Pues mi padre lo hace

Estamos hartos de oír cómo psicólogos, pedagogos, profesores, maestros y campañas dirigidas a los padres destacan la importancia que tiene para la educación de los hijos ser un modelo de conductas y hábitos. Sin embargo, seguimos siendo un mal ejemplo para ellos en muchos aspectos de la vida que ellos inconscientemente aprenden y repetirán en el futuro sin entender muy bien en qué momento reproducir una actitud se ha convertido en parte de sí mismos. Y es que no basta con decir ‘hazlo’, nuestros hijos necesitan ver que nosotros lo hacemos primero.

Quizás sea difícil adaptar tus manías, malos hábitos o inexistentes costumbres a lo que debería ser un manual de conductas apropiadas para tu hijo. Pero eres padre o madre y tu hijo está ahí, mirándote con los ojos tan abiertos como su capacidad para aprender y repetir cualquier cosa que digas o hagas. Sin lugar a dudas, ese manual de conductas eres tú y tu ejemplo será vital para cualquier cosa que quieras transmitir a tu pequeño.

La imitación ocupa gran parte del juego del bebé. El adulto muestra cómo se mueve la mano al compás de Cinco lobitos y el bebé lo reproduce cuando oye la melodía. Así desarrolla su psicomotricidad o pronuncia sus primeras palabras basándose en las repeticiones del sonido que el adulto realiza frente a él. Por tanto, podemos considerar que la imitación marca una etapa del desarrollo que comienza alrededor del final del primer año o al comienzo del segundo, cuando los niños empiezan a imitar los actos de otras personas demostrando sus crecientes habilidades cognoscitivas.

“Cualquier etapa es importante para predicar con el ejemplo, en los primeros años para su desarrollo cognitivo y posteriormente para su adaptación social, escolar, personal… Es fundamental que los padres establezcan normas y límites claros, lo que consiste en que no basta con decir ‘antes de comer, hay que lavarse las manos’; además el niño necesita observar por sí mismo que las palabras están apoyadas en la propia imagen de la acción realizada. Así la conducta a adquirir reforzada por el apoyo visual ayuda a adquirir más sólidamente el hábito”.

Conductas coherentes

¿Cuántos niños habrán visto a sus padres hacer todo lo contrario de lo que les dicen que deben hacer? ¿Cuántos, al preguntar por qué, han encajado la confusa frase ‘cuando seas padre, comerás huevos’? “Lo que no podemos hacer –y menos si el niño tiene pocos años– es decirle una cosa y que vea otra porque le creamos contradicciones e inseguridades”.

“Cuando nuestro hijo nos pilla haciendo algo prohibido para él, debemos reconocer que no está bien, que nos hemos equivocado y que las consecuencias son negativas” tanto para él como para nosotros, es decir, nada de enviarle mensajes como ‘yo soy mayor y por eso estoy por encima de las normas y las consecuencias’. “Además, debemos explicarle que intentaremos que no vuelva a ocurrir”, así interpretará que los adultos nos equivocamos, pero también intentamos corregirnos por nosotros mismos.

“La única postura cercana al modelo perfecto –que no existe– consiste en ser coherentes, concisos y comprensivos”.  Es decir, “los límites tienen que ser claros, expuestos con respeto y tranquilidad; las consecuencias para el cumplimiento y el incumplimiento de las normas deben ser coherentes e inmediatas, y el diálogo ha de ser abierto y adaptado a la edad del niño. Y todo dentro de un clima de respeto, tolerancia y amor”.

Sin contradicciones

‘Mamá sí que me deja’: Hay que evitar las contradicciones ante sus ojos. Padre y madre deben estar de acuerdo en todo, aunque tengan que discutirlo cuando él no esté. Si no, puede utilizarlo como chantaje. Pero si esto ha ocurrido ya, hay que explicarle que en ese caso tenéis opiniones diferentes, pero que os pondréis de acuerdo en la mejor opción. De este modo, además, le estamos enseñando a negociar y a ceder.

‘La profe dice que esto no es así’. No debemos desautorizar la figura de referencia escolar por el bien del niño, pues le crea inseguridades. Lo más importante es explicarle que hay tantos puntos de vista como personas y que las normas pueden variar dependiendo del ambiente, pero que todas se basan en el respeto. Los profesores se quejan de su falta de autoridad ante algunos niños y, cuando hablan con sus padres, se dan cuenta del motivo: su falta de apoyo, los malos modales y la desautorización del docente por parte del adulto ante sus hijos.

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