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10 Claves para estudiar

Cualquier estudiante sabe lo que es padecer terribles pesadillas en época de exámenes presagiando uno de sus principales miedos: quedarse en blanco. Los nervios, la inseguridad y el cansancio pueden provocar ese bloqueo mental que, si no se supera, acabará convirtiéndose en un suspenso.

Pero olvidar es algo normal, necesario e incluso sano. Tal y como explica el especialista en pedagogía Miguel Salas Parrilla en su libro «Cómo preparar exámenes con eficacia» (Ed. Alianza), «para que la mente funcione correctamente y no se vea sobresaturada, es necesario que el olvido vaya borrando la información que ya no es útil ni interesante y que deje espacio libre disponible para poder grabar las nuevas informaciones que van llegando».

Uno de los problemas que más agobia a los estudiantes es olvidar los conocimientos adquiridos tras horas de estudio. El repaso ayuda a mantener durante más tiempo en nuestra memoria las lecciones aprendidas, pero al final esas «huellas» que deja el material memorizado acaban también borrándose. Auque puedes combatir el olvido con eficacia, con estrategias muy válidas como las que recomienda el profesor Salas.

  1. Asimila el material antes de memorizarlo. La primera norma para obtener aprendizajes sólidos es entender lo que se está estudiando. Leer detenidamente, subrayar, preparar esquemas y consultar tus dudas en clase ayudan a conseguir esa comprensión.
  2. Dispón de los conocimientos previos adecuados. El aprendizaje es una escalera que conviene subir poco a poco, si nos saltamos peldaños no conseguiremos asimilar los nuevos conocimientos. Por tanto, siempre hay que partir de lo que uno ya sabe
  3. Organiza el material. De nada sirve aprender datos sin un orden, es necesario que formen parte de un todo para poder retenerlos durante más tiempo. Por eso es muy conveniente hacer esquemas y resúmenes, que ayudan a construir una historia.
  4. Usa multicanales en la memorización. Es más facil recordar algo que se asocia a varios recuerdos, uno visual y otro auditivo, por ejemplo. Un esquema acompañado de su lectura en voz alta es aún más eficaz.
  5. Evita las interferencias. Concéntrate en el estudio. Aléjate del ruido, despeja la mesa de distracciones, apaga el móvil, realiza descansos e intercala asignaturas, todo ello contribuirá a que aproveches mejor el tiempo que dedicas al estudio.
  6. Realiza aprendizajes funcionales. Practica lo estudiado y profundiza en los conocimientos. Aquello que nos interesa —como la música— o que nos resulta útil —como saber multiplicar— acaba por fijarse en nuestra memoria. Busca aplicaciones prácticas y no te quedes en la teoría.
  7. Busca la similitud entre el contexto de grabación y el de recuerdo. Intenta que predomine una situación de normalidad. No cambies de sitio justo el día del examen, piensa en cómo estabas de tranquilo mientras estudiabas, infórmate sobre las preferencias o manías del profesor, todos esos datos te evitará «sorpresas» de última hora.
  8. Aplica técnicas mnemotécnicas. Todo aquello que te ayude a recordar es válido. Agudiza tu ingenio. Puede que para memorizar una lista de nombres necesites compararlos con la alineación de tu equipo de fútbol o ponerles música.
  9. ¡Repasa!. El repaso es fundamental para cualquier estudiante, pero es mucho más eficaz si se basa en una buena planificación. No se trata de repetir siete veces el mismo tema sino de hacerlo en el momento apropiado (tienes más información en el libro que ya hemos citado antes).
  10. Prepara un simulacro. Escucharse a uno mismo o preparar una redacción orienta sobre los fallos y/o las lagunas pendientes y ayuda a ordenar los conocimientos. Si tienes un buen compañero que se ajuste a tus ritmos de estudio puede resultaros muy útil examinaros mutuamente.

¿Qué hacer si te quedas en blanco?

Uno de los principales temores de cualquier estudiante es lo que se conoce como bloqueo mental o, en términos más comunes, quedarse en blanco. Esa sensación de saber que se ha estudiado algo y ser incapaz de recordar una sola palabra produce tal angustia a quien la sufre que muchos estudiantes acaban por obedecer al impulso de levantarse y abandonar el aula.

Lo terrible es que poco después se dan cuenta de que empiezan a recordar la lección, de que sólo necesitaban arrancar, encontrar un comienzo para poder desarrollar el tema. Si te ocurre algo parecido mantén la calma, cierra los ojos y procura relajarte concentrándote en tu respiración en cuatro tiempos: respira profunda y lentamente, mantén el aire, expúlsalo despacio y espera unos segundos antes de volver a comenzar.

No pasa nada porque empieces a escribir cinco minutos más tarde y lograrás así disminuir la ansiedad, que es lo que produce el bloqueo mental. Poco a poco notarás cómo las ideas regresan a tu mente: es el momento de anotarlas en un borrador y desarrollar un esquema para ordenarlas y poder redactar finalmente tu examen. Confía en ti mismo y mantén el control

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