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Dislexia. Un problema oculto

Escribir al revés (“en espejo”), leer a trompicones o silabeando y no comprender las horas del reloj son algunos de los síntomas de la dislexia, un trastorno de lectura que, junto con otras Dificultades Específicas de Aprendizaje (DEA) ocasionan alrededor del 65 por ciento del fracaso escolar.

La dislexia es un trastorno que se manifiesta en niños con un coeficiente intelectual normal, pero que sufren problemas cognitivos cuando empiezan a leer, que ralentizan su aprendizaje y afectan sobre todo a su capacidad comunicativa.

Las estadísticas indican que entre un 10 y un 15% de la población escolar podría tener dislexia, lo que significa que en cada aula de educación primaria puede haber entre dos y tres alumnos con este problema.

Sólo en Madrid, se ha cifrado el número de disléxicos menores de edad en unos 200.000.

Existe un fuerte componente genético que puede determinar la aparición de la dislexia, pero este no sería el único factor, puesto que algunos niños son los únicos que la padecen en su familia.

Detección a tiempo

El diagnóstico no es tarea fácil; las asociaciones critican que el profesorado no está suficientemente preparado para detectar los casos de dislexia a tiempo, y que en la mayoría de las ocasiones se tacha al niño de vago, inmaduro o revoltoso.

Además, las pruebas diagnósticas son muchas y variadas, pese al esfuerzo que algunos expertos están haciendo para extender el uso del  ‘ABC Dislexia’, una prueba única que mide el nivel intelectual del niño y cualidades como la capacidad de atención, la memoria, la percepción y el carácter emotivo.

Detectar la dislexia a tiempo es fundamental para el progreso académico de los niños. Los expertos coinciden en que cuando se diagnostica entre los cinco y seis años, su evolución es mucho más positiva, porque el retraso no es aún pronunciado ni ha habido discriminación.

El vicepresidente de la Asociación Madrid con la Dislexia conoce bien las consecuencias de un diagnóstico tardío. «Nos damos cuenta de que algo novaa bien cuando la tutora nos dice que nuestro hijo no sigue el ritmo del resto de la clase. No saben leer cuando los demás ya leen y escriben», explica.

Pese a ello, los profesores no pueden detectar qué pasa y lo atribuyen a un problema de inmadurez, por lo que los padres deciden presionar más a su hijo.

«Piensan que es vago y su rendimiento es malo pese a invertir muchas horas». Con los años, los fracasos en la escuela desembocan en una depresión profunda y las alarmas se disparan. Finalmente, el diagnóstico llega cuando ya son preadolescentes (10-12 años).

El vicepresidente denuncia que en muchos casos los niños llegan a la ESO sin haber sido diagnosticados, lo que les ocasiona importantes carencias de conocimientos, baja autoestima, problemas de conducta y trastornos psicológicos.

Por eso, las asociaciones destacan la importancia de que los profesores de los centros públicos reciban formación sobre la dislexia y las otras dificultades específicas del aprendizaje. «Que sepan que cuando un niño no aprende a leer y escribir correctamente o tiene problemas con el cálculo, puede tener un trastorno de este tipo y necesita que lo deriven al equipo de orientación del colegio para ser diagnosticado».

En este sentido, la Asociación Madrid con la Dislexia reivindica la aplicación efectiva de la Ley Orgánica de Educación de 2006, que incluye a estos niños como “alumnado con necesidades educativas especiales” y establece que se deben destinar los recursos y medios necesarios para que alcancen el máximo desarrollo personal e intelectual.

Trucos para aprender

Pero, una vez detectado el problema, ¿cuál es el siguiente paso?, resulta prioritario enseñar al niño estrategias de aprendizaje como grabar las lecciones y repasarlas auditivamente en lugar de leyendo, y brindarle toda la ayuda posible. «El apoyo familiar puede ser determinante para que un niño con dislexia pueda llegar a la universidad», también es necesario que los profesores hagan exámenes orales o de tipo test y no concedan “demasiada importancia” a los errores ortográficos de estos alumnos.

Asimismo, el uso de las nuevas tecnologías permite a estos niños un importante ahorro de tiempo gracias a programas informáticos que reproducen de forma oral la lección de cada día.

En la actualidad, existe un número muy reducido de colegios, que son además privados, especializados en dislexia. No hay subvenciones y el coste supera los mil euros mensuales.

Los expertos subrayan que, pese a las dificultades que presenta la dislexia, no todos sus síntomas son negativos. Dado que afecta al hemisferio izquierdo, asociado al lenguaje, el cuerpo experimenta un efecto compensatorio sobre el hemisferio derecho, que aumenta su desarrollo.

Por ello, las personas con este trastorno se caracterizan también por su creatividad, su excelente memoria a largo plazo, un oído muy fino y una alta sensibilidad para percibir su entorno.

A pesar de que la dislexia nunca desaparece, con el paso de los años, el esfuerzo de los niños y sus familias este trastorno llega a «solaparse». Einstein, Bill Gates, Leonardo Da Vinci o Walt Disney, son celebridades a quienes la dislexia no ha impedido desarrollar sus habilidades y triunfar en la vida.