Convierte al televisor en tu mejor aliado

Se acerca la Navidad, y con ella comienza el bombardeo de anuncios de juguetes en televisión, al tiempo que la programación televisiva se transforma. Con la llegada de las vacaciones escolares los niños pasan más tiempo en casa y, generalmente, frente a la pequeña pantalla. Aunque según datos ofrecidos por el Estudio General de Medios (EGM) ha descendido el consumo de televisión en nuestro país a favor del ordenador y los videojuegos, en la actualidad niños y jóvenes pasan más de 3 o 4 horas al día frente al televisor, tiempo que se incrementa en periodos como el navideño.

Poner límites al consumo de televisión se hace ahora más imprescindible que nunca. Y los principales responsables de ello son los padres, “la mejor protección a la infancia y a la juventud exige un comportamiento activo de los padres y educadores, a quienes de forma más directa atañe la responsabilidad de la educación de los niños y los jóvenes”

La emisión, un año tras otro, de películas como Mujercitas, Solo en casa o las entrañables Sonrisas y lágrimas o Siete novias para siete hermanos por Navidad puede parecer un aburrimiento a los mayores, hartos ya de ver por enésima vez las mismas cintas, que las cadenas repiten una y otra vez por estas fechas. Sin embargo, para los pequeños de la casa estos filmes son toda una novedad, lo que supone una ocasión única para enseñarles a descubrir el cine de siempre sin temor a exponerles a contenidos poco adecuados ante la pequeña pantalla.

Aprovechar los contenidos positivos de la televisión es, pues, otro de los hábitos del buen televidente. Porque no se trata de prohibir a nuestros hijos ver la tele, sino de regular su consumo, evitando siempre usar la televisión como niñera. Cuando se acerca la Navidad, conviene volver a recordar algunos de los principios básicos que los padres deben de seguir para hacer un buen uso de la televisión en sus hogares.

Principios básicos para hacer un buen uso de la televisión

La tele se pone sólo para verla

La televisión no debe nunca dejarse puesta sin voz o el sonido sin imagen, como “ambiente de fondo” de nuestos hogares. Hay que enseñar a los niños a conectar el aparato sólo cuando empiece el programa que les interese y acostumbrarles a cambiar de canal cuando un programa no sea conveniente, así como apagar la tele cuando termine lo que están viendo o cuando la programación no sea adecuada para ellos y en todas las cadenas pongan lo mismo.

La tele se ve siempre en el salón:

A pesar de que, en nuestro país, casi el 50% de los niños de ESO dispone de un televisor en su habitación, poner televisión a los hijos en su cuarto “es uno de los mayores errores que los padres pueden cometer”, ya que favorece que vean solos cualquier programa y que la pequeña pantalla interrumpa sus horas de descanso o la realización de las tareas escolares.

La tele ha de estar siempre en el salón, que es un espacio compartido por toda la familia. Sin embargo, dentro de éste, algunos expertos recomiendan que, cuando hay niños pequeños en casa, se sitúe en un lugar de difícil acceso ya que, “el hecho de que el televisor esté situado en el lugar central de la casa llevará al niño a la convicción de que ha de ocupar el lugar central de su vida”.

La tele se ve en familia

La recomendación de los expertos es clara: nunca debe dejarse a los hijos solos ante la pequeña pantalla. Sólo debería hacerlo cuando se emitan programas que le ofrezcan todas las garantías, por lo que antes deberá enterarse bien de lo que el niño va a ver, aunque en esos casos lo más recomendable es echar mano del DVD o del video para ponerles una película de confianza o un programa previamente grabado y visionado por los padres. Después pida siempre a su hijo que le cuente lo que ha visto, “cuanto más pequeños son los niños más grave es el riesgo de que contemplen solos la televisión”.

Por desgracia, “casi la mitad del tiempo que pasan los jóvenes españoles delante del televisor lo hacen solos”, mientras que,  “un 42% de los niños españoles con edades comprendidas entre los 9 y 11 años ve habitualmente los programas de televisión sin ninguna compañía”,  los niños “pasan solos el 28% de su tiempo televisivo”.

De la tele hay que hablar

Pero no basta con que el niño no esté físicamente solo ante la pequeña pantalla. Es preciso que no se sienta solo como espectador, sino que pueda dialogar acerca de lo que ha visto. Como ya hemos dicho, lo recomendable es ver siempre la tele con los hijos para poder comentar sus contenidos en familia. Unas simples intervenciones durante o después del visionado “servirán para potenciar los valores de la televisión y para contrarrestar sus efectos negativos”. No hay que olvidar que la interpretación que los niños hacen de los mensajes televisivos depende, en gran medida, de los comentarios de sus padres al respecto. Por ello conviene explicarles todo lo que han visto y, en especial, los contenidos delicados (como sexo o violencia) y todo aquello que les genere dudas.

Cuando se acerca la Navidad, una buena opción es invitar a casa a amigos de su hijo para que vean juntos la tele y animarles a que hablen de ella. Una vez más, la realidad es bien distinta. Aunque la mayoría de padres y madres creen que la televisión engancha, también reconocen que no la suelen utilizar para dialogar con sus hijos, “sólo un 19% de los niños encuestados ve la televisión acompañado de sus padres, un 55% escoge los programas sin consultar, un 39% nunca comenta con sus padres los programas y un 21% lo hace rara vez”. Sólo una tercera parte de los padres comenta habitualmente los programas de televisión con sus hijos, a pesar de que la mayoría reconoce que el consumo televisivo de los niños es ante todo responsabilidad suya.

La tele se ve con límites

“Antes de cumplir los 15 años, un niño habrá visto televisión durante un tiempo equivalente a 17 meses”, lo que supone que “casi un año y medio de toda su existencia se habrá dedicado a ver televisión”. Ante esta situación se hace imprescindible comenzar a dosificar el consumo de televisión estableciendo unas normas claras en el hogar.

“Establecer un pacto sobre horarios y programación” en las familias, poniendo límites claros con el fin de controlar el tiempo que los niños pasan frente al televisor, siempre teniendo en cuenta la programación que echen en cada momento. Algo que, por ahora, parece que nos cuesta, aproximadamente un 30% de los padres reconoce no tener ningún control sobre el consumo televisivo de sus hijos.

Aunque el tiempo de visionado variará en función de la edad, tradicionalmente se ha recomendado que los niños no vean televisión hasta que cumplan los tres años y algunos autores consideran que, simplemente, durante los dos primeros años de vida las dosis de televisión deberían ser menores que en el resto. Por su parte, la Academia de Pediatría de Estados Unidos aconseja que los niños menores de dos años no vean televisión y que el resto no vea más de una o dos horas de programas de calidad al día.

Antes de los ocho o diez años, son los padres los que deben determinar cuánto tiempo al día puede verse la tele en casa, pero a partir de esa edad es importante que el pequeño aprenda a dosificar la televisión para que de mayor sepa elegir sus programas, “la edad adecuada para empezar a trabajar el autocontrol y la responsabilidad del propio consumo televisivo sería de ocho años en las niñas y de diez para los niños, siempre bajo la supervisión de un adulto”. Pero recuerde: “en última instancia, la decisión es de los adultos, somos los padres los que decidimos lo que ven nuestros hijos, cuándo y cómo lo ven”.

Para que se respete el horario establecido, es muy recomendable usar el video para grabar los programas que interesen y verlos en otro momento, especialmente los espacios que no se adapten a los horarios infantiles: poner el DVD o programas previamente grabados es siempre un consejo útil que, además, evita el bombardeo publicitario tan excesivo en fechas como las navideñas.

TV con programas adecuados

Pero no se trata sólo de cuanto tiempo ver la tele, sino también de qué ver en ella. Cuando hablamos de los niños, extremar las precauciones sobre la programación televisiva es esencial. Y una vez más, vigilar lo que los pequeños ven en televisión es obligación de los padres. Sin embargo, se trata de otra práctica que tampoco parece estar muy de moda en nuestro país ya que, en la actualidad “la totalidad de los programas más vistos por los pequeños de la casa no son espacios especialmente dirigidos para ellos”. Por si fuera poco, más de 150.000 niños ven la televisión a partir de las 12 de la noche en España, “el momento con más espectadores infantiles es a partir de las 10 de la noche, momento en el que se concentran 915.000 niños delante del televisor”. Efectivamente, un 78´1% de los niños españoles admite ver la televisión en horario nocturno.

Una vez más, recordamos que informarse del contenido de los programas de televisión que ven sus hijos antes de su visionado es responsabilidad de los padres de familia. Pero no basta con dejarles ver la tele sólo en determinados horarios y elegir programas calificados “para niños”, sino que los padres han de ser críticos también con los programas infantiles que no respeten los valores y derechos de los menores, ya que numerosas investigaciones demuestran que muchos de los productos de ficción que suelen consumir los niños no favorecen su desarrollo moral. Cuidado, por lo tanto, con los programas para niños y los dibujos animados, porque no todos son adecuados.

La tele tiene que tener alternativas

En vacaciones, una opción especialmente interesante para los hijos es ofrecerles actividades alternativas a la televisión en torno a las cuales se organice su tiempo libre. Por supuesto, una de las actividades sustitutorias del televisor que han de tener los más jóvenes es la lectura, pero en Navidad el abanico de posibilidades se amplía.

Proponemos aquí algunas de ellas: inventar juegos en lugar de ver la televisión; contar cuentos a los hijos; narrarles películas –preferentemente basadas en libros–; ir al cine; visitar exposiciones; mirar la realidad a través del objetivo de la cámara de fotos o grabar algo en video para aprender lo que es “estar detrás de la cámara”, o pasar un día sin televisión en el que preguntemos a los abuelos qué hacían de pequeños, cómo era la vida sin tele.

Otra actividad muy divertida, ahora que hay tiempo de estar en casa, es “hacer la prueba del algodón” para enseñar a los hijos a comprobar por sí mismos cómo miente la publicidad: después de ver un anuncio de detergente o el spot en el que una gota de lavavajillas cae sobre un plato cubierto de grasa dejándolo completamente limpio, se puede trasladar a los niños a la cocina para experimentar con un plato sucio o ensuciando una prenda que ya no sirva para intentar quitarle las manchas con sólo meterla un segundo en el agua.

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