Archive for the ‘Artículos de salud’ Category

Alergias en la Infancia

A veces no es facil reconocer que el niño es alérgico a alguna sustancia, animal o alimento. ¿Cómo saberlo? La respuesta es simple: congestión nasal, estornudos, tos y brotes repentinos son los primeros indicadores de alergia, definida por los expertos como “una respuesta exagerada del organismo contra sustancias que debería tolerar”, entre ellas, los pólenes y los alimentos. Se estima que el 30 por ciento de los niños son alérgicos. Entre los 2 y los 5 años comienzan a aparecer los primeros síntomas de alergia.

El término alergia o enfermedad por hipersensibilidad incluye un grupo de reacciones adversas mediadas inmunológicamente e inducidas por antígenos, que son aquellas moléculas que desencadenan una respuesta específica del organismo en la que participan, fundamentalmente los anticuerpos y los linfocitos. No todos los antígenos producen reacciones alérgicas, y los que sí lo hacen son conocidos con el nombre de alergenos. Los estudios epidemiológicos, clínicos y fisiopatológicos realizados han permitido en los últimos años un progreso considerable en el conocimiento de los factores que influyen sobre la susceptibilidad de un determinado sujeto, el desarrollo posterior de la alergia y su gravedad, el pronóstico de su evolución y de la respuesta al tratamiento.

Por su relevancia como problema de salud en el niño las enfermedades alérgicas ocupan el sexto lugar en frecuencia, afectando al 15-20% de la población infantil y con una tendencia al aumento en los países desarrollados desde hace décadas. Su impacto en la infancia es considerable, condicionando gran absentismo escolar, cambios conductuales y trastornos del aprendizaje; son una causa frecuente de morbilidad, de carga asistencial en nuestras consultas y económica para las familias y para el sistema sanitario. Esa alta prevalencia señala además el papel clave que debiera asumir el pediatra general en el diagnóstico y seguimiento de estos niños. En ese sentido, la Organización Mundial de la Alergia (WAO) considera que para lograr un buen control de estos pacientes es necesario un adecuado nivel de competencia en alergología para cualquier médico, independientemente de su especialidad y su ocupación diaria, lo mismo que una relación de conocimiento y cooperación entre los diferentes niveles asistenciales. Además, debería saber establecer un plan de educación alergológica y de control de la enfermedad individualizado, dirigido a la familia y al niño, y centrado en la evitación del alergeno, el cumplimento terapéutico y el autocontrol. Otro aspecto de interés es el que muchas enfermedades pueden tener manifestaciones similares a las de la alergia y que la alergia puede tener una expresión clínica similar a una enfermedad de origen no inmunológico. Así que para clasificar correctamente la enfermedad de un niño como de origen alérgico se debe confirmar la base inmunológica de la reacción o enfermedad.

Hoy se acepta que la rinitis alérgica, la conjuntivitis alérgica, el asma y la dermatitis atópica, lejos de ser padecimientos aislados deben ser tenidos como manifestaciones de una única enfermedad generalizada en la que pueden coexistir diversos trastornos órgano-específicos con una base común. La rinitis y el asma alérgicos representarían intensidades diferentes de la misma enfermedad de las vías respiratorias; es decir, la enfermedad alérgica abarcaría desde la rinitis alérgica leve hasta el asmay ambos trastornos pueden coexistir en los pacientes alérgicos.De hecho, un 75- 80% de los pacientes asmáticos tienen rinitis y un 19-38% de los pacientes con rinitis tienen asma, fundamentalmente relacionados con la exposición a los ácaros, los pólenes y los mohos

Las manifestaciones de alergia más precoces en el niño son de origen alimentario y si bien la evolución es generalmente hacia la resolución, pueden predisponer a otras sensibilizaciones. La prevalencia de la alergia alimentaria es aún desconocida, debido a la complejidad clínica y disparidad de los criterios diagnósticos, pero se estima que en niños fluctúa entre 0,3 y 7,5%; y se sabe que el 70% de las alergias alimentarias se manifiesta en los primeros años de vida y sólo un 10% después de los 8 años. Después de la leche y el huevo, el pescado es una de las principales causas de alergia alimentaria en nuestro país. Las dietas de eliminación durante el embarazo no se recomiendan, pues pueden deteriorar el estado nutricional de la madre y del feto sin estar claramente demostrado que tengan algún impacto beneficioso en el desarrollo de la enfermedad atópica, a diferencia de la lactancia, donde sí se ha comprobado una disminución de la severidad de la dermatitis atópica en lactantes de alto riesgo de desarrollar alergia al usar dietas de exclusión.

Prácticamente cualquier medicamento puede producir una reacción adversa mediada inmunológicamente, aunque las reacciones a medicamentos de base alérgica deben diferenciarse de aquellas reacciones adversas en personas no alérgicas, tanto debidas a efectos tóxicos o de sobredosis como a efectos colaterales y por interacciones. De hecho, sólo un 5-10% de las reacciones adversas a fármacos tiene un origen alérgico. No obstante, ante un niño que presenta datos sugestivos de alergia a medicamentos el primer paso será la retirada del fármaco sospechoso, iniciar un tratamiento alternativo si así lo exige el estado del niño y programar un estudio alergológico dirigido, en el que los datos recogidos de la historia del proceso y un interrogatorio estructurado y completo resultarán imprescindibles. Hasta que el proceso se haya completado y la alergia confirmada o descartada los padres y cuidadores deben vigilar que no se repita el uso de ese fármaco, siendo esto más importante cuanto más grave haya sido el cuadro que sugiere la sospecha.

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Desayunar en familia

La obesidad infantil constituye un problema importante en España, donde ha alcanzado cifras preocupantes, que apuntan ya que cerca de un 30 % de la población infantil sufre en mayor o menor medida sobrepeso.

El dato es sobrecogedor porque nos pone de manifiesto una realidad que en nuestro país nos resistimos a reconocer y, sin embargo, es una cuestión seria. Hablamos de niños gorditos como algo tierno y gracioso, en sentido cariñoso, pero los pediatras y nutricionistas nos advierten que se trata de un grave problema de salud que hay que atajar cuanto antes.

En esta batalla contra la obesidad infantil, las familias tenemos una enorme responsabilidad, porque somos las verdaderamente capaces de generar el cambio de hábitos necesario para frenar este problema que afecta a los niños españoles. Somos los padres los que inculcamos los buenos hábitos de alimentación, los que marcamos los tiempos de las actividades sedentarias -TV, consolas…- que deben tener su espacio como parte del ocio, pero debe estar medido. Somos también las que podemos motivar para la práctica de determinadas actividades, las que fomentamos o facilitamos que nuestros hijos descubran y disfruten con el deporte.

El papel de la familia es fundamental y lo es porque es la principal escuela de valores, donde se adquieren los hábitos y costumbres que van a marcar nuestra forma de pensar y de vivir. La alimentación es una importante asignatura en esta “escuela de valores”, porque no se trata de comer, sino de comer bien, disfrutando de los alimentos y usándolos para mejorar nuestro bienestar físico y mental. Comer en familia es vital para ello, porque sólo podremos inculcar y enseñar a nuestros hijos buenos hábitos de alimentación si esos buenos hábitos son también los nuestros. Si nosotros comemos fruta, ellos también la comerán; aunque se resistan al principio, verán la fruta como algo habitual en la mesa y seguirán esa rutina cuando tengan su propia vida.

Comer en familia nos da además momentos muy interesantes para la comunicación, para hablar padres e hijos, hacer partícipes a todos de nuestras alegrías y preocupaciones del día. Los actuales horarios laborales hacen difícil que a diario se pueda comer en familia, pero sí podemos desayunar en familia, empezar el día haciendo juntos la primera comida, la más importante según los nutricionistas. Esta es la verdadera asignatura pendiente en muchos hogares, donde nos pueden las prisas matutinas, llegar a clase, salvar el atasco… pero es cuestión de voluntad y de pensar que es realmente importante y que se trata sólo de 15 minutos menos de sueño. A cambio estaremos sembrando para que nuestros hijos crezcan más sanos, tengan un mejor rendimiento intelectual y sean, seguramente, un poquito más felices.

Enfermedades emergentes

Varios son los factores que han propiciado el retorno de muchas de las enfermedades infecciosas que creíamos erradicadas en la península, desde el cambio climático a las migraciones, pasando por la pobreza y la mejora de algunas infraestructuras.

En los últimos tiempos hemos asistido a la aparición de nuevos microorganismos patógenos para el hombre (capaces de hacerle enfermar). Concretamente, infecciones como la causada por el virus del VIH o el de la Hepatitis C o la fiebre hemorrágica provocada por el Ébola apenas tienen unas décadas de vida. No obstante, es más curioso si cabe el hecho de que también hemos tenido noticias de brotes de patologías que se creían erradicadas o perfectamente controladas gracias a los avances higiénico-sanitarios y a la evolución de los programas vacunales.

Ambos fenómenos no son sino la manifestación de la lucha que mantienen estos agentes patógenos por sobrevivir, atacando para ello el sistema defensivo del ser humano. Normalmente, este entramado es eficaz a la hora de repeler estos ataques, pero en ocasiones existen pequeñas fisuras por las que estos microorganismos se cuelan.

Estas brechas sanitarias a veces han sido lo suficientemente grandes como para permitir que las enfermedades supuestamente bajo control vuelvan a convertirse en una preocupación para las autoridades competentes y para los pacientes potenciales. Se trata de lo que los especialistas denominan enfermedades reemergentes.

De manera errónea, el fenómeno de la inmigración suele cargar con la culpa de estos brotes, pero en realidad, los especialistas no se muestran de acuerdo con dicha afirmación. Y es que son otros los factores que predisponen a la reemergencia de una enfermedad.

Factores de riesgo

  • El cambio climático no es ninguna falacia. Está comprobado que la temperatura del globo aumenta paulatinamente. Esto ha provocado que proliferen patógenos –o, fundamentalmente, los insectos y parásitos que actúan como vectores de los mismos– en latitudes del planeta en las que tradicionalmente no podían sobrevivir. De esta forma, existen numerosas enfermedades típicamente tropicales que actualmente se dan con cierta frecuencia en climas menos benignos.
  • La incursión y urbanización por parte del hombre de zonas cada vez más remotas también se ha convertido en un problema, ya que muchas de estas zonas pueden ser el hábitat natural de patógenos para el hombre.
  • Flujo de personas. Bien sea por necesidad de buscar un mejor futuro en otro país diferente al de origen, bien por el mero hecho de viajar de manera habitual a destinos cada vez más recónditos (ya sea por turismo o por cuestiones laborales), y sin olvidar los cientos de miles de desplazamientos que provocan las guerras, lo cierto es que los microorganismos lo tiene cada vez más fácil para originar un brote en cualquier parte del mundo.
  • Las mejoras en las infraestructuras relacionadas con el transporte, tienen también una cara menos amable. Animales, ganado y productos alimenticios viajan habitualmente y, con ellos, también lo hacen determinados causantes de enfermedades transmisibles al hombre.
  • La pobreza. Incluso en los países más favorecidos económicamente existen bolsas de pobreza y zonas marginales donde no se siguen los protocolos de vacunación y donde escasean las medidas de higiene más elementales. Este caldo de cultivo es idóneo para favorecer no sólo la aparición de un brote de una determinada enfermedad, sino su rápida diseminación al resto de la población.
  • Deficiencias infraestructurales. En algunas naciones los sistemas de vigilancia epidemiológica encargados de detectar posibles acumulaciones anómalas de casos de este tipo no funcionan correctamente. También puede ocurrir que aunque se pongan en marcha las alarmas relativas a un brote epidémico, los sistemas sanitarios no estén preparados para absorber el impacto del mismo.
  • Los patógenos que provocan enfermedades en el hombre son organismos vivos y, como tales, evolucionan, tratan de adaptarse al medio en el que habitan y transforman sus estructuras para superar las dificultades que se les van poniendo para su supervivencia. De esta manera, es esencial saber que, por muy controlada que esté una enfermedad infecciosa, siempre puede reactivarse por mera evolución natural.

De esta forma, la inmigración como tal no supone la base del problema, aunque sí es cierto que si estas personas no están correctamente inmunizadas pueden introducir el microorganismo a la vuelta de uno de sus viajes o por entrar en contacto con el mismo en su lugar al que ha ido a vivir –si la población autóctona está vacunada, no tendrá la enfermedad, pero el inmigrante sí–.

También representa un riesgo, aunque para ellos mismos, el hecho de vivir en condiciones de salubridad poco recomendables (hacinados en recintos pequeños, sin agua corriente, etc.).

Nuevos brotes

  • Tubercolosis. Enfermedad infecciosa provocada por Micobacteryum tuberculosis. Su contagio exige un contacto estrecho con el foco del patógeno y es extremadamente poco probable infectarse por la calle. El retorno de esta infección se debe fundamentalmente a la proliferación de zonas marginales y al aumento de casos de sida.
  • Malaria. El paludismo es un enfermedad tropical parasitaria causada por el protozoo Plasmodium falciparum, transmitido por la picadura del mosquito Anopheles. El cambio climático, fundamentalmente, ha favorecido que Anopheles sea capaz de reproducirse en zonas en las que antes moría por ser demasiado frías. Por su parte, los viajes a lugares exóticos y el mal cumplimiento de la profilaxis indicada en estos casos también han provocado casos en lugares remotos.
  • Sarampión. Esta infección causada por un mixovirus estaba prácticamente erradicada gracias a la vacuna de virus atenuados incluida en el calendario vacunal pediátrico desde hace años. La patología es de carácter benigno, aunque es muy contagiosa.La Comunidad de Madrid cursó la recomendación de adelantar la vacunación de los pequeños a los 12 o 13 meses.
  • Rubeola. Se trata de una infección respiratoria tremendamente contagiosa por vía aérea o por contacto con superficies contaminadas.

Varios son los factores que han propiciado el retorno de muchas de las enfermedades infecciosas que creíamos erradicadas en la península, desde el cambio climático a las migraciones, pasando por la pobreza y la mejora de algunas infraestructuras.

Autor: ALEJANDRA RODRÍGUEZ
En los últimos tiempos hemos asistido a la aparición de nuevos microorganismos patógenos para el hombre (capaces de hacerle enfermar). Concretamente, infecciones como la causada por el virus del VIH o el de la Hepatitis C o la fiebre hemorrágica provocada por el Ébola apenas tienen unas décadas de vida. No obstante, es más curioso si cabe el hecho de que también hemos tenido noticias de brotes de patologías que se creían erradicadas o perfectamente controladas gracias a los avances higiénico-sanitarios y a la evolución de los programas vacunales.
Ambos fenómenos no son sino la manifestación de la lucha que mantienen estos agentes patógenos por sobrevivir, atacando para ello el sistema defensivo del ser humano. Normalmente, este entramado es eficaz a la hora de repeler estos ataques, pero en ocasiones existen pequeñas fisuras por las que estos microorganismos se cuelan.
Estas brechas sanitarias a veces han sido lo suficientemente grandes como para permitir que las enfermedades supuestamente bajo control vuelvan a convertirse en una preocupación para las autoridades competentes y para los pacientes potenciales. Se trata de lo que los especialistas denominan enfermedades reemergentes.
De manera errónea, el fenómeno de la inmigración suele cargar con la culpa de estos brotes, pero en realidad, los especialistas no se muestran de acuerdo con dicha afirmación. Y es que son otros los factores que predisponen a la reemergencia de una enfermedad.

FACTORES DE RIESGO

– El cambio climático no es ninguna falacia. Está comprobado que la temperatura del globo aumenta paulatinamente. Esto ha provocado que proliferen patógenos –o, fundamentalmente, los insectos y parásitos que actúan como vectores de los mismos– en latitudes del planeta en las que tradicionalmente no podían sobrevivir. De esta forma, existen numerosas enfermedades típicamente tropicales que actualmente se dan con cierta frecuencia en climas menos benignos.
– La incursión y urbanización por parte del hombre de zonas cada vez más remotas también se ha convertido en un problema, ya que muchas de estas zonas pueden ser el hábitat natural de patógenos para el hombre.
– Flujo de personas. Bien sea por necesidad de buscar un mejor futuro en otro país diferente al de origen, bien por el mero hecho de viajar de manera habitual a destinos cada vez más recónditos (ya sea por turismo o por cuestiones laborales), y sin olvidar los cientos de miles de desplazamientos que provocan las guerras, lo cierto es que los microorganismos lo tiene cada vez más fácil para originar un brote en cualquier parte del mundo.
– Las mejoras en las infraestructuras relacionadas con el transporte, tienen también una cara menos amable. Animales, ganado y productos alimenticios viajan habitualmente y, con ellos, también lo hacen determinados causantes de enfermedades transmisibles al hombre.
– La pobreza. Incluso en los países más favorecidos económicamente existen bolsas de pobreza y zonas marginales donde no se siguen los protocolos de vacunación y donde escasean las medidas de higiene más elementales. Este caldo de cultivo es idóneo para favorecer no sólo la aparición de un brote de una determinada enfermedad, sino su rápida diseminación al resto de la población.
– Deficiencias infraestructurales. En algunas naciones los sistemas de vigilancia epidemiológica encargados de detectar posibles acumulaciones anómalas de casos de este tipo no funcionan correctamente. También puede ocurrir que aunque se pongan en marcha las alarmas relativas a un brote epidémico, los sistemas sanitarios no estén preparados para absorber el impacto del mismo.
– Finalmente, no hay que olvidarse de que los patógenos que provocan enfermedades en el hombre son organismos vivos y, como tales, evolucionan, tratan de adaptarse al medio en el que habitan y transforman sus estructuras para superar las dificultades que se les van poniendo para su supervivencia. De esta manera, es esencial saber que, por muy controlada que esté una enfermedad infecciosa, siempre puede reactivarse por mera evolución natural.

De esta forma, la inmigración como tal no supone la base del problema, aunque sí es cierto que si estas personas no están correctamente inmunizadas pueden introducir el microorganismo a la vuelta de uno de sus viajes o por entrar en contacto con el mismo en su lugar al que ha ido a vivir –si la población autóctona está vacunada, no tendrá la enfermedad, pero el inmigrante sí–.
También representa un riesgo, aunque para ellos mismos, el hecho de vivir en condiciones de salubridad poco recomendables (hacinados en recintos pequeños, sin agua corriente, etc.).

NUEVOS BROTES

TUBERCULOSIS.
Enfermedad infecciosa provocada por Micobacteryum tuberculosis. Su contagio exige un contacto estrecho con el foco del patógeno y es extremadamente poco probable infectarse por la calle. El retorno de esta infección se debe fundamentalmente a la proliferación de zonas marginales y al aumento de casos de sida.
MALARIA. El paludismo es un enfermedad tropical parasitaria causada por el protozoo Plasmodium falciparum, transmitido por la picadura del mosquito Anopheles. El cambio climático, fundamentalmente, ha favorecido que Anopheles sea capaz de reproducirse en zonas en las que antes moría por ser demasiado frías. Por su parte, los viajes a lugares exóticos y el mal cumplimiento de la profilaxis indicada en estos casos también han provocado casos en lugares remotos. SARAMPIÓN. Esta infección causada por un mixovirus estaba prácticamente erradicada gracias a la vacuna de virus atenuados incluida en el calendario vacunal pediátrico desde hace años. La patología es de carácter benigno, aunque es muy contagiosa. El año pasado la Comunidad de Madrid cursó la recomendación de adelantar la vacunación de los pequeños a los 12 o 13 meses. El origen del brote madrileño se debió a la presencia de dos primos británicos que no habían recibido dicha inmunización en su país de origen.
RUBEOLA. Se trata de una infección respiratoria tremendamente contagiosa por vía aérea o por contacto con superficies contaminadas. El pasado año en Madrid y hace pocos meses en Barcelona se detectó una pequeña acumulación de casos en la comunidad latinoamericana residente en las dos grandes ciudades.

Actividad Física en la Infancia

Los beneficios de la actividad física infantil son variados e imprescindibles para un buen desarrollo físico y psíquico, contribuyendo a fortalecer la personalidad del niño y valores importantes para la vida en sociedad.

Llamamos actividad física a cualquier movimiento voluntario realizado por los músculos esqueléticos y que produce un gasto de energía adicional al que nuestro organismo necesita para mantener las funciones vitales. Por tanto, actividad física es andar, transportar un objeto, jugar al fútbol, bailar, colaborar en limpiar la casa y cualquier otra ocupación similar entre las que puede realizar diariamente un niño. Cuando la actividad física se planifica, se organiza y se repite con el objetivo de mantener o mejorar la forma física se denomina ejercicio físico. Y si además este ejercicio físico se realiza dentro de unas reglas, de forma competitiva y conjugando la actividad con el desarrollo de otras características de la persona, hablamos de deporte.

La actividad física y el ejercicio realizados de forma habitual tienen unos efectos beneficiosos para la salud ya desde la infancia. Sabemos, por ejemplo, que cuanto más ejercicio realicemos y más activa sea nuestra vida más posibilidades tendremos de evitar la obesidad; además podremos alcanzar un mayor desarrollo de la masa muscular y una mejor salud ósea, lo que nos ayudará a prevenir la osteoporosis. Tendremos menos enfermedades cardiovasculares en la edad adulta y disminuiremos la posibilidad de padecer ciertos tumores. También vamos a mejorar en nuestros hijos la sensación de bienestar, su estado de ánimo (condicionante de su salud mental) y es probable que en la adolescencia consuman menos tóxicos. Todas estas afirmaciones son la conclusión de numerosos estudios. Junto a todos esos beneficios, la actividad física, el ejercicio y el deporte sirven para fomentar en el niño ciertos valores, como una relación social positiva, el espíritu de superación y la compensación en el esfuerzo; y en algunos niños, especialmente en aquellos con algún problema de salud o que padecen alguna enfermedad crónica, son un modo de mejorar su autoestima y su integración familiar y social.

Sin embargo, los datos de las últimas encuestas nacionales muestran que cerca del 80% de la población no realiza la actividad física que se considera necesaria para mantener la salud. Y se da una situación curiosa: los adultos creen que los niños hacen cada vez más ejercicio, cuando en realidad hacen cada vez más horas de vida sedentaria. Es decir, también en este caso la realidad y la opinión general no coinciden. No puede ocultarse que el actual modelo social no favorece la actividad física: las actividades cotidianas están mecanizadas, nuestro trabajo requiere menos esfuerzo y movimiento, y el tiempo libre de niños y adultos es más inactivo. Lo que ocurre es que muy pocas personas realizan mucha actividad física. De hecho, puede afirmarse que estamos en la edad del sedentarismo y de sus consecuencias sobre el estado de salud.

Por tanto, a los padres debemos de recomendarles un plan de actividad física regular para su hijo. Por ejemplo: hasta los 3 años jugar en el parque al menos media hora diaria; a partir de esta edad pasear todos los días de 20 a 45 minutos; después de los seis años practicar algún deporte al menos una vez a la semana. Esto debe combinarse con una limitación de la vida sedentaria, en los niños relacionada sobre todo con el uso de las pantallas (de la TV, del ordenador y de los juegos electrónicos): No más de una hora diaria, cuando lo merezcan y siempre a cambio de algo. Además, los padres deben conocer los contenidos de los programas que consumen sus hijos y preocuparse por cómo pueden influir en su desarrollo. Tendríamos que hacerles comprender la importancia de que compartan con sus hijos la diversión y favorezcan en él la asociación de actividades saludables y buenos recuerdos. Así se educan los buenos hábitos de vida: estableciendo rutinas diarias y ayudando a su interiorización mediante experiencias agradables.

Dos ideas importantes:

  1. Los hábitos de vida –buenos o malos- se inician en los primeros años; desde luego antes de llegar a la escuela. Cuanto antes se ocupen y se preocupen de los hábitos de vida de su hijo, más posibilidades tendrán de ayudarle a vivir con más salud.
  2. Si quiere que sus hijos tengan unos buenos hábitos de vida, empiece por usted. Que crezca viendo a sus padres realizando ejercicio diario, comiendo de forma sana, con buenos hábitos de higiene y consumiendo de forma sensata. Es decir: pensar en los problemas antes de que se presenten y dar ejemplo.

Cuando 2×2 no son 4

Aunque casi un 6% de la población infantil padece esta dificultad de aprendizaje, lo cierto es que en algunos casos aún se sigue tomando como natural. No desesperes, es reeducable.

¿Tu hijo utiliza los dedos para realizar operaciones asimétricas complejas? ¿Saca buenas notas en todas las asignaturas menos Matemáticas? ¿No es capaz de realizar seriaciones de números ni copias de cifras? Es probable que padezca una dificultad en el aprendizaje del cálculo denominada discalculia. No te asustes, con un buen diagnóstico, además de un tratamiento reeducativo adaptado, es casi seguro que el niño sea capa de superar esta disfunción.

Los síntomas de este trastorno suelen observarse en edades tempranas del aprendizaje (los primeros cursos), la detección inicial “debe realizarse en la escuela”. De hecho, suelen ser los profesores los que observan que los pequeños muestran dificultades en la comprensión de los conceptos numéricos, intentan solucionar sumas o restas de dos operandos con los dedos y, además, su nivel de CI normal y su rendimiento en el resto de materias es correcto. Sin embargo, “el bajo rendimiento en Matemáticas puede estigmatiza a los niños influyendo negativamente en su rendimiento global”, de ahí que sea tan importante la detección precoz de este trastorno.

Por otro lado, cabe destacar que esta dificultad aparece asociada a otros tipos de alteraciones del desarrollo como la dislexia y los déficit de atención (hiperactividad), entre otros. En el caso de la dislexia,  sucede en el 30% de los casos aproximadamente. La relación con la hiperactividad es similar.

Los padres, en primer lugar, deben tranquilizarse, ya que al igual que con los déficits de lectoescritura, una buena reeducación permite superar este déficit del aprendizaje; y, en segundo lugar, deben buscar un profesional especializado que realice un buen diagnóstico y enfoque la reeducación específicamente y en función de las necesidades de cada niño, pues no es suficiente con unas clases de Matemáticas extra.

Entre un 3 y un 6% de la población infantil padece esta disfunción, la discalculia del desarrollo, aunque en ocasiones muchos de los casos se enmascaran tras la aceptación social en nuestro país del mal rendimiento en Matemáticas, motivo por el que es necesario conocer mejor sus síntomas y tratamientos.

Cómo detectar la discalculia

  • El pequeño es muy lento a la hora de adquirir las operaciones básicas de sumas y restas.
  • Puede asociarse a la hiperactividad.
  • No responde a las actividades de seriación y clasificación numérica.
  • Utiliza los dedos para intentar resolver operaciones aritméticas complejas.
  • Presenta dificultades en lectoescritura (en el 30% de los casos).
  • Su rendimiento en otras áreas es correcto.

Actividades para casa

  • Intenta despertar su curiosidad hacia los números.
  • Los ejercicios han de ser divertidos y constantes.
  • Es necesario reeducar conceptos como la noción de cantidad, enseñar los principios de la cantidad, orden, tamaño, espacio y distancia desde el principio.
  • Utiliza ejercicios basados en la percepción visual.

Mi hijo es una isla

¿Por qué no contesta? Ésta es una de las preguntas que comienzan haciéndose muchos padres ante la falta de respuestas de sus pequeños. Unas veces la incomunicación se da fuera del ámbito más íntimo o en situaciones concretas; otras no depende tanto del contexto como del niño. Mientras, crecen las dudas de los padres sobre lo que puede estar pasándole a su hijo.

“La característica común del mutismo selectivo, el autismo y el síndrome de Asperger es que en los tres casos se tienen problemas relacionados con la comunicación, pero tanto los motivos que los originan como el aspecto que está comprometido son diferentes”. “Es posible confundir estos trastornos, sobre todo el autismo de Kanner y el síndrome de Asperger, por lo que es fundamental que un especialista determine el problema.

En el caso del mutismo selectivo, éste sólo se da en un área determinada, por tanto es más fácil de identificar. Tanto el autismo como el síndrome de Asperger se enmarcan dentro de los Trastornos del Espectro Autista (TEA) y de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), y tienen una base genética, mientras que el mutismo selectivo está originado por causas psicológicas”, aclara la especialista.

Principales diferencias

Para analizar los problemas relacionados con la comunicación debemos tener en cuenta tres aspectos que intervienen:

  • La comunicación o intención comunicativa.
  • El lenguaje o código que se utiliza.
  • El habla o expresión oral del lenguaje.

En el trastorno de Asperger no hay un retraso general del lenguaje clínicamente significativo, ni del desarrollo cognoscitivo ni de las habilidades de autoayuda. Sin embargo, tanto en el autismo de Kanner como en el síndrome de Asperger están afectados los tres componentes de la comunicación: la intención comunicativa, el código y el habla. Por lo que, de forma general, podríamos decir que ambos trastornos comparten sintomatología, “si bien en el de Asperger la intención comunicativa no suele estar tan alterada y se suele asociar a autismos de alta capacidad, con un nivel intelectivo –capacidad de entender– mayor”.

El mutismo selectivo, sin embargo, es un problema en el habla, conservando tanto la intención comunicativa como el lenguaje. Pese a ello, las consecuencias de no resolver este trastorno de forma adecuada pueden llegar a ser altamente incapacitantes para el niño, llevándole al aislamiento, al rechazo de los demás niños, la burla y la carencia de las habilidades sociales necesarias para defenderse. Incluso puede sufrir la reducción a mínimos del rendimiento escolar. Algunos niños que padecen este trastorno son llevados a centros específicos de educación especial, limitando aún más sus posibilidades de desarrollo en cuanto a conducta.

Autismo: ¿Tengo la culpa de que mi hijo sea así?

  • El origen del autismo se desconoce en la mayoría de los casos, pero muchos investigadores creen que es el resultado de algún factor ambiental que interactúa con una susceptibilidad genética. Algunos autores como el propio Kanner apuntaron hacia los padres fríos, distantes, obsesivos y perfeccionistas como un factor causal de este trastorno. Sin embargo, esas teorías han sido desechadas por otros autores y esta actitud parental se explica como consecuencia del estrés que genera la conducta de sus hijos.
  • El proceso se inicia en los niños antes de los 30 meses.
  • El desarrollo social del pequeño se ve alterado de manera que éste no se corresponde con el de su edad.
  • Se aprecia un retraso o anomalía en su desarrollo lingüístico.
  • Existe en estos niños una insistencia en la identidad que se manifiesta en conductas repetitivas –adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales–, juegos estereotipados –sacudidas de manos, retorcer los dedos…– y resistencia al cambio.
  • En cuanto a las diferentes conductas que puede presentar un niño autista, existen cuatro grupos: el niño con escaso desarrollo del lenguaje y movimientos estereotipados, el severamente incapacitado con retraso severo o profundo, el retraído pero con capacidad de respuesta, y el que se resiste al contacto social siendo activo.
  • Ausencia de conductas de relación no verbal, como la mirada a los ojos, la expresión facial o las posturas y los gestos para regular la interacción social.
  • Afecta a cuatro niños por cada niña y se encuentra la misma proporción de casos de autismo en todas las clases sociales y en las diferentes culturas estudiadas.

Mutismo Selectivo: De repente no dice ni ‘mu’

  • En 1877 el doctor Kussmaul describe por primera vez el mutismo selectivo como un trastorno de la conducta en el que el niño fracasa al intentar hablar en determinadas situaciones, pese a tener plena capacidad.
  • Aparece entre los 3 y 5 años, con el inicio de la escolarización o tras situaciones estresantes como una hospitalización o un cambio de residencia. Si no se soluciona tras el período de adaptación, el silencio se generaliza ante personas o situaciones extrañas. También puede producirse de forma progresiva, partiendo de una timidez excesiva.
  • Pueden darse varios casos: que el niño hable dependiendo del lugar en que se encuentra, que hable exclusivamente a ciertas personas, o bien que sólo hable con ellas en función del lugar. También es común que el pequeño se comunique de manera espontánea con algún amigo íntimo y/o un familiar.
  • Estos niños se aíslan socialmente para evitar de forma pasiva las situaciones que le provocan ansiedad. Además, se ha observado cierta relación entre niños con mutismo selectivo y adultos que posteriormente desarrollan fobia social.

Síndrome de Asperger: No entiendo qué es lo que le pasa

  • El término fue utilizado por primera vez por Lorna Wing en 1981 en honor a Hans Asperger, un psiquiatra y pediatra austríaco cuyo trabajo no fue reconocido internacionalmente hasta la década de 1990.
  • El origen de este trastorno es biológico. Las últimas investigaciones apuntan a un problema genético que afecta al funcionamiento del hemisferio derecho del cerebro.
  • Al igual que los niños autistas, quienes padecen el síndrome de Asperger sufren alteraciones en la interacción social y patrones de comportamiento que se manifiestan de la misma manera que en los casos de autismo de Kanner. Sin embargo, no presentan un retraso general del lenguaje clínicamente significativo.
  • Tampoco es relevante para su diagnóstico el retraso intelectual ni de las habilidades propias de su edad, así como la falta de curiosidad durante la infancia o un comportamiento adaptativo distinto del descrito respecto a las habilidades sociales.
  • Carecen de empatía y tienen una especie de ‘ceguera emocional’, que puede impedirles incluso descifrar el significado de una sonrisa.
  • El niño con Asperger es incapaz de leer entre líneas y si su maestra le pregunta irónicamente ‘¿se te ha comido la lengua el gato?’, el pequeño permanecerá silencioso tratando de decidir si debe explicar que él no tiene gato y que los gatos no comen las lenguas a los niños.
  • Evitan el contacto visual, por lo que aumentan su incomunicación emocional causando un mayor deterioro social, escolar y en otras áreas que afectan a la vida del niño y posteriormente a la del adulto. Sin embargo, algunos pacientes son capaces de aproximarse a un nivel de normalidad en sus habilidades de comprensión e interpretación de señales no verbales.
  • Muchas personas relacionan el síndrome de Asperger con la superdotación, pero no se diferencian del resto en lo que respecta a su cociente intelectual. Lo que ocurre es que su cerebro se concentra intensamente en temas específicos, lo cual puede ser interpretado como una cualidad especial. Es por ello que Hans Asperger llamó a sus niños ‘pequeños profesores’, debido a que con sólo 13 años conocían el área que les interesaba al nivel de un profesor universitario.
  • Al no ser capaz de entender las sutiles pistas de la comunicación, el niño o adolescente con Asperger con frecuencia se siente confundido por no ser capaz de comprender en qué se equivoca, afectando también a su relación con los padres. El resultado final de esta frustración es frecuentemente un mayor aislamiento.

Hiperactivos, caos dentro y fuera de la enfermedad

Depresión, actitud desafiante o ansiedad son algunos de los síntomas de la hiperactividad. Sin embargo, se dan tan frecuentemente en los niños que es difícil diagnosticar correctamente un trastorno del que cada vez se habla más y se concreta poco.

El desconocimiento del Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y la falta de información rigurosa no sólo dificultan el correcto diagnóstico de los niños hiperactivos, sino que provocan falsas alarmas entre los que no lo son. Por ello y dada la importancia que tiene la correcta detección de este trastorno para la integración social y el futuro académico de los afectados, hace un año se reunieron especialistas en Psiquiatría Infantil de los principales centros de referencia nacional para crear un grupo de trabajo con un objetivo claro: elaborar un protocolo de acciones en el diagnóstico.

Un marco de referencia

El Grupo de Especial Interés en TDAH (Geitdah) ha dado datos alarmantes sobre el estado de nuestro país en esta materia. “Un 97% de los adultos con TDAH no están diagnosticados, un 75% de los niños con este trastorno están sin diagnosticar y un 25% de los casos que llegan a las consultas de Psiquiatría lo hacen con un diagnóstico erróneo por parte del pediatra o del médico de Atención Primaria. Estas cifras nos dan una idea de cómo está el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad.

Según este grupo de especialistas las pricipales causas de este panorama son:

  • En el caso de los adultos con TDAH, la falta formación de los psiquiatras que los tratan en este tema hace que la mayoría de ellos sea diagnosticada y tratada por los especialistas en infantil al acudir a consulta con sus hijos, pues este trastorno es genético en un 80% de los casos. Es más, antes de tratar al niño, el especialista debe analizar el comportamiento de los padres y conocer su proyección en los hijos. “En ocasiones, nos encontramos con que es más conveniente medicar a los padres que a los hijos. Y si éstos mejoran colateralmente, mejora el estado de los hijos”.
  • El TDAH presenta también un 80% de comorbilidad con otras enfermedades, por lo que es muy fácil confundir el diagnóstico con otros desórdenes psiquiátricos y neurológicos –autismo, Trastornos Específicos del Lenguaje o del Desarrollo de la Coordinación, depresión, retraso madurativo mental, conducta desafiante, alteraciones del sueño e irritabilidad son las más comunes–, que tampoco están siendo tratados adecuadamente. Es más, teniendo en cuenta que un 85% de los casos de TDAH presenta otros trastornos colaterales psiquiátricos, el tratamiento farmacológico debe variar en función de la comorbilidad más manifiesta.
  • Otro gran vacío se debe a la carencia de hospitales públicos que sean centros de referencia en el tratamiento de esta patología en España.

Ante el gran riesgo de error en los diagnósticos y las terribles consecuencias para el futuro de los niños se publico una Guía Española de Consenso sobre el Diagnóstico y Tratamiento del TDAH sencilla y corta. Como garantía para la elaboración de esta Guía, el Geitdah conto con varios miembros de ese grupo ministerial, que simplificaron y concretaron la información en unas pautas sobre lo que hay que hacer, el tiempo que debe pasar para derivar el caso al especialista…, pues muchas guías para padres y colegios crean alarmas innecesarias.

Además, este grupo de especialistas ha creado www. hiperactividadmedicosypacientes.com, una web que pretende divulgar información útil y rigurosa para todos.

El tdah y las drogas

España cuenta con 80.000 personas adictas a sustancias tóxicas no legales y alcohólicas en la red nacional de adicciones, según el último estudio realizado por el European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction. De ellos, el 25%, realmente no son ni drogadictos, ni adictos, sino “adultos que sufren TDAH y no han sido diagnosticados a tiempo”.

Esto se debe a que sustituyen con estas sustancias la necesidad de un tratamiento que estimule el lóbulo frontal, que suele ir más lento debido a la falta de maduración. Para ello, muchos adolescentes y adultos buscan el ‘puntillo’ que produce el alcohol, las drogas o las situaciones de riesgo; aunque la droga más buscada por los TDAH es el tabaco.