 16 años es usuaria. Existen además datos que corroboran el inicio de los menores en su consumo a la edad temprana de 4 años. Una realidad que conlleva ciertas reticencias entre los padres, debido a algunas connotaciones negativas que este tipo de diversión, ya extendida a más de 9 millones de españoles, se asocian a sus contenidos. Es sobre todo la violencia el elemento que más preocupa, ya que hay estudios donde se indica que en determinados videojuegos hay “una conexión entre jugar a disparar a una persona y el modelo de actividad cerebral característico de actos y pensamientos agresivos”.

Pero no es menos cierto que, como el mismo estudio concluye, “existe la posibilidad de que haya más efectos positivos que negativos de jugar con videojuegos, como mejorar las habilidades físicas y cognitivas o socializar con compañeros”. En el caso de España, la mayoría de los videojuegos comercializados son para todos los públicos. La propia industria hace sus deberes gastando dinero y esfuerzos para informar sobre la idoneidad de los juegos a través de un sistema de clasificación por edades. De hecho pueden descubrirse cientos de títulos que tranquilizarían a los padres, muchos de ellos con características que aportan algún tipo de beneficio en el jugador.

Así el debate de la conveniencia o no de los videojuegos se traslada a la esfera del uso racional de cualquier tecnología y de estar pendientes de quienes habitualmente la utilizan.

Conocer los juegos

Ante la evidencia de que los videojuegos están continuamente presentes entre los más jóvenes, conocerlos mejor y distinguir sus virtualidades forman parte de una asignatura pendiente para muchos padres. “Hay que tener claro que el mejor juego para un niño es el que juega con los padres”. En este sentido, hay compañías de videojuegos dispuestas a facilitar las cosas. En la página oficial de Nintendo existe una sección que pretende orientar a los padres sobre los videojuegos de la compañía e invita a formular cualquier duda.

Incluso para algunos juegos se han hecho guías para padres, para entenderlos e implicarse con sus hijos. Es el caso de la Guía de Pokémon para padres creada por el equipo de psicólogos del Centro Biem de Madrid, donde se destacan los valores de compañerismo y amistad del juego. Desde hace unos años la postura distante de los padres frente a los videojuegos está cambiando. A ello ha contribuido de forma decisiva la aparición de títulos pensados en la familia y de videoconsolas, como la Wii de Nintendo, con funcionalidades que invitan a la participación activa.

Juegos como Wii Sports o Family Trainer han unido a padres e hijos en partidas delante del televisor. La socialización rompe con la idea de que el videojuego aísla, por el contrario se recupera el espíritu del juego de mesa en versión digital, aunque ahora las reglas se las explican los menores a los mayores. Además las posibilidades de jugar online amplían el horizonte de comunicarse con más jugadores en cualquier punto del planeta. “El juego del siglo XXI pasa inevitablemente por ser digital e interactivo”.

Más que diversión

Debido al tiempo que se invierte en los videojuegos, los padres demandan algo más que la pura diversión. Juegos como los de la serie Buzz, de Sony, basados en el modelo quiz de preguntas y respuestas similar al de los concursos de televisión, promocionan conocimientos de cultura general y hacen bueno lo de aprender jugando.

Efectos positivos

Para muchos investigadores los beneficios inherentes en los videojuegos son palpables. A través de ellos se desarrollan destrezas y habilidades espaciales, mejoran la atención visual y la memoria, la sensibilidad para los contrastes y la capacidad de decisión y planificación”.

Juegos de estrategia y de puzzles cumplen con algunos de estos preceptos y títulos tan conocidos como Brain Training son un contrastado ejercicio neuronal con sus retos matemáticos y de lenguaje. En el mercado podemos encontrar una gran variedad de títulos con un enfoque claramente didáctico. Algunos buscan la potenciación en el aprendizaje de idiomas (Practise English) o mejorar el lenguaje (Mi experto en vocabulario). Otros ayudan a acercarse al mundo de la música, como Wii Music, donde podemos extraer sonidos manejando el control de la consola como si fuera un instrumento, e incluso formar una banda musical con otros jugadores.

Esta singular propuesta fue concebida por Nintendo como medio de atraer a toda la familia y se lanzó con el apoyo de una experta, la directora de orquesta Imma Shara, para quien “es un puente perfecto como iniciación básica al mundo de la música de una manera relajada y divertida”. El aval de expertos para respaldar las bondades de un juego es habitual en importantes títulos, especialmente aquellos que suponen ponerse en forma. Wii Fit de Nintendo cuenta con el apoyo de la clínica de ejercicio SPE y EA Sports Active es recomendado por la Fundación Española del Corazón. Las compañías del videojuego se curan así en salud, incluso aportan su grano de arena al ser considerados muchos de sus juegos convenientes en los centros hospitalarios. En algunos de éstos se utilizan para paliar en el paciente infantil el estrés previo y el postraumático a una operación, con juegos como el famoso Tetris. Otros usos se dan en casos de rehabilitación, de déficit motores, de visión y cognitivos.

Responsabilidades

Del potencial beneficioso del videojuego queda todavía por investigar. No se puede obviar que en última instancia es un producto eminentemente lúdico y no siempre estará acompañado de un plus de carácter educativo. De ahí que la vigilancia sea fundamental, y como apuntan desde ADESE (Asociación Española de Distribuidores y Editores de Sofware de Entretenimiento) también se haga necesaria la implicación de los padres. En sus manos está la posibilidad de introducir el control parental que admiten todas las videoconsolas e impide jugar a determinados títulos, así como realizar descargas online.

De igual forma, la misma Asociación advierte del peligro de piratear videoconsolas ya que se abre la veda al consumo indiscriminado de juegos copiados o descargados ilegalmente, por ende se pierde el control. Quizá también sea importante recordar que el videojuego ha sido considerado recientemente en el Congreso como un bien cultural.

Primer día de cole

A pesar de que muchos sientan ganas de ver a sus compañeros y compartir sus aventuras estivales, la vuelta al cole resulta dura para todos los niños. Algunas circunstancias, como ser repetidor o excesivamente tímido, pueden provocar que la adaptación no se desarrolle con tanta normalidad.

“La empatía, el afecto, el deseo de compartir, el inhibirse de agredir, la capacidad de amar y ser amado y un sin número de características propias de una persona asertiva, operativa y feliz están asociadas a las capacidades de apego formadas en la infancia y niñez temprana”. Un vínculo sano y sólido entre padres e hijos es una garantía que prepara al niño para su integración social. Sus relaciones, que en un principio eran con adultos, empiezan poco a poco a desarrollarse entre iguales con primos, vecinos… para hacerlo ya plenamente en el contexto escolar.

El momento de abrirse

Nuevos retos van a poner a prueba las capacidades de autonomía alcanzadas por el niño al comienzo del curso. Si consigue superarlos con éxito, potenciará su independencia adoptando actitudes como ser participativo en clase, compartir sus cosas o aprender a defenderse y expresar libremente sus ideas.

Las relaciones que el niño establece en el colegio desempeñarán un papel fundamental en su vida, pues las amistades que haga serán su principal apoyo para aclimatarse y asimilar las cosas que le ocurran; mientras que el rechazo de sus compañeros le inhibirá en la exploración, dará lugar a quejas constantes, tristeza, apatía por ir al cole y un excesivo apego hacia los adultos.

En cuanto a los nuevos retos que se le plantean, “es importante que familia y colegio resalten los valores no intelectuales para que el niño tenga claro que el hecho de que no se le den bien las matemáticas no implica ser peor. Algunos niños sufren mucho debido a que se magnifica el valor de los resultados y no del esfuerzo, la constancia o la creatividad, cuando la realidad es que no todos estamos dotados con las mismas capacidades. Relativizar el valor del rendimiento intelectual o de las destrezas físicas y diversificar los valores, facilitaría que todos los niños se sintieran integrados y puedieran tener una autoestima sana, aceptando que no todos hacemos bien las mismas cosas”.

A veces el comienzo de la etapa escolar resulta un crudo choque con la realidad difícil de asumir por un niño. Sobre todo si sus padres han tendido a sobreprotegerle o le han ofrecido una imagen falsa o idealizada de sí mismo, fomentando que no sea consciente de sus capacidades y sus limitaciones reales. De este choque nace en muchos casos el miedo al fracaso.

Ser objetivo como padre también es una ayuda para no dejarte engañar por él. Hay niños que se resisten a ser autónomos y crean en los demás la necesidad de ser ayudados. Lanzan señales de desprotección tanto a los adultos como a los demás niños para ser tratados con mayor miramiento. La reacción de los demás, incluso entre sus iguales (amigos, primos, compañeros…), suele ser protegerlos, lo que alimenta una actitud irresponsable y dependiente que suele aflorar nada más empezar el curso y que dará muchos quebraderos de cabeza a los padres en los días venideros.

Prepárale en casa

“Cuando un niño asiste por primera vez al colegio sin haber pasado por la escuela infantil, la adaptación puede resultar más dura. Muchas veces el malestar ante el primer día de colegio viene propiciado por la ansiedad de separación de sus padres. En función del temperamento del niño, y de las experiencias previas, manifestará más o menos malestar, pero hay que entender que es un proceso de adaptación y que será algo transitorio. En niños que ya han acudido otros años al colegio habría que analizar más el motivo. Quizás tengan dificultades con sus compañeros o un exceso de dependencia hacia sus padres. Sin embargo, es muy común que el cambio en las rutinas estrese a los niños y haga que durante los primeros días muestren resistencia a ir a clase”.Lo mejor para ayudarle a afrontarlo es que el niño no nos vea nerviosos y angustiados. Si nos preocupamos cuando le dejamos en la puerta del colegio o cuando le vemos llorar, es mucho más fácil que el niño aumente su ansiedad. “Los padres sienten mucha angustia al ver al niño sufrir, pero es importante que él no lo perciba y que la situación se normalice.

Otra cosa importante es transmitirle una idea positiva sobre el colegio. Hay que decirle que hará muchos amigos, que se está haciendo mayor y va adquiriendo responsabilidades como papá y mamá, que va a aprender cosas nuevas, etc. Por último, la asistencia al colegio debe ser regular. En ocasiones, como el niño lo pasa mal, decidimos que los primeros días de adaptación puede quedarse en casa. Sin embargo, es bueno que acuda con el resto de los niños y comunicar a su profesor lo que le pasa para que favorezca su integración”.

Cuándo y cómo actuar

Una vez pasado el estrés del primer día, el siguiente paso es preguntar a los profesores cómo está el niño en clase pasados unos minutos. Muchas veces los niños entran mal a clase, pero pasado un rato se muestran totalmente integrados. Si se confirma que el niño sufre durante toda la jornada, habría que analizar qué cosas están contribuyendo a ello y modificarlas. Hay que transmitir tranquilidad y entereza, que no consiga quedarse en casa. Si el problema no mejora, conviene consultar al especialista.

“Cuando un niño es muy tímido y su angustia por ir al colegio no tiene que ver con el proceso de adaptación, sino con dificultades en la socialización, hay que analizar bien lo que ocurre y asesorarse bien de la forma adecuada de adquirir habilidades sociales. Soluciones como apuntarle a actividades con niños cuando aún no está preparado puede intensificar el problema”.

Ayudar a los más tímidos sin perjudicar su autoestima

  • Sobreprotección: Transmite dos mensajes “mis padres me quieren mucho” y “nos soy capaz de defenderme solo, necesito protección”. Por eso, el niño sobreprotegido es más inseguro, más inmaduro y más predispuesto a padecer ansiedad que el resto. Si no se pone remedio, el niño irá adoptando conductas de una persona dependiente, indecisa, miedosa e introvertida.
  • Etiquetas: Repetirle que es ‘parado’, ‘vergonzoso’ o ‘incapaz de hacer nada solo’, incluso calificarlo así ante otros adultos estando él delante es como colgarle un cartel para recordarle constantemente sus limitaciones, pues la autoestima comienza a configurarse a través de lo que los demás dicen que somos. Hablar con el profesor para que reciba un trato especial es peligroso si éste adopta una actitud de excesiva atención hacia él debido a que la autonomía del niño se verá de nuevo mermada y despertará el rechazo de sus compañeros.
  • Presiones: No le exijas más de lo que puede dar. Si no puede complacerte, verá menoscabada su previsión de éxito y dejará de esforzarse en otros ámbitos por temor a no ser suficientemente bueno. Invitarle a tener iniciativa o a expresarse no es obligarle a hacerlo. Si lo haces, sólo obtendrás inhibición y silencio.
  • Dependencia: Si sus propios padres actúan como portavoces, no pueden esperar que después el hijo asuma la responsabilidad de hablar o actuar. Siempre esperará a que otro lo haga por él y, si esto no sucede, se angustiará y se bloqueará ya que no ha aprendido a valerse por sí mismo.
  • Soluciones:  Evita resolver sus conflictos. Piensa con él lo que puede hacer si sus compañeros no le hacen caso o un niño se mete con él. En lugar de llamar a los otros padres para zanjar cualquier tema, pregúntale qué cree que debería hacer para que acepte la responsabilidad de resolverlo por sí mismo.
  • Enfados: No cedas ante los chantajes emocionales ni intentes contentarle constantemente. Debe aprender a manejar solo su frustración. Fomenta el diálogo sobre sentimientos para ayudarle a reconocer sus emociones.

¡Odio ser el nuevo!

Un cambio de colegio o repetir curso provoca una sensación de inseguridad en el niño debido a que tendrá que hacerse un hueco en un grupo que ya está formado, mientras aún echa de menos a sus antiguos compañeros.

El cambio de colegio es algo inicialmente estresante. Además, en muchos casos, también hay una mudanza, lo que implica más cambios. A los más extrovertidos les atrae la nueva situación y se adaptan pronto. En otros casos, sin embargo, los padres saben que a su hijo le resultará duro y deben anticiparse. Es importante ir a ver el colegio con él y que le dejen opinar; mostrarle las ventajas que tiene, informarse de si algún niño del entorno irá a su colegio y propiciar que se relacionen. Los profesores suelen favorecer la integración con actividades o sentándolo cerca de niños con características prosociales. Una vez hecho el cambio, los padres también deben integrarse y relacionarse con otros padres para ir juntos al parque, invitar a un ‘amiguito’ a casa, etc, para afianzar más la relación y que el niño se sienta seguro.

Por otro lado, es posible que los repetidores vean mermada su autoestima. Los padres deben trasmitirles la idea de que durante ese curso las cosas pueden ir mucho mejor y que avanzar es un camino largo, donde a veces nos estancamos o retrocedemos, pero también forma parte del camino, que el progreso es una carrera de fondo y no un sprint. Así estarán más preparados para afrontar las frustraciones dentro y fuera del colegio.