Enfermedades emergentes

Varios son los factores que han propiciado el retorno de muchas de las enfermedades infecciosas que creíamos erradicadas en la península, desde el cambio climático a las migraciones, pasando por la pobreza y la mejora de algunas infraestructuras.

En los últimos tiempos hemos asistido a la aparición de nuevos microorganismos patógenos para el hombre (capaces de hacerle enfermar). Concretamente, infecciones como la causada por el virus del VIH o el de la Hepatitis C o la fiebre hemorrágica provocada por el Ébola apenas tienen unas décadas de vida. No obstante, es más curioso si cabe el hecho de que también hemos tenido noticias de brotes de patologías que se creían erradicadas o perfectamente controladas gracias a los avances higiénico-sanitarios y a la evolución de los programas vacunales.

Ambos fenómenos no son sino la manifestación de la lucha que mantienen estos agentes patógenos por sobrevivir, atacando para ello el sistema defensivo del ser humano. Normalmente, este entramado es eficaz a la hora de repeler estos ataques, pero en ocasiones existen pequeñas fisuras por las que estos microorganismos se cuelan.

Estas brechas sanitarias a veces han sido lo suficientemente grandes como para permitir que las enfermedades supuestamente bajo control vuelvan a convertirse en una preocupación para las autoridades competentes y para los pacientes potenciales. Se trata de lo que los especialistas denominan enfermedades reemergentes.

De manera errónea, el fenómeno de la inmigración suele cargar con la culpa de estos brotes, pero en realidad, los especialistas no se muestran de acuerdo con dicha afirmación. Y es que son otros los factores que predisponen a la reemergencia de una enfermedad.

Factores de riesgo

  • El cambio climático no es ninguna falacia. Está comprobado que la temperatura del globo aumenta paulatinamente. Esto ha provocado que proliferen patógenos –o, fundamentalmente, los insectos y parásitos que actúan como vectores de los mismos– en latitudes del planeta en las que tradicionalmente no podían sobrevivir. De esta forma, existen numerosas enfermedades típicamente tropicales que actualmente se dan con cierta frecuencia en climas menos benignos.
  • La incursión y urbanización por parte del hombre de zonas cada vez más remotas también se ha convertido en un problema, ya que muchas de estas zonas pueden ser el hábitat natural de patógenos para el hombre.
  • Flujo de personas. Bien sea por necesidad de buscar un mejor futuro en otro país diferente al de origen, bien por el mero hecho de viajar de manera habitual a destinos cada vez más recónditos (ya sea por turismo o por cuestiones laborales), y sin olvidar los cientos de miles de desplazamientos que provocan las guerras, lo cierto es que los microorganismos lo tiene cada vez más fácil para originar un brote en cualquier parte del mundo.
  • Las mejoras en las infraestructuras relacionadas con el transporte, tienen también una cara menos amable. Animales, ganado y productos alimenticios viajan habitualmente y, con ellos, también lo hacen determinados causantes de enfermedades transmisibles al hombre.
  • La pobreza. Incluso en los países más favorecidos económicamente existen bolsas de pobreza y zonas marginales donde no se siguen los protocolos de vacunación y donde escasean las medidas de higiene más elementales. Este caldo de cultivo es idóneo para favorecer no sólo la aparición de un brote de una determinada enfermedad, sino su rápida diseminación al resto de la población.
  • Deficiencias infraestructurales. En algunas naciones los sistemas de vigilancia epidemiológica encargados de detectar posibles acumulaciones anómalas de casos de este tipo no funcionan correctamente. También puede ocurrir que aunque se pongan en marcha las alarmas relativas a un brote epidémico, los sistemas sanitarios no estén preparados para absorber el impacto del mismo.
  • Los patógenos que provocan enfermedades en el hombre son organismos vivos y, como tales, evolucionan, tratan de adaptarse al medio en el que habitan y transforman sus estructuras para superar las dificultades que se les van poniendo para su supervivencia. De esta manera, es esencial saber que, por muy controlada que esté una enfermedad infecciosa, siempre puede reactivarse por mera evolución natural.

De esta forma, la inmigración como tal no supone la base del problema, aunque sí es cierto que si estas personas no están correctamente inmunizadas pueden introducir el microorganismo a la vuelta de uno de sus viajes o por entrar en contacto con el mismo en su lugar al que ha ido a vivir –si la población autóctona está vacunada, no tendrá la enfermedad, pero el inmigrante sí–.

También representa un riesgo, aunque para ellos mismos, el hecho de vivir en condiciones de salubridad poco recomendables (hacinados en recintos pequeños, sin agua corriente, etc.).

Nuevos brotes

  • Tubercolosis. Enfermedad infecciosa provocada por Micobacteryum tuberculosis. Su contagio exige un contacto estrecho con el foco del patógeno y es extremadamente poco probable infectarse por la calle. El retorno de esta infección se debe fundamentalmente a la proliferación de zonas marginales y al aumento de casos de sida.
  • Malaria. El paludismo es un enfermedad tropical parasitaria causada por el protozoo Plasmodium falciparum, transmitido por la picadura del mosquito Anopheles. El cambio climático, fundamentalmente, ha favorecido que Anopheles sea capaz de reproducirse en zonas en las que antes moría por ser demasiado frías. Por su parte, los viajes a lugares exóticos y el mal cumplimiento de la profilaxis indicada en estos casos también han provocado casos en lugares remotos.
  • Sarampión. Esta infección causada por un mixovirus estaba prácticamente erradicada gracias a la vacuna de virus atenuados incluida en el calendario vacunal pediátrico desde hace años. La patología es de carácter benigno, aunque es muy contagiosa.La Comunidad de Madrid cursó la recomendación de adelantar la vacunación de los pequeños a los 12 o 13 meses.
  • Rubeola. Se trata de una infección respiratoria tremendamente contagiosa por vía aérea o por contacto con superficies contaminadas.

Varios son los factores que han propiciado el retorno de muchas de las enfermedades infecciosas que creíamos erradicadas en la península, desde el cambio climático a las migraciones, pasando por la pobreza y la mejora de algunas infraestructuras.

Autor: ALEJANDRA RODRÍGUEZ
En los últimos tiempos hemos asistido a la aparición de nuevos microorganismos patógenos para el hombre (capaces de hacerle enfermar). Concretamente, infecciones como la causada por el virus del VIH o el de la Hepatitis C o la fiebre hemorrágica provocada por el Ébola apenas tienen unas décadas de vida. No obstante, es más curioso si cabe el hecho de que también hemos tenido noticias de brotes de patologías que se creían erradicadas o perfectamente controladas gracias a los avances higiénico-sanitarios y a la evolución de los programas vacunales.
Ambos fenómenos no son sino la manifestación de la lucha que mantienen estos agentes patógenos por sobrevivir, atacando para ello el sistema defensivo del ser humano. Normalmente, este entramado es eficaz a la hora de repeler estos ataques, pero en ocasiones existen pequeñas fisuras por las que estos microorganismos se cuelan.
Estas brechas sanitarias a veces han sido lo suficientemente grandes como para permitir que las enfermedades supuestamente bajo control vuelvan a convertirse en una preocupación para las autoridades competentes y para los pacientes potenciales. Se trata de lo que los especialistas denominan enfermedades reemergentes.
De manera errónea, el fenómeno de la inmigración suele cargar con la culpa de estos brotes, pero en realidad, los especialistas no se muestran de acuerdo con dicha afirmación. Y es que son otros los factores que predisponen a la reemergencia de una enfermedad.

FACTORES DE RIESGO

– El cambio climático no es ninguna falacia. Está comprobado que la temperatura del globo aumenta paulatinamente. Esto ha provocado que proliferen patógenos –o, fundamentalmente, los insectos y parásitos que actúan como vectores de los mismos– en latitudes del planeta en las que tradicionalmente no podían sobrevivir. De esta forma, existen numerosas enfermedades típicamente tropicales que actualmente se dan con cierta frecuencia en climas menos benignos.
– La incursión y urbanización por parte del hombre de zonas cada vez más remotas también se ha convertido en un problema, ya que muchas de estas zonas pueden ser el hábitat natural de patógenos para el hombre.
– Flujo de personas. Bien sea por necesidad de buscar un mejor futuro en otro país diferente al de origen, bien por el mero hecho de viajar de manera habitual a destinos cada vez más recónditos (ya sea por turismo o por cuestiones laborales), y sin olvidar los cientos de miles de desplazamientos que provocan las guerras, lo cierto es que los microorganismos lo tiene cada vez más fácil para originar un brote en cualquier parte del mundo.
– Las mejoras en las infraestructuras relacionadas con el transporte, tienen también una cara menos amable. Animales, ganado y productos alimenticios viajan habitualmente y, con ellos, también lo hacen determinados causantes de enfermedades transmisibles al hombre.
– La pobreza. Incluso en los países más favorecidos económicamente existen bolsas de pobreza y zonas marginales donde no se siguen los protocolos de vacunación y donde escasean las medidas de higiene más elementales. Este caldo de cultivo es idóneo para favorecer no sólo la aparición de un brote de una determinada enfermedad, sino su rápida diseminación al resto de la población.
– Deficiencias infraestructurales. En algunas naciones los sistemas de vigilancia epidemiológica encargados de detectar posibles acumulaciones anómalas de casos de este tipo no funcionan correctamente. También puede ocurrir que aunque se pongan en marcha las alarmas relativas a un brote epidémico, los sistemas sanitarios no estén preparados para absorber el impacto del mismo.
– Finalmente, no hay que olvidarse de que los patógenos que provocan enfermedades en el hombre son organismos vivos y, como tales, evolucionan, tratan de adaptarse al medio en el que habitan y transforman sus estructuras para superar las dificultades que se les van poniendo para su supervivencia. De esta manera, es esencial saber que, por muy controlada que esté una enfermedad infecciosa, siempre puede reactivarse por mera evolución natural.

De esta forma, la inmigración como tal no supone la base del problema, aunque sí es cierto que si estas personas no están correctamente inmunizadas pueden introducir el microorganismo a la vuelta de uno de sus viajes o por entrar en contacto con el mismo en su lugar al que ha ido a vivir –si la población autóctona está vacunada, no tendrá la enfermedad, pero el inmigrante sí–.
También representa un riesgo, aunque para ellos mismos, el hecho de vivir en condiciones de salubridad poco recomendables (hacinados en recintos pequeños, sin agua corriente, etc.).

NUEVOS BROTES

TUBERCULOSIS.
Enfermedad infecciosa provocada por Micobacteryum tuberculosis. Su contagio exige un contacto estrecho con el foco del patógeno y es extremadamente poco probable infectarse por la calle. El retorno de esta infección se debe fundamentalmente a la proliferación de zonas marginales y al aumento de casos de sida.
MALARIA. El paludismo es un enfermedad tropical parasitaria causada por el protozoo Plasmodium falciparum, transmitido por la picadura del mosquito Anopheles. El cambio climático, fundamentalmente, ha favorecido que Anopheles sea capaz de reproducirse en zonas en las que antes moría por ser demasiado frías. Por su parte, los viajes a lugares exóticos y el mal cumplimiento de la profilaxis indicada en estos casos también han provocado casos en lugares remotos. SARAMPIÓN. Esta infección causada por un mixovirus estaba prácticamente erradicada gracias a la vacuna de virus atenuados incluida en el calendario vacunal pediátrico desde hace años. La patología es de carácter benigno, aunque es muy contagiosa. El año pasado la Comunidad de Madrid cursó la recomendación de adelantar la vacunación de los pequeños a los 12 o 13 meses. El origen del brote madrileño se debió a la presencia de dos primos británicos que no habían recibido dicha inmunización en su país de origen.
RUBEOLA. Se trata de una infección respiratoria tremendamente contagiosa por vía aérea o por contacto con superficies contaminadas. El pasado año en Madrid y hace pocos meses en Barcelona se detectó una pequeña acumulación de casos en la comunidad latinoamericana residente en las dos grandes ciudades.

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