La Energía Que Nos Mueve

“Motivación” es un término académico para hablar de los deseos que nos lanzan a la acción, de los antecedentes de nuestros actos, de la energía que nos mueve. Este tema despierta un interés universal. También queremos motivarnos a nosotros mismos, siempre que tenemos que hacer algo pero no tenemos ganas de hacerlo.

La motivación está de moda. Domina campos tan dispares (o no) como la empresa, el deporte o la educación. La motivación tiene que ver con el movimiento y la acción: ¿qué nos mueve a actuar?, ¿qué inicia, dirige, mantiene y detiene nuestra conducta? Si queremos comprender una acción, preguntamos por sus motivos. Y, ¿qué son los motivos? Propensiones subjetivas para actuar (necesidades, deseos, impulsos, tendencias, móviles) en función de lo que se quiere conseguir: una meta, objetivo o fin.

“La motivación penetra toda nuestra vida y, por ello, es el gran negocio vital y económico. Maneja deseos, juega con expectativas, gestiona premios y castigos, promete satisfacciones o penas del infierno, seduce, induce, produce, conduce, abduce”.

Para la psicología, el concepto de «motivación» es uno de los más confusos, porque como acabamos de ver, incluye muchas y muy diferentes nociones. De manera que iremos por partes.

Una manera sencilla de explicar la motivación sería identificarla con “tener ganas de hacer algo”. Esto es correcto, pero no suficiente: hacemos muchas cosas sin tener ganas de hacerlas, porque son nuestro deber.

Otro concepto que se suele emparejar con la motivación es el Deseo. Tampoco es suficiente; la motivación incluye el deseo y algo más.

Nuestro modelo de motivación se compone de tres factores: deseo, valor del objetivo y variables facilitadoras.

Motivación (fuerza de tendencia)= deseo + valor del objetivo + variables facilitadoras.

La esencia del hombre es el deseo

Esta sentencia de Spinoza no podría ser más acertada. Nacemos dotados de una serie de necesidades que experimentamos como deseos. En otras palabras, el deseo es la conciencia de una necesidad, de una falta o carencia, o la anticipación de una recompensa. El deseo es un impulso que surge espontáneamente, capaz de originar movimiento, de activar una acción orientada a su satisfacción. Toda nuestra vida está regida por él, hasta el punto de que cuando el deseo se desvanece -como ocurre en el caso de la depresión-, ya no se sabe vivir.

Siempre ha interesado esta relación entre necesidades y deseos. La Pirámide de las necesidades de Maslow, estructuradas jerárquicamente, es un buen ejemplo.

Desde aquí pensamos que existen tres necesidades fundamentales: bienestar, vinculación social y ampliación de nuestras posibilidades (autonomía, independencia, creatividad, logro, poder, etc.).

Estos deseos primarios engendran los deseos concretos; de ellos brota nuestra energía. De modo que, para motivar a alguien -o a nosotros mismos- es imprescindible activar alguno de estos deseos básicos, o relacionar la meta con alguno de ellos. Siempre se ha de remitir a alguna de estas necesidades. Todo parece indicar que no podemos crear deseos nuevos. Pero sí podemos ampliar o hibridar los que ya se tienen.

La motivación es un fenómeno íntimo, que emerge del interior de cada uno de nosotros, pero está mediado por la sociedad y la cultura. Por eso se puede influir en ella. Las mismas herramientas mentales sirven para lo bueno y para lo malo: los deseos pueden manipularse (como hace, por ejemplo, la publicidad), pero también educarse. Platón decía que “el fin de la educación es enseñar a desear lo deseable”. Y este es nuestro papel como padres.

¿Es verdad que pueden fomentarse deseos, que puede inducirse a querer algo? En eso consiste la astucia pedagógica (y la publicitaria). La publicidad intenta crear nuevas necesidades, es decir, nuevos deseos. Pero si examinamos la aparición de un deseo, vemos que no surge de la nada, sino que se trata de un viejo deseo envuelto en un formato nuevo. También es posible intensificar el deseo aumentando la necesidad o haciendo más atractiva la meta; su valor, el incentivo.

Y es que para estar motivado NO basta con el deseo. Otros factores influyen en el comportamiento: la importancia del premio esperado, la confianza en conseguirlo, el esfuerzo necesario, etc.

Objetivos valiosos y circunstancias facilitadoras

Para hacer que una persona desee conseguir cierto objetivo (es decir, para motivarla), se tiene que presentar ese objetivo como valioso. Porque cuando algo se convierte en valioso despierta las ganas de actuar. Lo que nos atrae es el valor que una cosa tiene para nosotros. “Valor” es aquella cualidad –física, estética, económica, moral- que hace a algo apreciable, deseable, apetecible. Esta evaluación se hace de acuerdo a nuestros sistemas de preferencias. Por este motivo es muy importante tener presentes las características individuales. No todo el mundo se motiva de la misma manera; una motivación uniforme no producirá el mismo resultado en distintas personas. De modo que si lo que queremos es motivar a nuestros hijos, tenemos que saber qué valoran más para enlazar con ello los objetivos deseados. Debemos intentar relacionar de manera positiva nuestros intereses y los suyos.

A esta unión del deseo y el valor de la meta hay que añadir un tercer elemento: los factores que favorecen o dificultan nuestra decisión de hacer algo. Los hemos denominado “variables facilitadoras”. Ponen de manifiesto que entre el deseo y el objetivo hay una tarea, un trabajo que hacer, un trayecto que recorrer. Los facilitadores de la tarea realizan una segunda evaluación del incentivo, teniendo en cuenta, no ya el deseo o el valor, sino la capacidad del sujeto. Lo que está en juego no es el atractivo del fin, sino la facilidad o la dificultad para conseguirlo. Las variables facilitadoras no sólo intervienen en el arranque de la acción, sino en su mantenimiento. Son cuatro:

  • Facilidad o dificultad del objetivo.
  • Sentimiento de competencia del sujeto para alcanzarlo.
  • Hábito de buscar ese objetivo.
  • Interés del proceso, y no solo del fin.

 Motivación = deseo + valor del objetivo + facilitadores de la tarea

Por lo tanto, para aumentar la motivación se ha de incidir sobre alguno de estos tres factores:

  • Aumentando el deseo
  • Aumentando el valor del objetivo
  • Aumentando las variables facilitadoras

Sin embargo, la motivación inicial no es suficiente. Debemos tener en cuenta la motivación para la tarea.

Mantener el esfuerzo, aunque sea en algo que queremos y nos motiva, es difícil. Nos desanimamos con facilidad. Una decisión necesita una energía especial para mantenerse a lo largo de su realización. Surgen obstáculos que debemos enfrentar: cansancio, desánimo, desinterés, tentación, procrastinación… En estos casos, lo mejor que podemos hacer es descansar, reactivar el ánimo, volver a despertar el interés perdido, y, sobre todo, ser astutos contra la tentación.

La motivación es un elemento clave del rendimiento (deportivo, académico, laboral, etc.). En este sentido, los expertos recomiendan fijar pequeños objetivos, dividir un proyecto a largo plazo en subobjetivos. Esto permite ir logrando “pequeñas victorias”. Tiene un efecto positivo en la confianza en uno mismo y, por lo tanto, facilita el logro del objetivo a largo plazo. Objetivos concretos y específicos, de una dificultad asequible, son mucho más efectivos y generan un rendimiento mayor que metas vagas o generales. No es lo mismo “ponerse a estudiar”, sin más, que hacerlo con un proyecto concreto: hacer un trabajo, o aprenderse un tema en “x ” tiempo.

 Vuelta al deber

Por último, hay que tener en cuenta que la motivación no anula el esfuerzo. La motivación por sí sola no es la solución a todos los problemas. En nuestro día a día tenemos que hacer cosas sin estar motivados en absoluto, porque es necesario o, simplemente, nuestra obligación. Como ir a trabajar o al instituto. Es normal que tengamos que hacer cosas que no nos apetecen. Lo raro sería, por ejemplo, que los chavales estuvieran impacientes por resolver problemas de trigonometría. El deber es un refuerzo de la motivación. Tenemos que retomar el recurso al deber, tan desprestigiado en la actualidad, y transmitir a nuestros hijos la satisfacción del deber cumplido.

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