Refuerzos negativos y refuerzos positivos

Cuando aplicamos un castigo se obtendrán mejores resultados si el educando conoce el motivo por el que es castigado y se le ofrece la posibilidad de realizar una conducta alternativa.

Que nadie dude de que quien es educado a base de “cachetes” y de “bofetadas”, sin duda utilizará estas medidas violentas con los demás.

Los psicólogos educativos utilizamos en lugar de cachetes, bofetadas, reprimendas y gritos al niño, refuerzos positivos que le indican al niño lo que debe hacer: alabanzas, abrazos, felicitaciones, reconocimiento en público. También empleamos refuerzos negativos, que alertan al educando de lo que ni puede ni debe hacer y al mismo tiempo lo que debería dejar de hacer para evitar el castigo, para evitarse problemas.

¿Qué es un castigo positivo?

El que pretende eliminar una respuesta (conducta) presentando un estímulo aversivo como puede ser la reprimenda, o el azote (que defienden algunos).

El castigo positivo se aplica de inmediato, nada más aparecer la conducta que pretendemos corregir. Se aplica sobre todo para corregir tres tipos de conductas: las agresivas (el niño está agrediendo a alguien), las autolesivas (se muerde o arranca el pelo) y otros comportamientos peligrosos contra las personas y las cosas.

Es verdad que al aplicar este tipo de castigos la conducta castigada desaparece súbitamente, pero se presentan los siguientes problemas:

  • Sólo sirve para el momento y el niño no se convence de que debe cambiar y sólo piensa en que le han castigado. No tiene verdadero propósito y convicción de enmendarse.
  • Se utiliza este tipo de castigos cuando ya se han intentado sin éxito otras estrategias para cambiar conductas y no han funcionado. El educador pierde los nervios y el control y el niño sigue sin convencerse de las ventajas de cambiar de conducta.

¿Qué es un castigo negativo?

El que se emplea para eliminar los estímulos y reforzadores de respuestas y conductas no deseadas, como puede ser retirar la atención al niño e ignorarle salvo cuando se porta bien o dejarle solo en su habitación, para que reflexione y al propio tiempo no reciba estímulos ni refuerzos de la conducta que se pretende eliminar.

Este tipo de castigos se utiliza para conductas menos graves como alborotar en clase o moverse de acá para allá y no hacer caso. Se le aísla unos minutos en un lugar para que se serene y tranquilice y piense que debe corregirse, apartado del ambiente que le incita a crear problemas o alborotar.

Otro castigo negativo es la sobrecorrección que consiste en impedir que el niño realice la conducta indeseada, guiándole y forzándole a realizar la conducta alternativa deseada.

Cuando aplicamos un castigo se obtendrán mejores resultados si el educando conoce el motivo por el que es castigado y al mismo tiempo se le ofrece la posibilidad de realizar otra conducta alternativa por la que recibirá alabanzas y refuerzos positivos, es decir, le resultará más rentable la buena conducta.

Pautas concretas a seguir:

  • Dar ánimos y aliento para que se repita la conducta deseada, cooperando con el niño, ayudándole y haciéndole sugerencias.
  • Enseñarle a lograr el objetivo de manera gradual, poco a poco y sin desanimarse por no lograr las cosas al primer intento.
  • Alabar y reforzar cada nuevo intento, esfuerzo y buena voluntad del educando.
  • Presentarle referentes, modelos y ejemplos de otros niños que también presentaban problemas semejantes y lograron superarlos.
  • Entrenarle en habilidades y destrezas y practicar con el niño para que aprenda y disfrute las buenas acciones.
  • Darle señales e indicadores de que se está portando bien o de que está mejorando.
  • Formarle en la complacencia del deber cumplido para que la verdadera recompensa sea la propia labor bien hecha más que las felicitaciones y premios.
  • Extinguir las conductas no deseadas evitando que el niño reciba cualquier recompensa después de llevar a cabo una conducta inadecuada.
  • Siempre recordarle que puede y es valioso e inteligente y tenemos plena confianza en él.
  • De vez en cuando presentarle una lista de objetivos logrados, de dificultades superadas y de habilidades adquiridas, con el fin de que observe que estamos orgullosos de su conducta y tenemos plena confianza en su buena voluntad, aptitudes y actitudes
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