Archive for 30 noviembre 2011

¿Pubertad o adolescencia?

La adolescencia es un estadio propio de la especie humana: no se han descubierto en el animal conductas específicas de la adolescencia. Y es necesario aclarar que pubertad y adolescencia, no son sinónimos.

Para empezar podemos decir que la adolescencia se puede agrupar en tres periodos:

  • Adolescencia temprana: 10 a 12 años.
  • Adolescencia media: 12 a 16 años.
  • Adolescencia tardía: 16 a 19 años aproximadamente.

La duración de cada etapa es orientativa, ¡el desarrollo no es igual para todos, ni tiene reglas fijas! La aparición de esta etapa nos desconcierta y la actitud del individuo resulta incomprensible para el adulto.

Llamamos pubertad al conjunto de cambios físicos que a lo largo de la segunda década de la vida transforman el cuerpo infantil en cuerpo adulto con capacidad para la reproducción. Llamamos adolescencia a un período psicosociológico que se prolonga varios años y que se caracteriza por la transición entre la infancia y la adultez. La pubertad es un fenómeno universal para todos los miembros de nuestra especie y la adolescencia, por su parte, es un hecho psicosociológico no necesariamente universal y que no adopta en todas las culturas el patrón de características que adopta en la nuestra.

La pubertad se describe como el periodo durante el cual el cuerpo adquiere características adultas, y la adolescencia, el tiempo en que la persona crece y se desarrolla psicológicamente, emocionalmente y socialmente.” En las chicas el periodo puberal (estirón) se inicia a los 9-10 años; en los chicos a los 11-12 años.

No obstante, no todos los individuos viven este periodo madurativo ni al mismo tiempo, ni de la misma forma. Incluso en otras culturas es muy diferente a cómo se desarrolla en la nuestra.

Lo que llamamos PUBERTAD se refiere al inicio de la maduración sexual. Es el momento cuando el niño experimenta cambios físicos, hormonales y sexuales, para lograr la capacidad de reproducirse. La pubertad está asociada con un crecimiento rápido y la aparición de las características sexuales secundarias.

La pubertad es un fenómeno de maduración anatómica-fisiológica que separa la infancia de la adolescencia propiamente dichas. Aproximadamente la mitad de la pubertad se superpone a la última parte de la niñez, y la otra mitad se superpone a la primera de la adolescencia.

No existen reglas fijas en cuanto a la aparición de esta fase de la vida. Cuando un niño sano tiene entre 9 y 16 años entra en la pubertad. La edad exacta depende de muchos factores de entre los que destacamos la herencia y la nutrición, y si es niño o niña. En promedio, los niños entran en la pubertad 2 años después que las niñas. En ese momento, la glándula pituitaria y el hipotálamo (glándulas endocrinas) comienzan a enviar nuevas hormonas que disparan los cambios de la pubertad.

Los niños de ambos sexos generalmente experimentan incrementos repentinos de estatura y peso. Las hormonas regulan y ayudan a determinar la constitución del cuerpo de la persona (ya sea que la persona tenga tendencia a ser alta o baja, delgada o gorda, etc.).

Las hormonas también son responsables del desarrollo de características sexuales secundarias y el aumento del interés sexual. En las niñas, los ovarios comienzan a incrementar la producción de estrógeno y otras hormonas “femeninas”, mientras que en los niños, los testículos aumentan la producción de testosterona.

Las glándulas sudoríparas se vuelven más activas y el contenido del sudor es diferente al de un niño pequeño (comienza a desarrollar cierto olor). Las glándulas sebáceas también se vuelven más activas y puede aparecer el acné.

En este momento la necesidad de la higiene personal se hace obvia y es importante que, tanto niñas como niños que comienzan a madurar, se preocupen por bañarse con regularidad y le presten atención a los demás aspectos de una buena higiene. El adolescente comienza a darse cuenta de que el desodorante o antitranspirante para las axilas es una necesidad. ¡Los profesores lo padecen mucho en las aulas!

La ADOLESCENCIA. Se trata de un período de transición entre la pubertad y la edad adulta. La adolescencia, es la etapa que se extiende, en líneas generales, desde los 12-13 años hasta aproximadamente el final de la segunda década de la vida. Se trata de una etapa de transición en la que ya no se es un niño, pero en la que aún no se tiene el estatus de adulto, sin embargo, la adolescencia tal y como nosotros la conocemos en occidente a finales del siglo XX, es hasta cierto punto, un producto de nuestro siglo. Muchos chicos y chicas occidentales a los que consideramos adolescentes pueden caracterizarse por estar aún en el sistema escolar o en algún otro contexto de aprendizaje profesional o a la busca de un empleo estable; por estar aún dependiendo de sus padres y viviendo con ellos; por estar realizando la transición de un sistema de apego en gran parte centrado en la familia, a un sistema de apego centrado en el grupo de iguales, etc, pero que todavía no coinciden con las de los adultos.

El adolescente se caracteriza por una introversión y timidez y una profunda desconfianza respectos a los padres. El individuo adopta una actitud reflexiva y crítica. Por otro lado, el mundo exterior despierta una actitud idealista. El impulso sexual estalla ahora con gran violencia.

La adolescencia tiende a considerarse como el período entre los 12 y los 19 años. El adolescente experimenta no sólo el cambio y crecimiento físico, sino también los cambios y el crecimiento emocional, psicológico, social y mental. Durante este tiempo, se espera que los adolescentes sean capaces de comportarse y responder como adultos.

Durante la adolescencia, el individuo desarrolla la capacidad para:

  • Comprender contenidos abstractos, como conceptos de matemática superior, y desarrollar filosofías morales, incluyendo derechos y privilegios.
  • Cuestionar los viejos valores sin sentimientos de temor o pérdida de identidad.
  • Ir gradualmente hacia un sentido más maduro de identidad y propósitos.
  • Establecer y mantener relaciones personales satisfactorias al aprender a compartir intimidades sin inhibición o miedo.

La concienciación sobre la salud y cómo enfrentar la vida, la felicidad y los logros debe comenzar a muy temprana edad en el hogar y continuar durante los años de adolescencia. El buen ejemplo proporcionado por los padres, la participación de los padres en el proceso del crecimiento y la atención a la educación pueden contribuir más a una adolescencia feliz y segura que cualquier otro recurso disponible. Este modo de actuación también es un modelo a seguir por parte de los docentes en el día a día con los alumnos en el aula.

En conclusión, la adolescencia es una etapa de crecimiento hacia la madurez como persona. Se caracteriza además por una formulación de una “filosofía de la vida”, de inestabilidad emocional, maduración sexual plena, generosidad, entrega, altruismo, romanticismo, consolidación del pensamiento lógico-formal, imitación intencional de “modelos”, afirmación de la personalidad.

El profesor en casa ¿Solución al fracaso escolar?

Las notas de vuestro hijo no fueron precisamente buenas según el boletín del colegio. Ahora, viendo que solos no conseguiréis que vuestro hijo recupere el nivel del resto de la clase pensáis que buscarle un profesor particular puede ser la solución. Para facilitarnos la tarea, algunas empresas nos lo mandan a casa.

No hay mal que por bien no venga, incluso cuando hablamos de fracaso escolar. Las altas tasas de suspensos están haciendo a muchos frotarse las manos ante el mercado de las clases particulares. Un negocio en auge que ya mueve cerca de 300 millones de euros al año.

“Más de un millón de alumnos en España reciben clases de refuerzo escolar. Y de estos el 50% lo hacen a través de clases particulares a domicilio”. Y es que ya no son los alumnos los que van a la academia del barrio. Cada vez son más las familias donde ambos cónyuges trabajan y apuestan por que sea el profesor el que venga a casa y se dedique 100% del tiempo a nuestro hijo.

Plan de trabajo familiar

El sistema consiste en, primero, realizar un diagnóstico del estudiante que acude a la agencia y detectar, de este modo, sus necesidades educativas, para, de forma posterior, buscar al profesor idóneo y fijar un plan de trabajo personalizado. La familia, como parte fundamental de la formación del estudiante, es informada en todo momento de la evolución de las clases, además de contar con flexibilidad en todos los sentidos: en la forma de pago, en los horarios e incluso en el cambio de profesor si lo creen oportuno.

Media de 200 €

En cuanto al coste para las familias de estas clases personalizadas,”aunque depende de lo que el alumno requiera y del nivel educativo, recibir unas 12 horas de clase al mes costaría unos 200 euros”. Con esta inversión las empresas garantizan que el aprobado queda asegurado.

“En el caso del inglés, la demanda de las clases particulares siempre ha sido muy fuerte”, aunque “nadie ofrece clases de calidad con profesores nativos . La clave está en lo auditivo. Hay que lograr que los alumnos entiendan a la primera”,

No obstante, aunque el inglés sea una de las materias más requeridas, las asignaturas de ciencias como Matemáticas, Física y Química siguen siendo los huesos más difíciles de roer para la mayoría de alumnos, seis de cada diez clases particulares que se demandan son de Matemáticas.

Clases de refuerzo

El futuro inmediato parece halagüeño para los profesionales de este sector ya que, si bien en otros países desarrollados este tipo de negocio está consolidado desde hace tiempo, en España aún hay mucho campo que explotar.

En Japón, el 60% de los alumnos de Secundaria acuden a academias particulares fuera del horario lectivo para mejorar la preparación que reciben del sistema educativo.

En España, sin embargo, la situación es bien diferente, porque uno de cada cuatro estudiantes requiere ayuda extraescolar y aunque son más de 25.000 los profesores que, según se estima, imparten clases particulares de refuerzo en las distintas materias y niveles, la profesionalización del sector está aún por llegar.

En busca del Aprobado

El modo de trabajo de estas empresas dedicadas a las clases particulares es bastante similar. En menos de 72 horas, un equipo identifica el tipo de refuerzo que el alumno necesita y marca las pautas para encontrar el profesor que más se encaja a cada situación.

  • Detectar las necesidades del alumno. Se evalúan las necesidades del alumno analizando su expediente académico y se realiza un Test y unas pruebas de evaluación que se llevan a cabo, o bien en casa con el profesor, o bien en las mismas oficinas de la empresa con el tutor. El objetivo es conocer mejor al alumno y su familia y detectar sus posibles problemáticas o carencias, así como sus capacidades y habilidades para ciertas materias. El test consta de un conjunto de pruebas adaptadas a la edad del alumno:
    • Prueba Memorística: con el objetivo de evaluar la memoria y percepción visual del niño, así como la capacidad de estructura y síntesis.
    • Prueba Numérica: con el objetivo de medir la memoria auditiva, la capacidad de relación y la capacidad de síntesis que tiene el alumno frente a una prueba de repetición numérica.
    • Prueba de conocimientos: finalmente se realiza una prueba de evaluación de los conocimientos del curso anterior. Se evalúan las asignaturas de lengua y matemáticas y aquellas en las que el alumno tiene dificultad.
  • Crear un plan de trabajo. Los resultados de las pruebas anteriormente mencionadas permiten al equipo académico orientar a la familia sobre las necesidades de los alumnos creando un plan de trabajo idóneo para cada uno. Además, se adecúa el plan de trabajo a las materias impartidas por cada centro educativo, creando así una coordinación con la escuela, siempre de acuerdo con los padres.
  • Selección del profesorado. El equipo académico se preocupa por detectar y aplicar el mejor método para cada alumno y por tener una cantera de profesores con vocación, titulación y experiencia docente.
  • Continuo seguimiento de la evolución de cada alumno a través de un informe.

Refuerzos negativos y refuerzos positivos

Cuando aplicamos un castigo se obtendrán mejores resultados si el educando conoce el motivo por el que es castigado y se le ofrece la posibilidad de realizar una conducta alternativa.

Que nadie dude de que quien es educado a base de “cachetes” y de “bofetadas”, sin duda utilizará estas medidas violentas con los demás.

Los psicólogos educativos utilizamos en lugar de cachetes, bofetadas, reprimendas y gritos al niño, refuerzos positivos que le indican al niño lo que debe hacer: alabanzas, abrazos, felicitaciones, reconocimiento en público. También empleamos refuerzos negativos, que alertan al educando de lo que ni puede ni debe hacer y al mismo tiempo lo que debería dejar de hacer para evitar el castigo, para evitarse problemas.

¿Qué es un castigo positivo?

El que pretende eliminar una respuesta (conducta) presentando un estímulo aversivo como puede ser la reprimenda, o el azote (que defienden algunos).

El castigo positivo se aplica de inmediato, nada más aparecer la conducta que pretendemos corregir. Se aplica sobre todo para corregir tres tipos de conductas: las agresivas (el niño está agrediendo a alguien), las autolesivas (se muerde o arranca el pelo) y otros comportamientos peligrosos contra las personas y las cosas.

Es verdad que al aplicar este tipo de castigos la conducta castigada desaparece súbitamente, pero se presentan los siguientes problemas:

  • Sólo sirve para el momento y el niño no se convence de que debe cambiar y sólo piensa en que le han castigado. No tiene verdadero propósito y convicción de enmendarse.
  • Se utiliza este tipo de castigos cuando ya se han intentado sin éxito otras estrategias para cambiar conductas y no han funcionado. El educador pierde los nervios y el control y el niño sigue sin convencerse de las ventajas de cambiar de conducta.

¿Qué es un castigo negativo?

El que se emplea para eliminar los estímulos y reforzadores de respuestas y conductas no deseadas, como puede ser retirar la atención al niño e ignorarle salvo cuando se porta bien o dejarle solo en su habitación, para que reflexione y al propio tiempo no reciba estímulos ni refuerzos de la conducta que se pretende eliminar.

Este tipo de castigos se utiliza para conductas menos graves como alborotar en clase o moverse de acá para allá y no hacer caso. Se le aísla unos minutos en un lugar para que se serene y tranquilice y piense que debe corregirse, apartado del ambiente que le incita a crear problemas o alborotar.

Otro castigo negativo es la sobrecorrección que consiste en impedir que el niño realice la conducta indeseada, guiándole y forzándole a realizar la conducta alternativa deseada.

Cuando aplicamos un castigo se obtendrán mejores resultados si el educando conoce el motivo por el que es castigado y al mismo tiempo se le ofrece la posibilidad de realizar otra conducta alternativa por la que recibirá alabanzas y refuerzos positivos, es decir, le resultará más rentable la buena conducta.

Pautas concretas a seguir:

  • Dar ánimos y aliento para que se repita la conducta deseada, cooperando con el niño, ayudándole y haciéndole sugerencias.
  • Enseñarle a lograr el objetivo de manera gradual, poco a poco y sin desanimarse por no lograr las cosas al primer intento.
  • Alabar y reforzar cada nuevo intento, esfuerzo y buena voluntad del educando.
  • Presentarle referentes, modelos y ejemplos de otros niños que también presentaban problemas semejantes y lograron superarlos.
  • Entrenarle en habilidades y destrezas y practicar con el niño para que aprenda y disfrute las buenas acciones.
  • Darle señales e indicadores de que se está portando bien o de que está mejorando.
  • Formarle en la complacencia del deber cumplido para que la verdadera recompensa sea la propia labor bien hecha más que las felicitaciones y premios.
  • Extinguir las conductas no deseadas evitando que el niño reciba cualquier recompensa después de llevar a cabo una conducta inadecuada.
  • Siempre recordarle que puede y es valioso e inteligente y tenemos plena confianza en él.
  • De vez en cuando presentarle una lista de objetivos logrados, de dificultades superadas y de habilidades adquiridas, con el fin de que observe que estamos orgullosos de su conducta y tenemos plena confianza en su buena voluntad, aptitudes y actitudes

Terapia con amigos de cuatro patas

Los beneficios de la interacción entre animales y jóvenes son mútiples y conocidos: fomentan los valores y favorecen la relación con el entorno. Por ello actualmente se emplean en terapias con niños autistas, hiperactivos o discapaditados físicos y mentales. Aunque en España todavía es una novedad, cada vez cobran mayor importancia.

¿Quién no tiene o ha tenido alguna vez una mascota?, en España más del 25% de las familias conviven con una, pero su presencia no sólo proporciona compañía, sino que es una excelente excusa para fomentar valores como la amistad, el respeto o la responsabilidad. Además de un cariño incondicional, los animales favorecen la interacción y la empatía con otros individuos, facilitando la relación del niño con su entorno.

Tantos son los beneficios que proporcionan que en la actualidad estas mismas mascotas se emplean en el desarrollo de terapias con menores discapacitados, niños autistas, personas mayores e incluso para aliviar el estrés de los altos ejecutivos. Es una modalidad de tratamiento bastante novedosa en nuestro país pero con excelentes resultados, ya que el animal, con un sistema de relación primario y unos sentimientos afectivos básicos, es capaz de establecer vínculos emocionales estables con rapidez y durabilidad.

¿A quien va dirigida?

La terapia con animales tiene un campo de acción muy amplio, pero quizá los que responden más positivamente a los estímulos que producen los animales son los ancianos y los niños –aunque existen tratamientos para enfermos psiquiátricos, drogadictos e incluso para reinserción de delincuentes.

Para un anciano un animal de compañía puede ser una excelente cura de juventud. La mascota les anima y revitaliza, ya que se vuelven a sentir responsables y ven que sus acciones son recompensadas con cariño y afecto incondicional. En España hay residencias que incluyen en sus programas las visitas de animales, generalmente de albergues, y que contribuyen a mejorar la calidad de vida de los abuelos.

El efecto que producen las terapias con animales en los niños tienen múltiples vertientes: por ejemplo, puede emplearse terapia con caballos para menores con dificultades en el lenguaje. También está la terapia dirigida a niños convalecientes o con largas enfermedades: la mascota hace las veces de compañero de juegos y ayuda a que el menor olvide lo peor de su dolencia. Sus aplicaciones con menores son múltiples, pero con excelentes resultados, ya que el animal proporciona afecto, estabilidad, ayuda a reforzar la estima personal y fomenta valores sociales.

En España todavía es novedad, pero encontramos interesantes experiencias en este campo. Este es el caso de la Fundación Genes y Gentes, que desde el año 2000 desarrolla en la comunidad aragonesa el programa Animal Amigo. La actividad comenzó con un pequeño grupo experimental de menores con síndromes genéticos, ampliándose a día de hoy a la totalidad de los colegios públicos de Educación Especial de Zaragoza.

Además de la Fundación Genes y Gentes, en existen otras asociaciones como la Fundación Affinity que realizan actividades similares, siguiendo la filosofía de interacción con animales como punto fundamental de la terapia.

Educar con animales

  • La mascota no es un regalo, es una responsabilidad para toda la vida. El niño debe ser consciente de que deberá cuidarlo y hacerse cargo de sus necesidades.
  • Los animales fomentan valores como la tolerancia, el civismo o el trabajo solidario. Los fomentan, pero es responsabilidad de los adultos trasmitirlos a los más jóvenes. La mascota es de todos.
  • Especialmente en niños que viven en entornos urbanos, la tenencia en casa de animales de compañía les acerca al conocimiento de las distintas especies y les pone en relación con la naturaleza.
  • Cuando los niños establecen una buena relación con su mascota aparecen sentimientos como la confianza o la fidelidad que contribuyen a reforzar la autoestima del menor. Los niños son más abiertos y seguros.
  • Tener un animal es una gran responsabilidad y requiere cierta empatía. No es aconsejable regalar mascotas a niños menores de seis años, todavía no son capaces de interactuar controlando sus emociones o su fuerza.
  • No hay que olvidar que la vida de un animal es relativamente breve. La muerte de una mascota –un fenómeno natural– puede resultar traumática si no se explica y prepara al niño para ella. Lo mejor, el diálogo.
  • Para elegir un animal es importante no guiarse por razas o modas, sino por su carácter, tamaño y necesidades: espacio, ejercicio, etc. Adoptar es una buena opción ya que en los centros asesoran a las familias y se hace un seguimiento de la mascota, para conocer su adaptación.

Enfermedades emergentes

Varios son los factores que han propiciado el retorno de muchas de las enfermedades infecciosas que creíamos erradicadas en la península, desde el cambio climático a las migraciones, pasando por la pobreza y la mejora de algunas infraestructuras.

En los últimos tiempos hemos asistido a la aparición de nuevos microorganismos patógenos para el hombre (capaces de hacerle enfermar). Concretamente, infecciones como la causada por el virus del VIH o el de la Hepatitis C o la fiebre hemorrágica provocada por el Ébola apenas tienen unas décadas de vida. No obstante, es más curioso si cabe el hecho de que también hemos tenido noticias de brotes de patologías que se creían erradicadas o perfectamente controladas gracias a los avances higiénico-sanitarios y a la evolución de los programas vacunales.

Ambos fenómenos no son sino la manifestación de la lucha que mantienen estos agentes patógenos por sobrevivir, atacando para ello el sistema defensivo del ser humano. Normalmente, este entramado es eficaz a la hora de repeler estos ataques, pero en ocasiones existen pequeñas fisuras por las que estos microorganismos se cuelan.

Estas brechas sanitarias a veces han sido lo suficientemente grandes como para permitir que las enfermedades supuestamente bajo control vuelvan a convertirse en una preocupación para las autoridades competentes y para los pacientes potenciales. Se trata de lo que los especialistas denominan enfermedades reemergentes.

De manera errónea, el fenómeno de la inmigración suele cargar con la culpa de estos brotes, pero en realidad, los especialistas no se muestran de acuerdo con dicha afirmación. Y es que son otros los factores que predisponen a la reemergencia de una enfermedad.

Factores de riesgo

  • El cambio climático no es ninguna falacia. Está comprobado que la temperatura del globo aumenta paulatinamente. Esto ha provocado que proliferen patógenos –o, fundamentalmente, los insectos y parásitos que actúan como vectores de los mismos– en latitudes del planeta en las que tradicionalmente no podían sobrevivir. De esta forma, existen numerosas enfermedades típicamente tropicales que actualmente se dan con cierta frecuencia en climas menos benignos.
  • La incursión y urbanización por parte del hombre de zonas cada vez más remotas también se ha convertido en un problema, ya que muchas de estas zonas pueden ser el hábitat natural de patógenos para el hombre.
  • Flujo de personas. Bien sea por necesidad de buscar un mejor futuro en otro país diferente al de origen, bien por el mero hecho de viajar de manera habitual a destinos cada vez más recónditos (ya sea por turismo o por cuestiones laborales), y sin olvidar los cientos de miles de desplazamientos que provocan las guerras, lo cierto es que los microorganismos lo tiene cada vez más fácil para originar un brote en cualquier parte del mundo.
  • Las mejoras en las infraestructuras relacionadas con el transporte, tienen también una cara menos amable. Animales, ganado y productos alimenticios viajan habitualmente y, con ellos, también lo hacen determinados causantes de enfermedades transmisibles al hombre.
  • La pobreza. Incluso en los países más favorecidos económicamente existen bolsas de pobreza y zonas marginales donde no se siguen los protocolos de vacunación y donde escasean las medidas de higiene más elementales. Este caldo de cultivo es idóneo para favorecer no sólo la aparición de un brote de una determinada enfermedad, sino su rápida diseminación al resto de la población.
  • Deficiencias infraestructurales. En algunas naciones los sistemas de vigilancia epidemiológica encargados de detectar posibles acumulaciones anómalas de casos de este tipo no funcionan correctamente. También puede ocurrir que aunque se pongan en marcha las alarmas relativas a un brote epidémico, los sistemas sanitarios no estén preparados para absorber el impacto del mismo.
  • Los patógenos que provocan enfermedades en el hombre son organismos vivos y, como tales, evolucionan, tratan de adaptarse al medio en el que habitan y transforman sus estructuras para superar las dificultades que se les van poniendo para su supervivencia. De esta manera, es esencial saber que, por muy controlada que esté una enfermedad infecciosa, siempre puede reactivarse por mera evolución natural.

De esta forma, la inmigración como tal no supone la base del problema, aunque sí es cierto que si estas personas no están correctamente inmunizadas pueden introducir el microorganismo a la vuelta de uno de sus viajes o por entrar en contacto con el mismo en su lugar al que ha ido a vivir –si la población autóctona está vacunada, no tendrá la enfermedad, pero el inmigrante sí–.

También representa un riesgo, aunque para ellos mismos, el hecho de vivir en condiciones de salubridad poco recomendables (hacinados en recintos pequeños, sin agua corriente, etc.).

Nuevos brotes

  • Tubercolosis. Enfermedad infecciosa provocada por Micobacteryum tuberculosis. Su contagio exige un contacto estrecho con el foco del patógeno y es extremadamente poco probable infectarse por la calle. El retorno de esta infección se debe fundamentalmente a la proliferación de zonas marginales y al aumento de casos de sida.
  • Malaria. El paludismo es un enfermedad tropical parasitaria causada por el protozoo Plasmodium falciparum, transmitido por la picadura del mosquito Anopheles. El cambio climático, fundamentalmente, ha favorecido que Anopheles sea capaz de reproducirse en zonas en las que antes moría por ser demasiado frías. Por su parte, los viajes a lugares exóticos y el mal cumplimiento de la profilaxis indicada en estos casos también han provocado casos en lugares remotos.
  • Sarampión. Esta infección causada por un mixovirus estaba prácticamente erradicada gracias a la vacuna de virus atenuados incluida en el calendario vacunal pediátrico desde hace años. La patología es de carácter benigno, aunque es muy contagiosa.La Comunidad de Madrid cursó la recomendación de adelantar la vacunación de los pequeños a los 12 o 13 meses.
  • Rubeola. Se trata de una infección respiratoria tremendamente contagiosa por vía aérea o por contacto con superficies contaminadas.

Varios son los factores que han propiciado el retorno de muchas de las enfermedades infecciosas que creíamos erradicadas en la península, desde el cambio climático a las migraciones, pasando por la pobreza y la mejora de algunas infraestructuras.

Autor: ALEJANDRA RODRÍGUEZ
En los últimos tiempos hemos asistido a la aparición de nuevos microorganismos patógenos para el hombre (capaces de hacerle enfermar). Concretamente, infecciones como la causada por el virus del VIH o el de la Hepatitis C o la fiebre hemorrágica provocada por el Ébola apenas tienen unas décadas de vida. No obstante, es más curioso si cabe el hecho de que también hemos tenido noticias de brotes de patologías que se creían erradicadas o perfectamente controladas gracias a los avances higiénico-sanitarios y a la evolución de los programas vacunales.
Ambos fenómenos no son sino la manifestación de la lucha que mantienen estos agentes patógenos por sobrevivir, atacando para ello el sistema defensivo del ser humano. Normalmente, este entramado es eficaz a la hora de repeler estos ataques, pero en ocasiones existen pequeñas fisuras por las que estos microorganismos se cuelan.
Estas brechas sanitarias a veces han sido lo suficientemente grandes como para permitir que las enfermedades supuestamente bajo control vuelvan a convertirse en una preocupación para las autoridades competentes y para los pacientes potenciales. Se trata de lo que los especialistas denominan enfermedades reemergentes.
De manera errónea, el fenómeno de la inmigración suele cargar con la culpa de estos brotes, pero en realidad, los especialistas no se muestran de acuerdo con dicha afirmación. Y es que son otros los factores que predisponen a la reemergencia de una enfermedad.

FACTORES DE RIESGO

– El cambio climático no es ninguna falacia. Está comprobado que la temperatura del globo aumenta paulatinamente. Esto ha provocado que proliferen patógenos –o, fundamentalmente, los insectos y parásitos que actúan como vectores de los mismos– en latitudes del planeta en las que tradicionalmente no podían sobrevivir. De esta forma, existen numerosas enfermedades típicamente tropicales que actualmente se dan con cierta frecuencia en climas menos benignos.
– La incursión y urbanización por parte del hombre de zonas cada vez más remotas también se ha convertido en un problema, ya que muchas de estas zonas pueden ser el hábitat natural de patógenos para el hombre.
– Flujo de personas. Bien sea por necesidad de buscar un mejor futuro en otro país diferente al de origen, bien por el mero hecho de viajar de manera habitual a destinos cada vez más recónditos (ya sea por turismo o por cuestiones laborales), y sin olvidar los cientos de miles de desplazamientos que provocan las guerras, lo cierto es que los microorganismos lo tiene cada vez más fácil para originar un brote en cualquier parte del mundo.
– Las mejoras en las infraestructuras relacionadas con el transporte, tienen también una cara menos amable. Animales, ganado y productos alimenticios viajan habitualmente y, con ellos, también lo hacen determinados causantes de enfermedades transmisibles al hombre.
– La pobreza. Incluso en los países más favorecidos económicamente existen bolsas de pobreza y zonas marginales donde no se siguen los protocolos de vacunación y donde escasean las medidas de higiene más elementales. Este caldo de cultivo es idóneo para favorecer no sólo la aparición de un brote de una determinada enfermedad, sino su rápida diseminación al resto de la población.
– Deficiencias infraestructurales. En algunas naciones los sistemas de vigilancia epidemiológica encargados de detectar posibles acumulaciones anómalas de casos de este tipo no funcionan correctamente. También puede ocurrir que aunque se pongan en marcha las alarmas relativas a un brote epidémico, los sistemas sanitarios no estén preparados para absorber el impacto del mismo.
– Finalmente, no hay que olvidarse de que los patógenos que provocan enfermedades en el hombre son organismos vivos y, como tales, evolucionan, tratan de adaptarse al medio en el que habitan y transforman sus estructuras para superar las dificultades que se les van poniendo para su supervivencia. De esta manera, es esencial saber que, por muy controlada que esté una enfermedad infecciosa, siempre puede reactivarse por mera evolución natural.

De esta forma, la inmigración como tal no supone la base del problema, aunque sí es cierto que si estas personas no están correctamente inmunizadas pueden introducir el microorganismo a la vuelta de uno de sus viajes o por entrar en contacto con el mismo en su lugar al que ha ido a vivir –si la población autóctona está vacunada, no tendrá la enfermedad, pero el inmigrante sí–.
También representa un riesgo, aunque para ellos mismos, el hecho de vivir en condiciones de salubridad poco recomendables (hacinados en recintos pequeños, sin agua corriente, etc.).

NUEVOS BROTES

TUBERCULOSIS.
Enfermedad infecciosa provocada por Micobacteryum tuberculosis. Su contagio exige un contacto estrecho con el foco del patógeno y es extremadamente poco probable infectarse por la calle. El retorno de esta infección se debe fundamentalmente a la proliferación de zonas marginales y al aumento de casos de sida.
MALARIA. El paludismo es un enfermedad tropical parasitaria causada por el protozoo Plasmodium falciparum, transmitido por la picadura del mosquito Anopheles. El cambio climático, fundamentalmente, ha favorecido que Anopheles sea capaz de reproducirse en zonas en las que antes moría por ser demasiado frías. Por su parte, los viajes a lugares exóticos y el mal cumplimiento de la profilaxis indicada en estos casos también han provocado casos en lugares remotos. SARAMPIÓN. Esta infección causada por un mixovirus estaba prácticamente erradicada gracias a la vacuna de virus atenuados incluida en el calendario vacunal pediátrico desde hace años. La patología es de carácter benigno, aunque es muy contagiosa. El año pasado la Comunidad de Madrid cursó la recomendación de adelantar la vacunación de los pequeños a los 12 o 13 meses. El origen del brote madrileño se debió a la presencia de dos primos británicos que no habían recibido dicha inmunización en su país de origen.
RUBEOLA. Se trata de una infección respiratoria tremendamente contagiosa por vía aérea o por contacto con superficies contaminadas. El pasado año en Madrid y hace pocos meses en Barcelona se detectó una pequeña acumulación de casos en la comunidad latinoamericana residente en las dos grandes ciudades.

Lo más: ser una buena persona

Los padres se dan cuenta enseguida o poco a poco de que no todos los hijos “salen” igual. Ese es un dato inicial, permanente, con el que siempre hay que contar. Es la “condición” de cada uno o de cada una. Pero no es ninguna excusa para no modificar ciertos aspectos.

“Salir” de un modo o de otro es una lotería. No sólo se heredan los genes porque en ellos se incluyen también disposiciones anímicas, las raíces de los caracteres. Pero se heredan con la impronta personal, porque cada individuo es único e irrepetible.

Esa impronta personal no es unívoca. Pero, dentro de un número variable de cualidades buenas y no tan buenas, suele haber una dominante. En ese sentido se puede decir que una persona “sale” generosa. Otra, voluntariosa. Otra, vaga. Aquélla es envidiosa y muy celosa. Otra es de una impuntualidad que asusta. Otra lo pierde todo. Otra lo deja todo por medio y las cosas donde caen…

Son disposiciones naturales que se agravan o corrigen o atenúan con la educación que se recibe, con los ejemplos que se ven, con el tiempo, con la experiencia.

Herencia

Hay miles de estudios sobre qué tiene mayor relevancia, si la herencia, los genes, o la educación. Es una polémica que quizá no tendrá nunca una solución definitiva, porque es algo muy parecido a una ecuación con, por lo menos, dos incógnitas. Todo depende de la herencia pero, a la vez, todo depende de la educación.

Hay que pararse en la importancia de esta expresión: “manera de ser”. Todos somos igualmente seres humanos, pero de distintas y diversas maneras o modos. A eso tan singular, tan propio, nos solemos referir al decir “es que es mi manera de ser”.

Si miramos a nuestro alrededor, empezando por la propia familia, podemos darnos cuenta de la inmensa variedad de los caracteres y de las maneras de ser.

Hay quien nace llorón y será toda su vida una persona propensa a la lágrima. Hay quien resulta poco hablador y así seguirá el resto de su vida. Hay quien sale olvidadizo y eso no hará más que aumentar con los años. Sin tener en cuenta que otras manifestaciones de esa principal “manera de ser” aparecen conforme la persona va llegando a determinadas edades, porque dependen del estado anímico pero también del tono corporal, del número de neuronas y de otros factores.

Es importante conocer esas maneras de ser, porque es la base sobre la que habrá que construir.

La educación es mucho

La educación, aunque no lo sea todo, es mucho. La mejor educación es la que, conociendo la “condición natural” de cada persona, se preocupa por mejorar lo que puede mejorar e impedir que empeore lo que tiende a hacerlo.

Esto quiere decir que no hay que contentarse con lo “natural”, con el fácil recurso de “son las cosas de…” pueden ser corregidas.

La condición natural es un dato, pero no una excusa. Hay quien “sale” con una tendencia a amargar la vida a los demás, defecto que es preciso que corrija, por su propio bien y sobre todo por el bien de los demás. “Es que yo soy así”. Sin duda, pero se puede cambiar, al menos algo.

Todos tenemos defectos

“Todos tenemos defectos” y es sabido que lo normal es aprender a convivir con los propios defectos y con los ajenos. Es verdad. Pretender de nosotros mismos y de los demás la perfección supondría una decepción y quizá cierta crueldad.

El peor de todos los defectos es la intolerancia, que lleva a buscar continuamente defectos en los demás y hace imposible cualquier convivencia.

Salir bueno

Cuando una está embarazada, a la mamá le da igual el sexo del bebé con tal de que salga bien, sano y con todo lo que un ser humano ha de tener. Pero tan importante como eso es que salga buena persona, de buena condición, con unos principios que, al desarrollarse, den origen a lo más que se puede pedir: “ser una buena persona”. Sólo para las películas y obras de ficción puede quedar interesante ser “un malo muy malo”.

Los menores y los chats: Peligros desde la pantalla

“No hables con desconocidos”, se suele aconsejar a los chavales. Pero hoy con la tecnología tan accesible, no es necesario salir de casa para comunicarse con gran cantidad de personas, conocidos o desconocidos, con las mejores o con las peores intenciones.

“Hola, me llamo Laura, ¿y tú? ¿Dónde vives? ¿Cuántos años tienes?… “¡Ah!, –yo también tengo 13 años”. ¿Me envías una foto?–.

¿Sabe usted si la chica con la que su hijo se comunica vía chat en realidad se llama Laura y tiene 13 años? ¿Puede comprobar al menos que la foto que envía es de ella?

Éste es uno de los peligros del chat, que aunque es un invento extraordinario acarrea muchos peligros, sobre todo por no saber a ciencia cierta con quiénes está interactuando el muchacho ni su nivel de protección.

¿Que es un chat?

Un chat es un programa que permite conversar por medio de frases escritas en tiempo real con otros usuarios. Los chats se dividen en “canales”, “habitaciones” o “rooms”. Al entrar al chat se necesita un nick o seudónimo. En un chat es posible intercambiar fotografías, archivos de texto, canciones. También se puede ver a al intercoluctor vía webcam. “Es bueno diferenciar dos modalidades: los chats que se mantienen entre amigos y parientes, una forma de comunicación que es positiva. Otro tipo de chat es aquel en el que se entra en comunicación con extraños, y dado que la persona que está al otro lado no es conocida, el niño o adolescente crea un mundo irreal, donde todo es posible, incluso cambiar de nombre, edad, apariencia y sexo”.

Enemigo on_line

Según el estudio de la Organización Protégeles, Acción Contra la Pornografía Infantil y el Defensor del Menor, uno de cada tres de los menores que utilizan habitualmente internet, lo hacen por diversión. Sin embargo, el peligro mayor se da en los chats donde se interactúa con desconocidos. Dos tercios de los internautas facilita sus datos personales, “es muy fácil obtener datos de los chavales y, de dar tus señas a concertar una cita sólo hay un paso”.

Sexo, mentiras y cintas

“Es que muchos chicos poseen la habilidad de usar las nuevas tecnologías pero no saben todo lo que se puede hacer con el ordenador, como por ejemplo, grabar todas las imágenes de la webcam y transmitirlas. Los adolescentes piensan que están protegidos gracias a un supuesto anonimato, pero en realidad no están para nada seguros”. Otra situación habitual que sucede en las salas de conversación virtuales es el acoso y la presión para entregar información íntima. Tan común es, que un 44% de los menores que navega con cierta regularidad se ha sentido acosado sexualmente en internet en alguna ocasión. El proceso funciona así: cuando una chica o chico entra a un chat, a los pocos minutos le comienzan a llegar pequeñas ventanillas con mensajes privados del tipo: ¿Tienes novio? ¿Eres virgen? ¿Por qué no me envías una foto?… Y otras preguntas más subidas de tono. “Existen chicos bien aconsejados por sus padres que, a la vista de estos mensajes, simplemente cierran la ventana y se niegan a charlar, pero otros siguen el jueguecito, sin saber en qué puede terminar”.

Pero no sólo acoso sexual pueden sufrir los chavales, también existen otro tipo de agresiones a la que ellos están expuestos. En este sentido y según el estudio de la Organización Protégeles, un 11% de los menores que habitualmente utiliza internet ha sido víctima de insultos por parte de otros internautas, un 4% recibió correos no solicitados con contenidos desagradables y otro 1,5% afirma haber sentido miedo en alguna vez.

Mundos Irreales

Pero el peligro no sólo está en las charlas, hay otros aspectos perjudiciales. “Chatear simulando que uno es otra persona no es malo, si es un pasatiempo momentáneo. Pero un niño no puede vivir siempre en un mundo creado por él”. Por otro lado, “el aislamiento y la huida de las relaciones interpersonales pueden afectar seriamente en su desarrollo posterior”.

Lo que deben saber

  • No dar nunca información personal. No enviar fotografías sin permiso.
  • No responder nunca a mensajes o tablones de anuncios en los que se incluyan mensajes agresivos, obscenos, amenazantes o que los hagan sentir mal.
  • Enseñarles a prestar mucha atención cuando alguien ofrezca algo por nada en internet, y que exija una dirección a la que acercarte a por un regalo.
  • Inculcarles que nunca deben concertar citas a ciegas, y en caso de fijarlas, el chico deberá acudir con sus padres.
  • Insistir en que la gente que navega por internet no siempre es lo que parece, porque no se puede ver ni oír. Por ejemplo: cuando alguien te esta diciendo por internet que es una niña de 12 años, puede ser un señor de 45.
  • Hacer que los chavales exijan respeto por parte de sus amigos cibernéticos, de la misma forma en que lo harían con sus amigos reales.