Terapia con amigos de cuatro patas

Los beneficios de la interacción entre animales y jóvenes son mútiples y conocidos: fomentan los valores y favorecen la relación con el entorno. Por ello actualmente se emplean en terapias con niños autistas, hiperactivos o discapaditados físicos y mentales. Aunque en España todavía es una novedad, cada vez cobran mayor importancia.

¿Quién no tiene o ha tenido alguna vez una mascota?, en España más del 25% de las familias conviven con una, pero su presencia no sólo proporciona compañía, sino que es una excelente excusa para fomentar valores como la amistad, el respeto o la responsabilidad. Además de un cariño incondicional, los animales favorecen la interacción y la empatía con otros individuos, facilitando la relación del niño con su entorno.

Tantos son los beneficios que proporcionan que en la actualidad estas mismas mascotas se emplean en el desarrollo de terapias con menores discapacitados, niños autistas, personas mayores e incluso para aliviar el estrés de los altos ejecutivos. Es una modalidad de tratamiento bastante novedosa en nuestro país pero con excelentes resultados, ya que el animal, con un sistema de relación primario y unos sentimientos afectivos básicos, es capaz de establecer vínculos emocionales estables con rapidez y durabilidad.

¿A quien va dirigida?

La terapia con animales tiene un campo de acción muy amplio, pero quizá los que responden más positivamente a los estímulos que producen los animales son los ancianos y los niños –aunque existen tratamientos para enfermos psiquiátricos, drogadictos e incluso para reinserción de delincuentes.

Para un anciano un animal de compañía puede ser una excelente cura de juventud. La mascota les anima y revitaliza, ya que se vuelven a sentir responsables y ven que sus acciones son recompensadas con cariño y afecto incondicional. En España hay residencias que incluyen en sus programas las visitas de animales, generalmente de albergues, y que contribuyen a mejorar la calidad de vida de los abuelos.

El efecto que producen las terapias con animales en los niños tienen múltiples vertientes: por ejemplo, puede emplearse terapia con caballos para menores con dificultades en el lenguaje. También está la terapia dirigida a niños convalecientes o con largas enfermedades: la mascota hace las veces de compañero de juegos y ayuda a que el menor olvide lo peor de su dolencia. Sus aplicaciones con menores son múltiples, pero con excelentes resultados, ya que el animal proporciona afecto, estabilidad, ayuda a reforzar la estima personal y fomenta valores sociales.

En España todavía es novedad, pero encontramos interesantes experiencias en este campo. Este es el caso de la Fundación Genes y Gentes, que desde el año 2000 desarrolla en la comunidad aragonesa el programa Animal Amigo. La actividad comenzó con un pequeño grupo experimental de menores con síndromes genéticos, ampliándose a día de hoy a la totalidad de los colegios públicos de Educación Especial de Zaragoza.

Además de la Fundación Genes y Gentes, en existen otras asociaciones como la Fundación Affinity que realizan actividades similares, siguiendo la filosofía de interacción con animales como punto fundamental de la terapia.

Educar con animales

  • La mascota no es un regalo, es una responsabilidad para toda la vida. El niño debe ser consciente de que deberá cuidarlo y hacerse cargo de sus necesidades.
  • Los animales fomentan valores como la tolerancia, el civismo o el trabajo solidario. Los fomentan, pero es responsabilidad de los adultos trasmitirlos a los más jóvenes. La mascota es de todos.
  • Especialmente en niños que viven en entornos urbanos, la tenencia en casa de animales de compañía les acerca al conocimiento de las distintas especies y les pone en relación con la naturaleza.
  • Cuando los niños establecen una buena relación con su mascota aparecen sentimientos como la confianza o la fidelidad que contribuyen a reforzar la autoestima del menor. Los niños son más abiertos y seguros.
  • Tener un animal es una gran responsabilidad y requiere cierta empatía. No es aconsejable regalar mascotas a niños menores de seis años, todavía no son capaces de interactuar controlando sus emociones o su fuerza.
  • No hay que olvidar que la vida de un animal es relativamente breve. La muerte de una mascota –un fenómeno natural– puede resultar traumática si no se explica y prepara al niño para ella. Lo mejor, el diálogo.
  • Para elegir un animal es importante no guiarse por razas o modas, sino por su carácter, tamaño y necesidades: espacio, ejercicio, etc. Adoptar es una buena opción ya que en los centros asesoran a las familias y se hace un seguimiento de la mascota, para conocer su adaptación.
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