Una Capacidad: La Resiliencia

Desarrollar resiliencia, la capacidad para afrontar con éxito la adversidad, el trauma, la tragedia, las amenazas, etc., puede ayudar a manejar el estrés y los sentimientos de ansiedad e incertidumbre. Sin embargo, que los niños sean resilentes no significa que no experimentarán dificultades o angustia. La buena noticia es que la resiliencia es una capacidad que puede aprenderse.

El concepto de resiliencia se refiere a la capacidad que tienen algunas personas para afrontar y reponerse a la adversidad. Estas personas cuentan con una serie de recursos que les hacen menos vulnerables a desarrollar traumas manteniendo un estilo de afrontamiento activo ante los problemas que les lleva a no rendirse. Las personas que han desarrollado esta capacidad consiguen mantener un equilibrio durante todo el proceso sin que afecte a su rendimiento y a su vida cotidiana. Lo que no significa que las personas resilientes no sufran; los acontecimientos les afectan igual, lo que les hace diferentes, es su manera de enfrentar estos problemas siendo capaces incluso de salir reconfortados y enriquecidos de estos sucesos. Son personas con una capacidad extraordinaria para resistir y rehacerse después de un suceso traumático.

La resiliencia es un concepto al que se le ha prestado poca atención hasta hace relativamente poco tiempo. En la actualidad, hay muchas investigaciones al respecto, sobre todo, desde la psicología positiva. Todas coinciden en que estas personas disponen de unos rasgos que les ayudan a enfrentar las dificultades de forma adaptativa. Algunas de estas características serían:

  • Son personas comprometidas con lo que hacen y con una fuerte sensación de control sobre los acontecimientos, tienen una actitud abierta ante los cambios en la vida y toleran bien la incertidumbre. Estos factores facilitan que interpreten las experiencias dolorosas como una parte más de la existencia y los problemas como retos.
  • Tener un propósito significativo en la vida y creer que uno tiene el poder de influir en lo que le sucede a su alrededor y que puede aprender de ello. Cuando tenemos algo por lo que luchar y nos sentimos capaces de hacerlo es más fácil vernos motivados para seguir, como decía Nietzsche “Aquel que tiene un porqué para vivir puede enfrentarse a todos los comos”.
  • Capacidad para experimentar emociones positivas y favorecerlas. Se ha comprobado como las personas que son capaces de experimentar emociones positivas en situaciones estresantes compensan el daño de las negativas disminuyendo su impacto.
  • Autoestima bien estructurada y firme que facilita la seguridad en uno mismo y una autoimagen positiva, que permite a la persona considerarse como lo suficientemente valiosa y capaz para afrontar momentos vitales difíciles.
  • Capacidad de abstracción y de introspección. Es necesario que la persona tenga la capacidad suficiente como para reflexionar, tomar conciencia y hacerse preguntas acerca de lo que le ocurre.
  • Distanciamiento emocional. Se refiere a la capacidad para distanciarse de los problemas y poder mantenerse independiente a ellos sin dejarse absorber por las emociones y poder así disponer de más perspectiva. Ello facilitará el manejo de los sentimientos e impulsos negativos derivados del problema vivido.
  • Apoyo social. Estas personas disponen de algún lazo estrecho e íntimo que cubre su necesidad de afecto y les genera estabilidad.
  • Iniciativa. Los individuos resilientes parten una de actitud proactiva respecto a su medio y a su futuro.
  • Capacidad de desdramatizar los acontecimientos y mantenerse optimista y con sentido del humor a pesar de todo.
  • Aceptación de aquello que no puede cambiarse y aprender a tolerar la frustración que ello produce desviando el foco de atención hacia lo que sí puede cambiar.
  • Creatividad y flexibilidad para adaptarse a las nuevas situaciones.
  • Pensamiento crítico. Capacidad de aprender de los propios errores y verlo como oportunidades de mejora y aprendizaje.
  • La habilidad para hacer planes realistas y seguir los pasos necesarios para llevarlos a cabo.
  • Son buenos comunicadores y disponen de buenas estrategias de solución de problemas.

La resiliencia incluye factores que pueden aprenderse y desarrollarse, no es una capacidad que se tiene o no se tiene. De ahí la necesidad de fomentar estos recursos en los niños desde que son pequeños favoreciendo la adquisición de éstos y por ello mayor fortaleza para enfrentarse a las adversidades.

Qué podemos hacer para favorecer la resiliencia:

  • Mantener relaciones sociales variadas y de calidad. Aceptar ayuda y apoyo del otro favorece mi resistencia a los acontecimientos adversos.
  • Mantener una actitud positiva frente a los problemas y no verlos como obstáculos insuperables. No podemos evitar que ocurran las cosas pero si podemos cambiar nuestra forma de reaccionar ante ellas. Intentar buscar maneras sutiles de sentirse mejor intentando quedarnos con aquellos detalles más positivos o neutros y no solo con los negativos.
  • Aceptar el cambio y las dificultades como parte de la vida y no lamentarse por ello, al contrario, centrar el esfuerzo en ver qué es lo que se puede hacer para cambiarlas.
  • No evitar los problemas, esconderse de un problema no hace que éste se resuelva sino que cada vez sea más grave.
  • Plantearse expectativas realistas y dividirlas en pequeños pasos admisibles nos llevará a conseguir pequeños logros que nos motivarán para seguir adelante en nuestros propósitos y llegar a la meta.
  • Dentro de lo ocurrido buscar siempre los elementos más positivos. A veces como resultado de una situación traumática descubrimos nuestra capacidad de superación y podemos sentir que hemos crecido como personas. Podemos percibirnos menos vulnerables y desarrollar un mayor aprecio por la vida.
  • Cultivar una sana autoestima.
  • No magnificar los sucesos ocurridos intentando considerar la situación en su globalidad y mantener una perspectiva a largo plazo.
  • Nunca perder la esperanza. Una visión optimista permite esperar que ocurran cosas buenas en la vida. Es mejor centrarse en lo que se quiere en vez de preocuparse por lo que teme.
  • No olvidar cuidarse y prestar atención a cada una de nuestras necesidades. Llevar un hábito de vida saludable nos ayuda a estar más preparados para afrontar lo que nos venga.

Consejos a los padres:

  • Los padres deben actuar como modelos de responsabilidad, mostrando un estilo de afrontamiento activo frente a las dificultades. Manteniendo una actitud positiva y normalizando, en la medida de lo posible, los problemas.
  • No caer en la sobreprotección ya que esto fomenta un sentimiento de dependencia y vulnerabilidad en el niño.
  • Dotarles de responsabilidades adecuadas a su edad y capacidades repercute de forma positiva en su percepción de competencia y autonomía.
  • Fomentar un diálogo abierto en el que se les permita e impulse a pensar por ellos mismos y que esté abierto a posibilidades.
  • Provocar oportunidades en las que el niño pueda poner en marcha sus recursos.
  • Generar entornos variados donde se pueda enriquecer de multitud de experiencias diferentes que le enriquezcan como persona.
  • Mantener unas expectativas positivas y adecuadas por parte de los padres comunicadas de forma directa y con claridad al niño que le orienten a proponerse metas que le fortalezcan y motiven.
  • Promover en ellos el aprendizaje del esfuerzo.
  • Mantener una actitud cálida, empática y de escucha.
  • Apoyo entre los miembros de la familia.
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