Actividad Física en la Infancia

Los beneficios de la actividad física infantil son variados e imprescindibles para un buen desarrollo físico y psíquico, contribuyendo a fortalecer la personalidad del niño y valores importantes para la vida en sociedad.

Llamamos actividad física a cualquier movimiento voluntario realizado por los músculos esqueléticos y que produce un gasto de energía adicional al que nuestro organismo necesita para mantener las funciones vitales. Por tanto, actividad física es andar, transportar un objeto, jugar al fútbol, bailar, colaborar en limpiar la casa y cualquier otra ocupación similar entre las que puede realizar diariamente un niño. Cuando la actividad física se planifica, se organiza y se repite con el objetivo de mantener o mejorar la forma física se denomina ejercicio físico. Y si además este ejercicio físico se realiza dentro de unas reglas, de forma competitiva y conjugando la actividad con el desarrollo de otras características de la persona, hablamos de deporte.

La actividad física y el ejercicio realizados de forma habitual tienen unos efectos beneficiosos para la salud ya desde la infancia. Sabemos, por ejemplo, que cuanto más ejercicio realicemos y más activa sea nuestra vida más posibilidades tendremos de evitar la obesidad; además podremos alcanzar un mayor desarrollo de la masa muscular y una mejor salud ósea, lo que nos ayudará a prevenir la osteoporosis. Tendremos menos enfermedades cardiovasculares en la edad adulta y disminuiremos la posibilidad de padecer ciertos tumores. También vamos a mejorar en nuestros hijos la sensación de bienestar, su estado de ánimo (condicionante de su salud mental) y es probable que en la adolescencia consuman menos tóxicos. Todas estas afirmaciones son la conclusión de numerosos estudios. Junto a todos esos beneficios, la actividad física, el ejercicio y el deporte sirven para fomentar en el niño ciertos valores, como una relación social positiva, el espíritu de superación y la compensación en el esfuerzo; y en algunos niños, especialmente en aquellos con algún problema de salud o que padecen alguna enfermedad crónica, son un modo de mejorar su autoestima y su integración familiar y social.

Sin embargo, los datos de las últimas encuestas nacionales muestran que cerca del 80% de la población no realiza la actividad física que se considera necesaria para mantener la salud. Y se da una situación curiosa: los adultos creen que los niños hacen cada vez más ejercicio, cuando en realidad hacen cada vez más horas de vida sedentaria. Es decir, también en este caso la realidad y la opinión general no coinciden. No puede ocultarse que el actual modelo social no favorece la actividad física: las actividades cotidianas están mecanizadas, nuestro trabajo requiere menos esfuerzo y movimiento, y el tiempo libre de niños y adultos es más inactivo. Lo que ocurre es que muy pocas personas realizan mucha actividad física. De hecho, puede afirmarse que estamos en la edad del sedentarismo y de sus consecuencias sobre el estado de salud.

Por tanto, a los padres debemos de recomendarles un plan de actividad física regular para su hijo. Por ejemplo: hasta los 3 años jugar en el parque al menos media hora diaria; a partir de esta edad pasear todos los días de 20 a 45 minutos; después de los seis años practicar algún deporte al menos una vez a la semana. Esto debe combinarse con una limitación de la vida sedentaria, en los niños relacionada sobre todo con el uso de las pantallas (de la TV, del ordenador y de los juegos electrónicos): No más de una hora diaria, cuando lo merezcan y siempre a cambio de algo. Además, los padres deben conocer los contenidos de los programas que consumen sus hijos y preocuparse por cómo pueden influir en su desarrollo. Tendríamos que hacerles comprender la importancia de que compartan con sus hijos la diversión y favorezcan en él la asociación de actividades saludables y buenos recuerdos. Así se educan los buenos hábitos de vida: estableciendo rutinas diarias y ayudando a su interiorización mediante experiencias agradables.

Dos ideas importantes:

  1. Los hábitos de vida –buenos o malos- se inician en los primeros años; desde luego antes de llegar a la escuela. Cuanto antes se ocupen y se preocupen de los hábitos de vida de su hijo, más posibilidades tendrán de ayudarle a vivir con más salud.
  2. Si quiere que sus hijos tengan unos buenos hábitos de vida, empiece por usted. Que crezca viendo a sus padres realizando ejercicio diario, comiendo de forma sana, con buenos hábitos de higiene y consumiendo de forma sensata. Es decir: pensar en los problemas antes de que se presenten y dar ejemplo.
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