¿Por qué no tenemos recuerdos de nuestra primera infancia?

Alguna vez nos hemos hecho esta pregunta y al ver a nuestros hijos nos gustaría saber qué experiencias permanecerán en su memoria de adulto. Sin embargo, los psicólogos aseguran que algunos de los recuerdos infantiles más arraigados probablemente nunca sucedieron.

Es poco frecuente que se tengan recuerdos anteriores a los tres años. En psicología a este fenómeno se le llama Amnesia infantil, y la explicación viene dada por que el sistema neurológico no está desarrollado completamente. Se carece del lenguaje y del conocimiento para la interpretación y codificación de la información, además no se domina el sentido de uno mismo, del tiempo y la capacidad para discriminar entre realidad y fantasía.

Importancia del lenguaje

En realidad no se han olvidado las experiencias, sino que “están archivadas y de hecho han ejercido una influencia determinante sobre la vida futura. Sobre ellas se han basado los aprendizajes posteriores, pero estos recuerdos son difíciles de rescatar, sobre todo si son anteriores a la adquisición del lenguaje”. Efectivamente resulta muy complicado recuperar una información que no ha sido codificada, y en el caso de los recuerdos el lenguaje es la clave. La adquisición del lenguaje además implica que las vías nerviosas ya están listas para afrontar dificultades mayores. Utilizamos el lenguaje para expresar nuestros recuerdos, lo cual ayuda a adquirir una memoria a largo plazo.

Etapa de Transición

El final de la etapa de ausencia de recuerdos tempranos da lugar,  a una etapa de transición en la que sólo se recuerdan fragmentos aislados e inconexos de imágenes, comportamientos o emociones sin referencia contextual.

Gracias a la relación lenguaje-pensamiento se comienza a ejercitar la memoria a largo plazo. Porque aunque desde muy pequeños la función de identificación está desarrollada, es decir, la capacidad para reconocer algo, hasta la aparición del lenguaje, el niño no es capaz de reproducir o evocar algo.

Memoria cambiante

Pero los recuerdos varían a lo largo de la vida. Investigadores de la Universidad Memorial de Newfounland de Canadá han realizado un estudio con niños de edades comprendidas entre los cuatro y los trece años. Se realizaron entrevistas donde se les pedía evocar recuerdos de sus tres primeros años de vida. Dos años después fueron preguntados sobre lo mismo, apuntando la edad que tenían en cada uno de los recuerdos. Los padres confirmaban los acontecimientos narrados y las fechas.

Los resultados pusieron de manifiesto que los más pequeños, es decir, los niños entre 4 y 7 años, presentaban recuerdos distintos a los narrados dos años antes. Sin embargo, los que tenían entre 10 y 13 años, describieron lo mismo y con la misma información. Estos resultados demuestran que “la memoria de los niños más pequeños tiende a cambiar, ya que los recuerdos de los primeros años de vida se van borrando por los nuevos según se van haciendo mayores. Sin embargo, conforme van creciendo los niños, sus recuerdo se vuelven más consistentes”.

Recuerdos con añadidos

Hay otro factor que debemos tener en cuenta. A lo largo de la vida una vivencia se “enriquece” con sensaciones, percepciones, motivaciones… y al final los recuerdos no son tan reales como creemos. Esto unido a que la capacidad para discriminar entre realidad y fantasía no estaba desarrollada en el momento fruto del recuerdo y a la narración de terceras personas… ‘cualquier parecido con la realidad puede ser pura coincidencia’. Pero no porque se mienta: en la mente adulta ese recuerdo se tiene como algo que realmente ocurrió.

Cómo desarrollar la memoria del niño

  • Desarrollar los sentidos: Especialmente vista y oído fomentando atención, curiosidad y observación. Puedes ocultarle parcial o totalmente objetos y hacerlos aparecer, jugar al cucú-tras.
  • Desarrollar el lenguaje: Para fomentar el pensamiento lógico y que puedan expresar ideas, opiniones y sentimientos. Puedes estimularle con sonidos, canciones o cuentos asociados con gestos.
  • Charla de memoria: Comenta con él por la noche lo que habéis hecho durante el día.
  • Concepto Tiempo: Ve tachando en un calendario los días que van transcurriendo.
  • Habilidad motriz: Para manejarse en el entorno y clasificar sus percepciones. Esto le va a permitir comprobar, establecer semejanzas, diferencias y constituir relaciones entre los nuevos conocimientos y los que ya posee.
  • Relaciones sociales: Que le permitirán ejercitar habilidades como conversación, escucha, creatividad o razonamiento. Es de gran utilidad el juego simbólico, las tarjetas de asociación, barajas de familias, puzzles o adivinanzas.
  • Afectividad: Es determinante. Lo que reciben cargado de cariño en un ambiente familiar recala en su historia con más fuerza.
  • Imágenes: Recuerdan mejor las imágenes que las palabras, y la realidad que las imágenes.

Fases de la memoria

  • Memoria implícita: Es un tipo de memoria en la que las experiencias previas ayudan en la ejecución de una tarea, sin que exista una percepción consciente de la existencia de esas experiencias. Ayuda al bebé a alegrarse cuando ve a su madre armar el carro porque sabe que va a la calle. Se desarrolla desde el nacimiento.
  • Memoria explícita: Es aquella que se hace consciente del pasado de los hechos y experiencias concretas, esas experiencias han dejado la huella sobre la que caminará en el futuro nuestra forma de ser. Puede ser de dos tipos:
  • Memoria semántica: Comienza antes del segundo año de vida y requiere madurez nerviosa del hipocampo. Algunos de ejemplos de memoria semántica serían el conocimiento de sucesos históricos, la capacidad para reconocer amigos y conocidos, o la información aprendida en la escuela, como el vocabulario especializado, la lectura, la escritura o conocimientos matemáticos. Según algunos psicólogos estaría localizada en el hemisferio izquierdo.
  • Memoria episódica: Requiere desarrollo de las regiones prefrontales. Es la responsable de las capacidades de recuerdo de hechos e identificación de personas en un marco contextual. Se madura entre los 3 y 5 años. Es la memoria de las experiencias de la vida centrada en uno mismo. La memoria episódica es necesaria para el “viaje temporal” mental: recordar el pasado e imaginar el futuro. Se considera una cualidad únicamente humana que depende de la maduración. Suele estar relacionada con la actividad del hemisferio cerebral derecho
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