Archive for 29 diciembre 2011

La tecnología y la educación: una dosis de realismo

En educación existen dos puntos de vista extremos con respecto al uso de la tecnología. Por una parte, están sus defensores a ultranza, a quienes se ha dado en llamar evangelistas, y que recuerdan que una integración óptima de la tecnología permitiría cambiar el paradigma de la educación escolar, centrándolo mucho más en la actividad del alumno. Por otra parte, también hay voces que sostienen que la tecnología no es ni más ni menos que una fuente de entretenimiento que no hace más que distraer a los alumnos, y a sus docentes, de lo sustancial: aprender cosas serias.

Curiosamente, ninguna de estas dos perspectivas parece responder a las preguntas que un profesional de la docencia generalmente se hace y que básicamente tienen que ver con la mejora de las prácticas de enseñanza y aprendizaje, y de los resultados educativos. Por esta razón, comienza a cobrar fuerza una nueva visión centrada en el realismo: ¿Servirán estas soluciones a “docentes como yo”, es decir, a profesionales que ni pretenden ser paladines de la tecnología ni tampoco acérrimos protectores de la pizarra, sino sencillamente buenos docentes?

A estas alturas no debería ser necesario recordar las razones por las que cabría esperar que la tecnología tuviera ya una mayor presencia en las aulas. Para empezar, las hay relacionadas con los cambios en las demandas de los mercados laborales; de hecho, sabemos a ciencia cierta que la mayor parte de los alumnos que hoy están en las aulas de la ESO tendrán trabajos en los que la tecnología y el conocimiento tecnológico serán capitales. En segundo lugar, está la cuestión de la brecha digital. Ahí la escuela sigue siendo un bastión muy importante. En tercer lugar hay que recordar una vez más el flaco favor que conceptos como el de nativos digitales hacen a la educación al presuponer, erróneamente como se ha demostrado de forma empírica en multitud de ocasiones, que por el mero hecho de ser diestros en el manejo de determinados dispositivos, aplicaciones o servicios son automáticamente maduros en términos de competencias requeridas y de valores y usos responsables de la tecnología. ¿Dónde, si no es en la escuela, se puede aprender a manejar responsablemente la información y a transformarla en conocimiento? ¿Dónde se puede aprender a cooperar y a no plagiar?

En todo caso, es innegable que las tecnologías digitales forman parte indisociable del paisaje escolar: el 93% de los alumnos de 15 años de la OCDE asisten a una escuela en la que cuentan con acceso a un ordenador y prácticamente el mismo porcentaje (92,6%) dispone igualmente de acceso a Internet. España se encuentra, en este sentido, ligeramente por debajo de la media (90%), pero ciertamente con una cifra nada despreciable.

Pese a todo, cuando se examinan con detalle los datos acerca de los usos escolares de la tecnología emerge una imagen extremadamente compleja. Por una parte, el porcentaje de alumnos de 15 años de edad en los países de la OCDE que usa como mínimo 60 minutos a la semana el ordenador en el aula es siempre inferior al 4% en todos ellos y apenas alcanza el 1,7% en el caso del área de matemáticas. Y son estos mismos alumnos los que, en un 50%, utilizan prácticamente a diario la tecnología para realizar sus tareas escolares… en casa. Por otra parte, más del 75% de los docentes utiliza casi diariamente el ordenador para la preparación de sus clases o para la realización de tareas administrativas, por no hablar de los usos privados, cuando apenas se sirve de él en el aula.

De esta realidad tan compleja hay quien hace lecturas extremadamente simplistas, ya sea para denigrar las inversiones realizadas o, lisa y llanamente, para enviar un mensaje de desconfianza hacia la escuela y los docentes, a quienes se les exige un esfuerzo titánico de cambio de paradigma. Sin embargo, la complejidad de los datos exige una buena dosis de realismo: lo que funciona en tecnología y educación son aquellas soluciones que permiten llevar a cabo el trabajo escolar de forma más eficiente. Esto explica por qué, por ejemplo, los alumnos utilizan masivamente la tecnología para sus trabajos escolares, aunque siendo, como muchos son, huérfanos digitales de cualquier tipo de influencia educativa sobre esta materia, confundan eficiencia con plagio o prescindan de cualquier esfuerzo de procesamiento crítico de la información -razón de más para insistir de nuevo en la importancia de la escuela en este ámbito-.

Y esta misma búsqueda de la eficiencia explica también por qué los docentes encuentran óptimas las soluciones que la tecnología les ofrece para preparar sus clases o presentar mejor los contenidos en el aula, pero no todavía para cambiar sus formas de enseñanza. Muy probablemente las soluciones tecnológicas que se proponen no son suficientemente convincentes para la gran mayoría de “docentes como yo”, probablemente porque el esfuerzo que exige su adopción no parece suficientemente recompensado, ni por el sistema en forma de incentivos para la carrera profesional, ni por los resultados obtenidos, ya que la forma y los contenidos de lo que hoy se evalúa no se corresponden todavía con las expectativas y las necesidades de la sociedad y de la economía del conocimiento.

Los datos sobre la intensidad y la variedad de los usos de la tecnología en el aula no transmiten la imagen que tal vez cabría esperar de la escuela de la sociedad del conocimiento. El análisis de las buenas prácticas en materia de tecnología y escuela muestra que uno de los factores más importantes es el maridaje entre el compromiso profesional docente, con un marco institucional favorable y un liderazgo escolar que le apoye. Si realmente se desea que las buenas prácticas se generalicen, el sistema escolar en su conjunto debe ser permeable a la innovación sistémica; es decir, debe contar con herramientas que permitan examinar con realismo en qué tareas o para qué problemas docentes pueden existir soluciones tecnológicas apropiadas, que mejoren la eficiencia del trabajo escolar o, sencillamente, que lo hagan aún más interesante.

Puede que la tan deseable revolución en el paradigma de la educación escolar todavía tarde en llegar, pero la escuela y muchos docentes, lo mismo que los alumnos, se están moviendo: han depositado su confianza en unas soluciones tecnológicas que les permiten trabajar de forma más eficiente. Y, en el caso docente, este trabajo consiste hoy en buscar fórmulas que permitan que los alumnos aprendan más, mejor y, probablemente, distinto.

Imprimir Educar desde el Humor: Una Experiencia

El humor es en sí mismo, un buen acompañante en la vida y también en la educación, porque mejora el clima escolar y estimula el desarrollo cognitivo de los estudiantes. Es altamente recomendable aplicar cierta dosis de humor en las aulas.

La reacción en múltiples situaciones depende de nuestra autoestima: Si tengo una buena autoestima, lo que me digan los demás, puede no llegar a ofenderme, aunque lo pretendan A veces, por roces de convivencia tendemos a criticarnos con frecuencia y olvidamos lo positivo de los colegas. Dar a cada uno una listacon un pequeño espacio en blanco, y pedir a todos que escriban cualidades positivas de los demás, recogerlos y agruparlos en una lista que muestre las cualidades que nos ven los demás contribuye a mejorar las relaciones y unir el grupo.

El sentido común ha de ir antes del sentido del humor. Hay personas a las que no se puede permitir eso, pero cuando situaciones familiares y personales, que conoces, ocasionan niños problemáticos, quitar hierro y desactivar la agresividad importa.

Cuando una idea va unida al humor, queda más tiempo en el cerebro. Utilizarlo en clases las hace más atractivas, los alumnos lo pasan mejor, están más relajados y la enseñanza es más eficaz. Si además de entretenidas, las clases son participativas, y se pueden organizar tareas donde se relacionen y trabajen juntos mejor. De ahí que trabajar la convivencia, las buenas relaciones sea útil y el humor, no solo el mío, sino también el suyo, contribuye. De rebote una persona que ríe conmigo va a aceptar mejor lo que yo le diga: le motivaré más.

Para usar adecuadamente el humor, conviene tenerlo. Una buena noticia: se puede desarrollar y potenciar.  Lo más esencial: reírnos de nosotros mismos y de lo que nos pasa, favorecer una actitud lúdica y entender que todos tenemos la capacidad de hacer reír a los demás, creatividad, ser actores/ en mayor o menor grado.

El objetivo básico es entender que todos tenemos sentido del humor – posibilidad de ver de un modo divertido, no trágico, a nosotros mismos y lo que nos sucede- y capacidad de reír –sobre todo en momentos difíciles-, que conviene que desarrollemos en nosotros y que una educación integral ha de tener en cuenta que el sentido del humor, la capacidad de reír, la seriedad y el trabajo bien hecho son compatibles y deseables.

¿Puedo yo desarrollar mi humor? Aunque hay gente que piensa que no, la realidad es que si. Pero como decía Henry Ford: “Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes estás en lo cierto”.

www.educahumor.com

Desayunar en familia

La obesidad infantil constituye un problema importante en España, donde ha alcanzado cifras preocupantes, que apuntan ya que cerca de un 30 % de la población infantil sufre en mayor o menor medida sobrepeso.

El dato es sobrecogedor porque nos pone de manifiesto una realidad que en nuestro país nos resistimos a reconocer y, sin embargo, es una cuestión seria. Hablamos de niños gorditos como algo tierno y gracioso, en sentido cariñoso, pero los pediatras y nutricionistas nos advierten que se trata de un grave problema de salud que hay que atajar cuanto antes.

En esta batalla contra la obesidad infantil, las familias tenemos una enorme responsabilidad, porque somos las verdaderamente capaces de generar el cambio de hábitos necesario para frenar este problema que afecta a los niños españoles. Somos los padres los que inculcamos los buenos hábitos de alimentación, los que marcamos los tiempos de las actividades sedentarias -TV, consolas…- que deben tener su espacio como parte del ocio, pero debe estar medido. Somos también las que podemos motivar para la práctica de determinadas actividades, las que fomentamos o facilitamos que nuestros hijos descubran y disfruten con el deporte.

El papel de la familia es fundamental y lo es porque es la principal escuela de valores, donde se adquieren los hábitos y costumbres que van a marcar nuestra forma de pensar y de vivir. La alimentación es una importante asignatura en esta “escuela de valores”, porque no se trata de comer, sino de comer bien, disfrutando de los alimentos y usándolos para mejorar nuestro bienestar físico y mental. Comer en familia es vital para ello, porque sólo podremos inculcar y enseñar a nuestros hijos buenos hábitos de alimentación si esos buenos hábitos son también los nuestros. Si nosotros comemos fruta, ellos también la comerán; aunque se resistan al principio, verán la fruta como algo habitual en la mesa y seguirán esa rutina cuando tengan su propia vida.

Comer en familia nos da además momentos muy interesantes para la comunicación, para hablar padres e hijos, hacer partícipes a todos de nuestras alegrías y preocupaciones del día. Los actuales horarios laborales hacen difícil que a diario se pueda comer en familia, pero sí podemos desayunar en familia, empezar el día haciendo juntos la primera comida, la más importante según los nutricionistas. Esta es la verdadera asignatura pendiente en muchos hogares, donde nos pueden las prisas matutinas, llegar a clase, salvar el atasco… pero es cuestión de voluntad y de pensar que es realmente importante y que se trata sólo de 15 minutos menos de sueño. A cambio estaremos sembrando para que nuestros hijos crezcan más sanos, tengan un mejor rendimiento intelectual y sean, seguramente, un poquito más felices.

La liga de los jóvenes con talento matemático

Sacar dinero de un cajero, encender la calefacción o comprar el periódico en un quiosco son actividades que no tienen ningún misterio.

Lo que no todo el mundo sabe es que detrás de todas esas acciones hay unos modelos matemáticos complejos que permiten hacerlas accesibles al gran público sin derrochar dinero, tiempo y energías. En esos casos concretos, para que las transacciones económicas sean seguras y rápidas sin supervisarlas una a una; para que las distribuidoras de gas calculen la demanda potencial de sus clientes y para que los periódicos y revistas envíen a los quioscos solamente el número de ejemplares que previsiblemente van a vender.

Hay multitud de ejemplos más, y esa es la razón por la que los profesionales de las matemáticas están tan demandados que tienen una tasa de paro testimonial: alrededor de 2%.

Lamentablemente, la sociedad se permite el lujo de despreciar el talento matemático de muchos jóvenes al no disponer de mecanismos para detectarlo y herramientas para desarrollarlo. Y aquí es donde adquieren su auténtico valor iniciativas como la Liga Matemática Española (LME), organizada por el Instituto de Matemáticas y Computación (IMC) en colaboración con el Grupo Siena.

Matemáticas divertidas

Según Osvaldo Carrillo, presidente del IMC, la LME tiene como objetivo captar el interés de estudiantes con una habilidad natural para las matemáticas –como quien la tiene para el deporte o las artes–, a través de una competición por equipos en la que desarrolla la perspicacia para estudiar los problemas; el ingenio y la creatividad para resolverlos y la perseverancia para participar todas las semanas, con espíritu deportivo.

La Liga se basa en las reglas de los campeonatos de fútbol. Hay dos categorías: una para equipos de Educación Primaria y otra para equipos de ESO y Bachillerato. Cada equipo está compuesto por cuatro estudiantes: uno por curso de 3º a 6º de Primaria, para la liga de Primaria; y uno de 1º-2º ESO, uno de 3º-4º ESO, uno de 1º Bachillerato y uno de 2º Bachillerato, para la de Secundaria. Todos los equipos están dirigidos por un profesor-entrenador.

Una vez a la semana (los viernes a las 11:00), y sin salir del centro educativo, los participantes acceden a través de internet a la plataforma informática donde se celebra la competición. Cada miembro del equipo dispone de un bloque de 50 minutos para responder a seis preguntas. La respuesta acertada tiene tres puntos; la no contestada, uno; y la errónea, cero. Si se contesta en el último minuto del bloque de tiempo correspondiente a cada pregunta, el jugador es sancionado con una tarjeta amarilla. Si vuelve a hacerlo en el mismo partido, recibe una segunda amarilla y debe abandonar el partido por tarjeta roja (llegar tarde al partido lleva aparejada esta sanción automáticamente). El jugador que conteste a las seis preguntas dentro del tiempo, puede acceder a una nueva área llamada Mathgoal, donde cada respuesta acertada vale seis puntos. La clave para subir puestos en la tabla liguera está en marcar el mayor número de “goles” en cada jornada.

Al igual que en las competiciones deportivas, los equipos tienen acceso a la clasificación de la liga, donde pueden ver qué puesto ocupan en la clasificación general, pero también en relación con otros equipos de su Comunidad Autónoma o de las ligas internacionales.

Premio a los cerebrines

Cada semana, la LME compondrá la Selección Española ideal con los cinco jugadores de cada liga que hayan obtenido los mejores resultados. Y una vez al trimestre, las selecciones españolas se enfrentarán a las americanas. El IMC es socio de la Liga de Matemáticas Americana, que lleva celebrándose desde hace más de 30 años, aunque de forma presencial y con una reglas diferentes. Para corregir esta diferencia de experiencia en la participación de competiciones, el IMC pone a disposición de los equipos españoles material de entrenamiento con ejercicios de las ligas estadounidenses.

En mayo, se celebrará la final de forma presencial en Madrid, donde se enfrentarán los cinco mejores equipos de cada liga. Los miembros de los equipos vencedores ganarán un ordenador portátil. También tendrán premio los tres mejores entrenadores. Asimismo, las selecciones españolas de cada nivel se enfrentarán en agosto con las de Estados Unidos y China en la final internacional que tendrá lugar en la Universidad de Stanford (California).

Servicio a la Comunidad

Osvaldo Carrillo asegura que iniciativas como la LME, que premian el talento y el esfuerzo, son capaces de detectar y orientar hacia el estudio de las Matemáticas y la Computación a jóvenes que de otra forma pasarían inadvertidos. “En otros concursos matemáticos suelen participar casi siempre los mismos colegios y, por lo general, los que tienen más recursos. En cambio, en la LME, al ser online, garantizamos una participación más democrática, que incluye colegios de zonas rurales o con pocos recursos”, afirma. Ademas, continúa, “el diseño de la liga permite atraer a las niñas con una serie de incentivos para los equipos y facilitarles que asuman que les gustan las Matemáticas, ya que ellas encuentran más dificultades para hacerlo que los chicos”.

La profesión de moda

Con el cambio de modelo tecnológico, los profesionales más demandados (y bien pagados) destacan por su talento matemático y preparación computacional. Realizan tareas como estas:

En banca, los profesionales más importantes son los que desarrollan modelos de simulación de riesgo de la cartera de clientes o las previsiones de comportamiento del mercado.

Los fallos de previsión de demanda de prensa le costaban a un conocido periódico 5 millones de €. Con 20.000 puntos de venta es imposible llamar a cada uno para preguntarles cuántos ejemplares va a vender; y un poco inútil, ya que el quiosquero cobra comisión venda o no venda. Con un modelo matemático de previsión de demanda, (valoran festivos, devoluciones, acontecimientos…), el coste de la distribución pasó de 5 millones de euros a 400.000 €.

Las distribuidoras de gas realizan previsiones de consumo con una semana de antelación. Si no contaran con un gabinete de simulación de demanda, que tiene en cuenta días festivos, obras, temperatura, etc., cometerían errores de previsión y tendrían que acudir al mercado a comprar gas a un precio más alto.

El CEU, benefactor

La Universidad CEU San Pablo, como centro comprometido con la excelencia académica y humana, patrocina a 100 colegios en la Liga Matemática con el fin de promover el talento y el conocimiento científico entre los estudiantes de Secundaria y Bachillerato. Más información en el email info@ligamatematica.com o en la página web www.ligamatematica.com.

Cómo influye el clima escolar

El llamado clima escolar se erige también en un factor determinante para el buen rendimiento académico

El número de repetidores es mayor en las aulas donde los alumnos no escuchan (el 43% frente al 35%) y hay ruido (el 46% frente a 31%), donde hay que esperar hasta que todos están quietos y se retrasa la hora de comienzo (el 48% frente a 32%), es decir, en las clases donde el ambiente es desordenado y no se puede trabajar bien (el 52% frente al 31%) aumenta el número de alumnos que repiten curso.

Ese factor hay que vincularlo a la relación profesor-alumno, verdadera esencia de la Educación. Cuanto menor es la valoración y peor es la percepción que los alumnos tienen de su relación con los profesores mayor es el nivel de repetición. Dos de cada tres alumnos que manifiesta una opinión favorable de sus profesores está en el curso que le corresponde. El número de repetidores es mayor entre los alumnos que perciben una mala relación con los profesores y opinan que no se ocupan de su bienestar, no les escuchan ni tampoco les ayudan fuera de clase.

Por último, hay un problema de actitud ante el estudio en los propios alumnos que parece decisivo. El porcentaje de repetidores es mayor entre los alumnos que no entienden bien lo que estudian y no relacionan lo que van aprendiendo con lo ya estudiado: no memorizan los detalles, descuidan los puntos importantes y no completan las materias con información complementaria.

Por lo que respecta a la condición de inmigrante,“el fracaso escolar entre estos alumnos es mayor que entre los estudiantes españoles”, lo cual es estadísticamente cierto, aunque hay que valorarlo junto a otros factores. Por lo general, los inmigrantes e hijos de inmigrantes se escolarizan en centros de entornos más desfavorecidos. Por lo tanto, esta condición no lleva en sí misma a la repetición.

La proporción de repetidores entre los españoles y los inmigrantes es inversa: dos de cada tres alumnos de nacionalidad española examinados por PISA está en el curso que le corresponde (el 67%) mientras que dos de cada tres alumnos hijos de inmigrantes de primera generación ha repetido curso (69%).

“Muchas familias monoparentales son de origen inmigrante y no disponen de una red familiar de apoyo ante determinadas situaciones”. Además, para esta confederación de padres “un solo progenitor tiene más dificultades para proveer de ingresos suficientes a la unidad familiar y quizás por ello pueda dedicar algo menos de tiempo, lo que demuestra la falta de políticas públicas de apoyo para las familias monoparentales”.

Por comunidades, en Extremadura ha repetido el 51% de los alumnos de 15 años frente al 22% de los vascos. Además de los alumnos extremeños, tienen índices elevados los de Ceuta y Melilla, Canarias, Andalucía, Castilla-La Mancha o Baleares. Por el contrario, repiten en menor medida los alumnos de Asturias, Navarra o Cataluña, además de los vascos.

Una familia cohesionada favorece el éxito educativo

El último Informe PISA nos revela que en las familias nucleares existe una menor proporción de alumnos repetidores que en la mixtas o monoparentales. Además, el número de estudiantes que repite curso es mayor en los hogares donde no están los padres en casa, especialmente si es la madre quien se ausenta. El rendimiento escolar es también más bajo en los hogares donde hay parados o padres en busca de empleo y, por tanto, no existe estabilidad laboral.

El funcionamiento y el clima familiar en que nace y crece un niño va a determinar unas características económicas y culturales que pueden limitar o favorecer su desarrollo personal y educativo. Para muchos expertos ningún factor es tan significativo para el rendimiento escolar como el clima que se vive en casa. Y no sólo numerosos estudios destacan esta influencia, sino que el mismo Informe PISA la sitúa como una de las más importantes, y lo constata, sobre todo, en la repetición de los alumnos.

De entre todas las variables educativas y sociodemográficas que muestra el último Informe PISA, correspondiente a 2009, los factores más frecuentes que influyen en que un alumno repita o no curso son, en primer lugar, el tipo de familia, la presencia de los progenitores en casa y el nivel de estudios de los padres.

La actitud hacia la educación, la cultura y la escuela que los padres sean capaces de transmitir a sus hijos, ejerce una gran influencia en el proceso de enseñanza. Además, el grado de cohesión y adaptabilidad de la familia resulta muy beneficioso para el desarrollo del niño en la escuela, así como la claridad en sus funciones y la interacción y correspondencia afectiva entre sus miembros.

PISA nos revela que en las familias nucleares se da un menor número de repetidores que en las demás. Por el contrario, es mayor el porcentaje de repetidores en las familias mixtas o monoparentales; donde los padres están fuera de casa, especialmente si la madre no está; y con alguno de los padres en el paro. Como se puede observar en el cuadro de la izquierda, el porcentaje de alumnos que ha repetido es del 34% en una familia nuclear, frente al 48% en el caso de que la familia sea monoparental y alcanza el 73% en las familias mixtas.

En relación con la presencia de los padres en casa, estadísticamente es mayor el número de repetidores en los hogares donde no están los padres presentes, especialmente si la madre es quien se ausenta, aunque suponemos que esto se producirá en confluencia con otros factores. En los hogares donde la madre no está en casa el porcentaje de repetidores alcanza el 65%; en el caso de que sea el padre quien no esté, el porcentaje es del 49%.

La ocupación de los padres es también importante: el rendimiento escolar es mejor en los hogares donde no hay parados o padres en busca de empleo y existe estabilidad laboral. Tanto si es la madre como el padre el que está en paro, el porcentaje de alumnos que repite alcanza el 54%, mientras que se reduce a un 32% en el caso de que alguno de los padres esté trabajando a tiempo completo.

El hábito se transmite

Además, cuanto mayor es el nivel educativo de los padres menor es el porcentaje de alumnos que repite curso y mayor es el éxito escolar alcanzado por los hijos. En este sentido, se puede deducir que el hábito de estudiar se transmite de padres a hijos. El nivel de fracaso escolar es mayor en las familias donde los padres han estudiado menos años: tres de cada cuatro alumnos (el 76%) que declara que sus padres han estudiado tres años ha repetido curso, mientras que el número de repetidores desciende a uno de cada cinco (el 21%) en el caso de que los padres hayan estudiado más de 15 años.

“Se demuestra que si la familia está implicada de verdad, muestra interés y colabora tanto a nivel individual –valorando el trabajo y el estudio del niño en el hogar– como a nivel de centro, hay mayor posibilidad de que ese niño alcance el éxito escolar”. Del mismo modo, es en las familias nucleares donde haya menor número de repetidores, ya que, “para atender a un niño hace falta tener tiempo, lo que resulta más complicado en el caso de que exista un solo progenitor”. La familia nuclear, sin embargo, “dispone del doble de tiempo”, y si, además, “uno y otro se complementan, van en la misma dirección, saben sancionar y establecer los límites y las reglas, harán que el niño sea más autónomo, esté mejor formado y sea más responsable”.

“Lo importante no es el tipo de familia, sino si los adultos de esas familias pueden conciliar su vida laboral y familiar, y por tanto tienen tiempo suficiente y de calidad para dedicar a sus hijos, darles afecto, fijarles límites y ayudarles en los deberes escolares”.

“No recibe la misma atención un niño cuyo progenitor o progenitores tienen ingresos altos, que al terminar su jornada laboral no tienen que preocuparse por las tareas domésticas, porque contratan a alguien para ello y por tanto disponen de tiempo y energías, que otro niño cuyos padres tienen largas jornadas laborales e ingresos precarios”.

“Es lógico que haya más alumnos repetidores pertenecientes a familias mixtas no por culpa de este tipo de familia, sino por la ausencia de políticas de mediación familiar, como existen en otros países europeos, que hagan posible que estas separaciones y divorcios se desarrollen sin grandes conflictos ni perjuicios para los menores ni para los propios adultos”.

“El niño necesita que sus padres estén físicamente cerca de él para que le puedan ayudar y guiar a la hora de la realización de las tareas”. Ella reclama “más cantidad de tiempo para estar en casa y que, además, sea un tiempo de calidad, de auténtica dedicación a los hijos, y no de otras tareas que se desarrollan en el hogar”.

“Los padres no podemos preocuparnos exclusivamente de las notas de los hijos, sino del estudio y del trabajo diario, lo que hará que los resultados a largo plazo sean mejores”. “Tradicionalmente han sido las madres las que han ejercido esta misión –no en detrimento de los padres ni excluyéndoles–, pero en la actualidad se está dificultando a causa de unas jornadas de trabajo demasiado extensas”.

La Energía Que Nos Mueve

“Motivación” es un término académico para hablar de los deseos que nos lanzan a la acción, de los antecedentes de nuestros actos, de la energía que nos mueve. Este tema despierta un interés universal. También queremos motivarnos a nosotros mismos, siempre que tenemos que hacer algo pero no tenemos ganas de hacerlo.

La motivación está de moda. Domina campos tan dispares (o no) como la empresa, el deporte o la educación. La motivación tiene que ver con el movimiento y la acción: ¿qué nos mueve a actuar?, ¿qué inicia, dirige, mantiene y detiene nuestra conducta? Si queremos comprender una acción, preguntamos por sus motivos. Y, ¿qué son los motivos? Propensiones subjetivas para actuar (necesidades, deseos, impulsos, tendencias, móviles) en función de lo que se quiere conseguir: una meta, objetivo o fin.

“La motivación penetra toda nuestra vida y, por ello, es el gran negocio vital y económico. Maneja deseos, juega con expectativas, gestiona premios y castigos, promete satisfacciones o penas del infierno, seduce, induce, produce, conduce, abduce”.

Para la psicología, el concepto de «motivación» es uno de los más confusos, porque como acabamos de ver, incluye muchas y muy diferentes nociones. De manera que iremos por partes.

Una manera sencilla de explicar la motivación sería identificarla con “tener ganas de hacer algo”. Esto es correcto, pero no suficiente: hacemos muchas cosas sin tener ganas de hacerlas, porque son nuestro deber.

Otro concepto que se suele emparejar con la motivación es el Deseo. Tampoco es suficiente; la motivación incluye el deseo y algo más.

Nuestro modelo de motivación se compone de tres factores: deseo, valor del objetivo y variables facilitadoras.

Motivación (fuerza de tendencia)= deseo + valor del objetivo + variables facilitadoras.

La esencia del hombre es el deseo

Esta sentencia de Spinoza no podría ser más acertada. Nacemos dotados de una serie de necesidades que experimentamos como deseos. En otras palabras, el deseo es la conciencia de una necesidad, de una falta o carencia, o la anticipación de una recompensa. El deseo es un impulso que surge espontáneamente, capaz de originar movimiento, de activar una acción orientada a su satisfacción. Toda nuestra vida está regida por él, hasta el punto de que cuando el deseo se desvanece -como ocurre en el caso de la depresión-, ya no se sabe vivir.

Siempre ha interesado esta relación entre necesidades y deseos. La Pirámide de las necesidades de Maslow, estructuradas jerárquicamente, es un buen ejemplo.

Desde aquí pensamos que existen tres necesidades fundamentales: bienestar, vinculación social y ampliación de nuestras posibilidades (autonomía, independencia, creatividad, logro, poder, etc.).

Estos deseos primarios engendran los deseos concretos; de ellos brota nuestra energía. De modo que, para motivar a alguien -o a nosotros mismos- es imprescindible activar alguno de estos deseos básicos, o relacionar la meta con alguno de ellos. Siempre se ha de remitir a alguna de estas necesidades. Todo parece indicar que no podemos crear deseos nuevos. Pero sí podemos ampliar o hibridar los que ya se tienen.

La motivación es un fenómeno íntimo, que emerge del interior de cada uno de nosotros, pero está mediado por la sociedad y la cultura. Por eso se puede influir en ella. Las mismas herramientas mentales sirven para lo bueno y para lo malo: los deseos pueden manipularse (como hace, por ejemplo, la publicidad), pero también educarse. Platón decía que “el fin de la educación es enseñar a desear lo deseable”. Y este es nuestro papel como padres.

¿Es verdad que pueden fomentarse deseos, que puede inducirse a querer algo? En eso consiste la astucia pedagógica (y la publicitaria). La publicidad intenta crear nuevas necesidades, es decir, nuevos deseos. Pero si examinamos la aparición de un deseo, vemos que no surge de la nada, sino que se trata de un viejo deseo envuelto en un formato nuevo. También es posible intensificar el deseo aumentando la necesidad o haciendo más atractiva la meta; su valor, el incentivo.

Y es que para estar motivado NO basta con el deseo. Otros factores influyen en el comportamiento: la importancia del premio esperado, la confianza en conseguirlo, el esfuerzo necesario, etc.

Objetivos valiosos y circunstancias facilitadoras

Para hacer que una persona desee conseguir cierto objetivo (es decir, para motivarla), se tiene que presentar ese objetivo como valioso. Porque cuando algo se convierte en valioso despierta las ganas de actuar. Lo que nos atrae es el valor que una cosa tiene para nosotros. “Valor” es aquella cualidad –física, estética, económica, moral- que hace a algo apreciable, deseable, apetecible. Esta evaluación se hace de acuerdo a nuestros sistemas de preferencias. Por este motivo es muy importante tener presentes las características individuales. No todo el mundo se motiva de la misma manera; una motivación uniforme no producirá el mismo resultado en distintas personas. De modo que si lo que queremos es motivar a nuestros hijos, tenemos que saber qué valoran más para enlazar con ello los objetivos deseados. Debemos intentar relacionar de manera positiva nuestros intereses y los suyos.

A esta unión del deseo y el valor de la meta hay que añadir un tercer elemento: los factores que favorecen o dificultan nuestra decisión de hacer algo. Los hemos denominado “variables facilitadoras”. Ponen de manifiesto que entre el deseo y el objetivo hay una tarea, un trabajo que hacer, un trayecto que recorrer. Los facilitadores de la tarea realizan una segunda evaluación del incentivo, teniendo en cuenta, no ya el deseo o el valor, sino la capacidad del sujeto. Lo que está en juego no es el atractivo del fin, sino la facilidad o la dificultad para conseguirlo. Las variables facilitadoras no sólo intervienen en el arranque de la acción, sino en su mantenimiento. Son cuatro:

  • Facilidad o dificultad del objetivo.
  • Sentimiento de competencia del sujeto para alcanzarlo.
  • Hábito de buscar ese objetivo.
  • Interés del proceso, y no solo del fin.

 Motivación = deseo + valor del objetivo + facilitadores de la tarea

Por lo tanto, para aumentar la motivación se ha de incidir sobre alguno de estos tres factores:

  • Aumentando el deseo
  • Aumentando el valor del objetivo
  • Aumentando las variables facilitadoras

Sin embargo, la motivación inicial no es suficiente. Debemos tener en cuenta la motivación para la tarea.

Mantener el esfuerzo, aunque sea en algo que queremos y nos motiva, es difícil. Nos desanimamos con facilidad. Una decisión necesita una energía especial para mantenerse a lo largo de su realización. Surgen obstáculos que debemos enfrentar: cansancio, desánimo, desinterés, tentación, procrastinación… En estos casos, lo mejor que podemos hacer es descansar, reactivar el ánimo, volver a despertar el interés perdido, y, sobre todo, ser astutos contra la tentación.

La motivación es un elemento clave del rendimiento (deportivo, académico, laboral, etc.). En este sentido, los expertos recomiendan fijar pequeños objetivos, dividir un proyecto a largo plazo en subobjetivos. Esto permite ir logrando “pequeñas victorias”. Tiene un efecto positivo en la confianza en uno mismo y, por lo tanto, facilita el logro del objetivo a largo plazo. Objetivos concretos y específicos, de una dificultad asequible, son mucho más efectivos y generan un rendimiento mayor que metas vagas o generales. No es lo mismo “ponerse a estudiar”, sin más, que hacerlo con un proyecto concreto: hacer un trabajo, o aprenderse un tema en “x ” tiempo.

 Vuelta al deber

Por último, hay que tener en cuenta que la motivación no anula el esfuerzo. La motivación por sí sola no es la solución a todos los problemas. En nuestro día a día tenemos que hacer cosas sin estar motivados en absoluto, porque es necesario o, simplemente, nuestra obligación. Como ir a trabajar o al instituto. Es normal que tengamos que hacer cosas que no nos apetecen. Lo raro sería, por ejemplo, que los chavales estuvieran impacientes por resolver problemas de trigonometría. El deber es un refuerzo de la motivación. Tenemos que retomar el recurso al deber, tan desprestigiado en la actualidad, y transmitir a nuestros hijos la satisfacción del deber cumplido.