Nacer a final de año influye en las notas

El sistema educativo español se rige por la edad cronológica y no evolutiva del alumno. No contempla que un niño nato en diciembre progresa más lento y que peligra su autoestima

¿Haber nacido a finales de año le pasará factura a mi hijo en su formación? ¿Sería mejor que estuviese escolarizado con los niños de 2012? Distintos estudios por todo el mundo indican que el calendario puede influir en los resultados académicos, pues los más pequeños del año arrastran un déficit evolutivo relativo que disminuye a medida que crece.

“En niños de infantil se suele notar bastante la diferencia en lo intelectual y en lo físico, pero no es el único condicionante. Las niñas son más espabiladas y el que se hayan escolarizado pronto influye. Cada niño es un mundo”. La clase social del estudiante, la profesión de sus padres o la estructura de su familia son también factores socioculturales que contribuyen para bien o para mal en los resultados académicos.

Que la edad sí tiene un efecto apreciable y bastante consistente en los diversos países da cuenta el tan cacareado y polémico informe PISA. En ciencias, por ejemplo, hay un contraste en España de 18 puntos (497/ 479, ver gráfico) entre los extremos del año. “La diferencia entre países no es uniforme, aunque es bastante regular, y si bien sería difícil afirmar que hay sistemas escolares que amplifican o atenúan la influencia de la maduración de los alumnos sobre los resultados PISA, tampoco sería fácil negar esa posibilidad”.

“El problema del sistema educativo en España es que se rige por la edad cronológica y no evolutiva”,  “Al ingresar en primaria a un niño que ha nacido 10 meses antes que otro no podemos pedirle avances curriculares iguales —la prescritura y la prelectura— y de autonomía, como atarse los cordones cuando no tiene la misma motricidad en las manos”.

En España, cuando comienza el curso en septiembre, están obligados a matricularse en primero de primaria (seis años) todos los alumnos nacidos durante ese año natural. En otros países solo empiezan los que ya han cumplido los seis (en Suecia a los siete), quedándose así cada generación partida en dos. Es el caso, entre otros de Austria, República Checa, Suiza, Irlanda, Países Bajos o Rusia.

Los tardíos, calculan en el britanico Institute for Fiscal Studies, tienen el 72% de posibilidades de que le consideren un alumno con necesidades educativas especiales. “No hay que etiquetar a los alumnos por cuándo han nacido. Pero sí que, mediante prueba, hay que conocer la madurez intelectual y emocional del estudiante. Si se detectan carencias, hay que establecer vías de entendimiento para potenciar sus capacidades intelectuales y sus habilidades sociales. Es la forma de que el niño no se desmotive y tenga un buen rendimiento escolar”. Los siete años es la edad idónea para detectar el déficit, piensa, pues entonces se complican los contenidos. “Con sentido común se tienen que implicar el claustro de profesores, los padres y el departamento de orientación. No hay que actuar de primeras porque un niño haya nacido en diciembre”.

Hay quien propone tomar medidas incluso antes. “Un niño de 3 años nacido el 1 de enero y otro del 31 de diciembre no solo se llevan un año, sino un tercio de vida”. Y si a eso unimos, que este último sea varón, de origen inmigrante o familia desestructurada las posibilidades de fracaso escolar aumentan. “Por eso animo a que algunos niños de primero de escuela infantil (tres años) repitan curso porque el problema va a más. Es un círculo vicioso. Progresan más lentos y eso merma su autoestima, sobre todo la lecto-escritura, en un momento en el que la constancia y las expectativas de éxito son fundamentales para que mejoren”.

El Instituto Vasco de Evaluación e Investigación Educativa (ISEI-IVEI) ha constatado que el 15% de los nacidos de enero a marzo ha repetido en Euskadi algún curso al llegar a 2º de ESO (14-15 años), frente al 25% de los alumnos del último trimestre. En 4º de primaria (9 -10 años) las diferencias de conocimientos en matemáticas son evidentes: los mayores consiguen una puntuación de 260/300, mientras que los pequeños 246/300 (ver gráfico). Con el tiempo las distancias se atenúan hasta hacerse casi imperceptibles. En 2º de ESO les separan tan solo 4 puntos: 261-257/ 300.

Pese a este estrechamiento de las diferencias, hay algunos estudios que indican que persisten hasta el fin del bachillerato, en especial en los ambientes más desfavorecidos. Una evaluación de los datos franceses. No solo repiten más —35% de los de enero a los 15 años en Francia, frente al 51% de los de diciembre , sino que la edad condiciona su futuro. No abandonan más los estudios, pero optan más por los ciclos de grado medio —tres puntos más, con una media del 30%— y, por consecuencia, sufren “una débil penalidad salarial pero estadísticamente significativa (-2,3% los hombres y -0,7% las mujeres)”.

Ya en algunas escuelas infantiles separan a los alumnos por meses.  Finlandia y Dinamarca lo aplican en la educación primaria. En el colegio Escandinavo de Madrid, por ejemplo, no aspiran a alcanzar “metas específicas por semestre”, sino que otorgan “flexibilidad a los profesores para conseguir las metas de acuerdo con la madurez de cada niño”. Por ese motivo a menudo “hay unos en una clase trabajando con el mismo tema pero a niveles diferentes”, explican en su ideario. En el colegio Japonés de Madrid, que no llega a la treintena de alumnos, también se tiene en cuenta la madurez de cada uno. No hay suspensos y recuperaciones, se les puntúa del 1 al 5 para evaluar su evolución y, si lo necesitan, destacar qué ayuda necesitan. Los mejores ayudan a los rezagados.

“En España también la educación debería ser personalizada, que no individualizada, porque aprendemos relacionándonos y observando a los otros. Si un niño está suficientemente estimulado no tienen por qué notarse tanto las diferencias de edad”.

Para conseguirlo, aconseja escolarizar pronto a los niños nacidos a finales de año o al menos socializarlos yendo al parque o quedando con otros de su edad. Y, en su casa, estimularlos con música, hablándoles o con juegos. “Hasta los seis años no atendemos con apoyo a niños que tengan un atraso en el habla porque entendemos que cada uno tiene un desarrollo”, comenta.

“Ya que no elegimos la fecha de nacimiento, sería deseable que el sistema educativo proveyese algunos mecanismos institucionales para corregir las desigualdades escolares ligadas a este factor. Entre las soluciones factibles figura aplicar un coeficiente compensatorio para enderezar los resultados escolares de los alumnos en función del mes de nacimiento. Este dispositivo, que debería ser utilizado sobre todo en primaria permitiría fortalecer la equidad del sistema educativo francés de una manera simple y poco costosa”. ¿El problema? No es el único condicionante.

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