Archive for the ‘Escuela de padres’ Category

Padres, el espejo en el que mirarse

El hecho de que los hijos se “rebelen” y no cumplan con lo que dicen sus padres, o que se muestren ariscos y reticentes ante ellos o el resto de la familia, no es algo anormal

De hecho, este tema ha hecho que se produzca un programa en televisión: Super Nanny, que se dedica a ir in situ a las casas de las familias con problemas, y luego les dice los aspectos en los que creen que deberían mejorar.

Mucha gente piensa que los tiempos han cambiado, y que el hecho de que los padres trabajen, es un motivo por el que los niños están desatendidos.

Pero nada más lejos de la realidad, ya que este problema está presente en todo tipo de familias, y hay que saber que no prima la cantidad del tiempo, si no la calidad. Y si sabemos que el crecimiento de los hijos se basa en tres pilares fundamentales, todo será más fácil, pero debemos tener en cuenta que no hay que separarlos, porque entonces se caerá el castillo de naipes por su propio peso.

“Los tres grandes pilares son el amor, la seguridad y los límites. Un amor demostrado; la seguridad que le aporta la relación y confianza que ve entre sus padres y que tienen los padres con él, y unos límites o normas que le ayudan a discernir entre el bien y el mal. Cuando alguno de estos aspectos no funciona, la convivencia familiar se resiente y en especial con los hijos”.

Los padres modelo

Los padres son la representación del mundo adulto para los más pequeños. Por eso, en gran medida, depende de qué cosas les muestren, verán el mundo de una forma o de otra. Y lo mismo pasa con las relaciones sociales porque, ¿dónde empiezan? en casa y, ¿en base a qué se establecen? a lo que ven en sus padres.

Si los padres alzan la voz, los niños lo harán; si dicen en el trabajo que están enfermos y se quedan en casa, ellos no querrán ir al colegio, si entre ellos no se respetan, los niños tampoco lo harán, y si en la hora de la comida, no esperan a que estén todos, comerán sin pensar en si falta alguien o no.

Si empiezas a observar actitudes inapropiadas, como negarse a hacer lo que se le manda, o no cumplir con sus “pequeñas” obligaciones, debes mirarte en el espejo.

Saber adecuarte

Además de saber que tus hijos miran el mundo a través de tus ojos, debes saber adecuarte a sus exigencias.

“Las necesidades de los hijos van cambiando a medida que van creciendo. Lo que necesita un niño de 4 años no es lo mismo que necesita uno de 14. Pero también, es importante diferenciar entre lo que los hijos dicen y piensan. Para muchos, ese ‘bueno’ o ‘malo’ se relaciona con el ‘me dejan hacer’ o ‘no me dejan hacer’. Los padres que siguen un estilo educativo basado en los tres pilares mencionados, conseguirán que sus hijos les consideren unos buenos padres”.

“Hay que saber qué necesitan los niños en cada momento”.

Y es que la ayuda que nos puede ofrecer un tutor o un asesor familiar es muy importante, y no sólo como una medida posterior a un problema, si no como una medida preventiva. “El asesor familiar es aquella persona (orientador familiar, tutor, profesor encargado de curso) que orienta en el desarrollo integral de la familia. En ocasiones nos aconsejará sobre mejores formas de trato con nuestra pareja y en otras en relación con los hijos. Nos equivocamos cuando pensamos en la necesidad de asistir al asesor familiar sólo cuando existe un problema. Este profesional puede aconsejar a los padres unas técnicas de motivación para con los hijos o puede afianzar más los lazos existentes entre el matrimonio”.

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Educar en el uso del dinero

Estamos en una sociedad consumista en la que continuamente se nos está animando a tener más y más cosas. Las personas ricas aparecen como el referente del triunfo, del poder.

En este contexto es en el que hay que educar a nuestros hijos en el uso correcto del dinero, para que sean poseedores del mismo y no al revés, ser dominados por el dinero.

Tener mucho dinero no es ni bueno ni malo moralmente hablando; lo malo no es el dinero, sino amarlo desordenadamente. Tener dinero obliga a la responsabilidad de hacerlo fructificar, sin limitarse a disfrutarlo egoístamente. El valor de la riqueza ?y de quien la tiene? depende del fin al que se destina.

Criterios de uso del dinero

Es necesaria una educación en el uso del dinero, de forma que los hijos aprendan a considerarlo como lo que es: un medio.

  • Es recomendable que los hijos no dispongan de demasiado dinero y se acostumbren a no despilfarrarlo. Es más educativo que estén cortos de dinero que largos. Cuando se tiene más que las necesidades, fácilmente se cae en el despilfarro, se crean necesidades innecesarias.
  • Interesa enseñarles a no gastar el dinero de inmediato, a valorar distintas ofertas, a comparar precios. Con ello se les está enseñando a comprar lo más adecuado en la relación precio-calidad. Hay chavales que no pueden tener de dinero porque lo gastan de inmediato, casi de manera compulsiva. A estos hijos habrá que entrenarlos a postergar las compras, a que busquen información sobre las alternativas, que las sopesen y elijan.
  • Han de aprender a administrar las pequeñas cantidades que reciben de sus padres o familiares. Surge la cuestión, si el dinero que reciben ha de ser una asignación periódica: semanal, quincenal, mensual, o se les ha de dar solamente cuando tengan alguna necesidad de comprar algo. Parece más formativo que tengan una asignación periódica, porque se les brinda la posibilidad de entrenarse en el manejo y administración del dinero.
  • Ordinariamente no se deben premiar o castigar con dinero las conductas de los hijos porque se corre el peligro de que el dinero se convierta en móvil de las actuaciones. No cabe duda de que el dinero es un poderoso reforzador de la conducta -los humanos somos capaces de hacer cualquier cosa por dinero- y así lo vemos en la sociedad que nos rodea, pero no podemos caer en el peligro de poner precio a cada una de las conductas que esperamos de nuestros hijos, nos meteríamos en una espiral peligrosa. No obstante, no pasa nada que en algunas circunstancias lleguemos a acuerdos con nuestros hijos para comprarles algo si hacen determinada conducta o consiguen tal cosa, pero con la intención de sustituir el refuerzo material del dinero, por la propia satisfacción de lo bien hecho, del deber cumplido… Pero no es conveniente remunerar los encargos ordinarios de casa.
  • Conviene dar una autonomía progresiva, para que aprendan a ajustar a un presupuesto sus aficiones. El saber implica práctica. Si queremos que sepan administrarse han de tener entrenamiento en cómo hacerlo. Tienen que ajustar sus gastos a los ingresos que tienen.
  • Es interesante aprovechar ocasiones -compras, un día de trabajo- para que conozcan el valor del dinero y lo que cuesta ganarlo. El dinero no cae del cielo, su consecución implica esfuerzo, trabajo, y ello lo tienen que saber y mejor experimentar nuestros hijos para que lo valoren.
  • Enseñarles a ahorrar y a no gastar en caprichos. Puede ser interesante que algunas cosas en las que están empeñados -por ejemplo, una prenda de ropa de marca- la paguen en parte con su dinero: les ayudará también a que cuiden su ropa para que dure.
  • Pero no sólo deben de ahorrar para ellos: también han de hacerlo para los demás, hermanos, padres, amigos, ayudas sociales… Es una manera de hacer a nuestros hijos más solidarios al hacerlos compartir con los demás. Desde comprar un pequeño regalo para un hermano o miembro de la familia, hasta prestar de manera desprendida.
  • Hacerles reflexionar sobre el porqué de sus gastos, y procurar que conozcan las necesidades de los demás. Se trata que sean sobrios en sus gastos, no despilfarradores del dinero que a otros les puede ser imprescindible porque carecen de lo necesario.
  • Interesa que los padres informen a los familiares (especialmente a los abuelos) de los criterios educativos de la familia en este tema. Para educar es necesario que haya unidad de criterios entre los que forman la familia, los padres en primer lugar y de los abuelos con los padres. Los abuelos no pueden dar los caprichos que les niegan los padres buscando con ello el cariño de los nietos. Han de seguir los mismos criterios que tienen los responsables principales: los padres.
  • No darles demasiadas cosas para suplir la escasez de tiempo que dedican a sus hijos y que se acostumbren a agradecer las que reciben. Un peligro que se da en nuestra sociedad es que suplamos la falta de tiempo que dedicamos a nuestros hijos comprándoles muchas cosas para ganarnos su afecto. La necesaria dedicación de tiempo a los hijos no se suple con cachivaches.
  • Cuidar lo que tienen, cuidarlo para que dure y esté en condiciones correctas. Prestar atención a la ropa: que conozcan el precio de la ropa que se les compra, acostumbrándoles a elegir lo que conviene, no lo más caro. Enseñarles a cuidarla, a doblarla, guardarla, prepararla para el día siguiente
  • Ayudarles a vivir la autodisciplina diaria: orden en la habitación, puntualidad… La capacidad de autocontrol nos permite ser dueños de nosotros mismos y de las cosas que tenemos, pero para conseguirlo nos hemos de entrenar en las cosas más normales y corrientes que hacemos a lo largo del día: ser puntual al levantarnos, al empezar a estudiar, tener ordenada nuestra mesa de trabajo…..
  • No permitirles que entren en una constante comparación con los demás: marcas de ropa, material deportivo… La sociedad de consumo nos vende no sólo lo último del mercado sino la mejor marca. Es frecuente observar la dependencia que tienen los adolescentes de las marcas, hay que enseñarles que la persona no vale por la marca de lo que lleva puesto, sino por lo que es y hace con los demás.
  • Evitar los caprichos en las comidas y bebidas: comer lo previsto para todos, no fuera de hora, en demasía, que aprendan a servirse la comida, sin elegir lo mejor para ellos; y a cuidar los modales en la mesa…
  • Acostumbrarles a llevar un ritmo ordenado de vida, a aprovechar el tiempo, a levantarse y acostarse según lo previsto, respetar el plan de estudio establecido sin interrupciones.
  • No ahorrarles sacrificios razonables: que aprendan a colaborar en pequeños encargos: hacer la cama, limpiar la ducha, ventilar el cuarto…
  • De vez en cuando, ayudarles a revisar sus pertenencias para ver si hay juguetes u objetos que no necesita ni utiliza: pueden servir para otros hermanos o personas necesitadas.

¿Pubertad o adolescencia?

La adolescencia es un estadio propio de la especie humana: no se han descubierto en el animal conductas específicas de la adolescencia. Y es necesario aclarar que pubertad y adolescencia, no son sinónimos.

Para empezar podemos decir que la adolescencia se puede agrupar en tres periodos:

  • Adolescencia temprana: 10 a 12 años.
  • Adolescencia media: 12 a 16 años.
  • Adolescencia tardía: 16 a 19 años aproximadamente.

La duración de cada etapa es orientativa, ¡el desarrollo no es igual para todos, ni tiene reglas fijas! La aparición de esta etapa nos desconcierta y la actitud del individuo resulta incomprensible para el adulto.

Llamamos pubertad al conjunto de cambios físicos que a lo largo de la segunda década de la vida transforman el cuerpo infantil en cuerpo adulto con capacidad para la reproducción. Llamamos adolescencia a un período psicosociológico que se prolonga varios años y que se caracteriza por la transición entre la infancia y la adultez. La pubertad es un fenómeno universal para todos los miembros de nuestra especie y la adolescencia, por su parte, es un hecho psicosociológico no necesariamente universal y que no adopta en todas las culturas el patrón de características que adopta en la nuestra.

La pubertad se describe como el periodo durante el cual el cuerpo adquiere características adultas, y la adolescencia, el tiempo en que la persona crece y se desarrolla psicológicamente, emocionalmente y socialmente.” En las chicas el periodo puberal (estirón) se inicia a los 9-10 años; en los chicos a los 11-12 años.

No obstante, no todos los individuos viven este periodo madurativo ni al mismo tiempo, ni de la misma forma. Incluso en otras culturas es muy diferente a cómo se desarrolla en la nuestra.

Lo que llamamos PUBERTAD se refiere al inicio de la maduración sexual. Es el momento cuando el niño experimenta cambios físicos, hormonales y sexuales, para lograr la capacidad de reproducirse. La pubertad está asociada con un crecimiento rápido y la aparición de las características sexuales secundarias.

La pubertad es un fenómeno de maduración anatómica-fisiológica que separa la infancia de la adolescencia propiamente dichas. Aproximadamente la mitad de la pubertad se superpone a la última parte de la niñez, y la otra mitad se superpone a la primera de la adolescencia.

No existen reglas fijas en cuanto a la aparición de esta fase de la vida. Cuando un niño sano tiene entre 9 y 16 años entra en la pubertad. La edad exacta depende de muchos factores de entre los que destacamos la herencia y la nutrición, y si es niño o niña. En promedio, los niños entran en la pubertad 2 años después que las niñas. En ese momento, la glándula pituitaria y el hipotálamo (glándulas endocrinas) comienzan a enviar nuevas hormonas que disparan los cambios de la pubertad.

Los niños de ambos sexos generalmente experimentan incrementos repentinos de estatura y peso. Las hormonas regulan y ayudan a determinar la constitución del cuerpo de la persona (ya sea que la persona tenga tendencia a ser alta o baja, delgada o gorda, etc.).

Las hormonas también son responsables del desarrollo de características sexuales secundarias y el aumento del interés sexual. En las niñas, los ovarios comienzan a incrementar la producción de estrógeno y otras hormonas “femeninas”, mientras que en los niños, los testículos aumentan la producción de testosterona.

Las glándulas sudoríparas se vuelven más activas y el contenido del sudor es diferente al de un niño pequeño (comienza a desarrollar cierto olor). Las glándulas sebáceas también se vuelven más activas y puede aparecer el acné.

En este momento la necesidad de la higiene personal se hace obvia y es importante que, tanto niñas como niños que comienzan a madurar, se preocupen por bañarse con regularidad y le presten atención a los demás aspectos de una buena higiene. El adolescente comienza a darse cuenta de que el desodorante o antitranspirante para las axilas es una necesidad. ¡Los profesores lo padecen mucho en las aulas!

La ADOLESCENCIA. Se trata de un período de transición entre la pubertad y la edad adulta. La adolescencia, es la etapa que se extiende, en líneas generales, desde los 12-13 años hasta aproximadamente el final de la segunda década de la vida. Se trata de una etapa de transición en la que ya no se es un niño, pero en la que aún no se tiene el estatus de adulto, sin embargo, la adolescencia tal y como nosotros la conocemos en occidente a finales del siglo XX, es hasta cierto punto, un producto de nuestro siglo. Muchos chicos y chicas occidentales a los que consideramos adolescentes pueden caracterizarse por estar aún en el sistema escolar o en algún otro contexto de aprendizaje profesional o a la busca de un empleo estable; por estar aún dependiendo de sus padres y viviendo con ellos; por estar realizando la transición de un sistema de apego en gran parte centrado en la familia, a un sistema de apego centrado en el grupo de iguales, etc, pero que todavía no coinciden con las de los adultos.

El adolescente se caracteriza por una introversión y timidez y una profunda desconfianza respectos a los padres. El individuo adopta una actitud reflexiva y crítica. Por otro lado, el mundo exterior despierta una actitud idealista. El impulso sexual estalla ahora con gran violencia.

La adolescencia tiende a considerarse como el período entre los 12 y los 19 años. El adolescente experimenta no sólo el cambio y crecimiento físico, sino también los cambios y el crecimiento emocional, psicológico, social y mental. Durante este tiempo, se espera que los adolescentes sean capaces de comportarse y responder como adultos.

Durante la adolescencia, el individuo desarrolla la capacidad para:

  • Comprender contenidos abstractos, como conceptos de matemática superior, y desarrollar filosofías morales, incluyendo derechos y privilegios.
  • Cuestionar los viejos valores sin sentimientos de temor o pérdida de identidad.
  • Ir gradualmente hacia un sentido más maduro de identidad y propósitos.
  • Establecer y mantener relaciones personales satisfactorias al aprender a compartir intimidades sin inhibición o miedo.

La concienciación sobre la salud y cómo enfrentar la vida, la felicidad y los logros debe comenzar a muy temprana edad en el hogar y continuar durante los años de adolescencia. El buen ejemplo proporcionado por los padres, la participación de los padres en el proceso del crecimiento y la atención a la educación pueden contribuir más a una adolescencia feliz y segura que cualquier otro recurso disponible. Este modo de actuación también es un modelo a seguir por parte de los docentes en el día a día con los alumnos en el aula.

En conclusión, la adolescencia es una etapa de crecimiento hacia la madurez como persona. Se caracteriza además por una formulación de una “filosofía de la vida”, de inestabilidad emocional, maduración sexual plena, generosidad, entrega, altruismo, romanticismo, consolidación del pensamiento lógico-formal, imitación intencional de “modelos”, afirmación de la personalidad.

Carta de un hijo a todos los padres del mundo

  • No me des lo que te pida. A veces solo pido para ver hasta cuánto puedo recibir.
  • No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.
  • No des siempre órdenes. Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.
  • Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; pero también si es castigo.
  • No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si tú me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir, y si me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufra.
  • No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer, decídete y mantén esa decisión.
  • Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender.
  • No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices.
  • Cuando yo hago algo malo no me exijas que te diga el “porqué lo hice”. A veces ni yo mismo lo sé.
  • Cuando estés equivocado en algo admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti. Y me enseñarán a admitir mis equivocaciones también.
  • Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos; ya que por ser de la familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.
  • No me digas que haga una cosa y tú no la haces. Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas; pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.
  • Enséñame a amar y conocer a Dios. No importa si en el colegio me quieren enseñar; porque de nada vale, si yo veo que tú ni conoces ni amas a Dios.
  • Cuando te cuente un problema mío no me digas “no tengo tiempo para tonterías” o “eso no tiene importancia”. Trata de comprenderme y ayudarme.
  • Quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo. ABRÁZAME, NECESITO SENTIRTE mi amigo, mi compañero a todas horas.

Violencia escolar: cuando tu hijo es el acosador

La violencia nos acosa en todas partes. Desgraciadamente, a diario, somos testigos en la televisión, en los deportes, cuando conducimos o hacemos cola en el supermercado de como algunas personas utilizan su fuerza o su superioridad para hacer daño a otros. Pero, otra cuestión que se nos plantea es qué pueden hacer los padres cuando su hijo es el acosador.

La violencia florece en nuestra sociedad en multitud de ámbitos y de muchas formas diferentes y no nos debe extrañar que también ocurra en la escuela, pues esta, al fin y al cabo es un reflejo de la sociedad que transmite los valores sociales dominantes.

Es cierto que en la escuela existen situaciones violentas, han existido siempre aunque recientemente las hayamos renombrado como bullying, sin embargo podemos cambiar esta situación y darle la vuelta al espejo, para que la escuela sea quien refleje y guie a la sociedad en un cambio de valores y de relaciones interpersonales distanciadas de la agresividad y la violencia con el fin de no tolerarla después en ningún ámbito de nuestras vidas.

Para lograr con éxito las intervenciones educativas en este ámbito es necesario informarse bien y dominar este tema. ¿Qué es el bullying? Para poder estar hablando de acoso escolar se deben cumplir cuatro condiciones que son comunes:

  1. Hay diversas formas de ejercer la violencia, no solo la agresión física debe considerarse acoso, también burlas, insultos, aislamientos sistemáticos, amenazas e intimidaciones.
  2. No se trata de un hecho aislado, sino que se repite en el tiempo. Esto ocurre porque el acoso se da en ámbitos en los que las personas coinciden sistemáticamente, como puede ser en el colegio, en el barrio, en un equipo deportivo, etc.
  3. Siempre hay un individuo que provoca el acoso, puede haber un grupo de personas que secunden al instigador, y siempre hay una víctima que carece de recursos para acabar con la situación.
  4. La situación pasa inadvertida y se mantiene debido a que las personas del entorno no actúan frente a la agresión para suprimirla.

Es importante poder identificar cuanto antes cuándo está ocurriendo acoso escolar para poder actuar antes de que las víctimas y acosadores sufran y solucionar el problema cuando todavía no ha desencadenado problemas mayores.

Papel de los padres frente a un hijo acosador

Es muy difícil para muchos padres el reconocer algo negativo en la conducta de sus hijos, por eso es muy importante, cuando se detecta el caso, que ellos trabajen directamente con la escuela para resolver este problema, de una forma inmediata, ya que normalmente el problema de una mala conducta suele crecer como una bola de nieve. Lo que jamás deben hacer los padres del acosador es usar la violencia para reparar el problema. Pueden ser acusados de malos tratos hacia su hijo.

Hable con sus hijos acerca del acoso escolar. Es posible que su hijo esté confrontando problemas para comprender los signos sociales, e ignore el daño que está haciendo. Recuérdele a su hijo que intimidar a otros puede acarrear consecuencias de índole jurídica.

Los niños imitan las formas de comportamiento que adoptan sus padres. Estar expuesto a un comportamiento agresivo o a un entorno demasiado estricto en casa hace que el niño tenga más propensión al acoso escolar. Los padres/tutores deben dar ejemplos positivos en su forma de relacionarse con otras personas y con sus hijos.

Detectar problemas de autoestima: A menudo, los niños con problemas de autoestima acosan a otros para sentirse bien consigo mismos. Incluso los niños que gozan de cierta popularidad y aceptación pueden tener tendencias crueles. Los padres deben evitar y castigar el comportamiento cruel de sus hijos.

Consejos a los padres de un hijo acosador

  • Investiga el porqué tu hijo es un acosador.
  • Hable con los porfesores, pídales ayuda, y escuche todas las críticas sobre su hijo.
  • Acércate más a los amigos de tu hijo y observa qué actividades realizan.
  • Establece un cabal de comunicación y confianza con tu hijo, los niños necesitan sentir que los padres les escuchan.
  • Vigílate para que no culpes a los demás por la mala conducta de tu hijo.
  • Colabora con el colegio haciendo un seguimiento al caso y registrando las mejoras del niño.
  • Canaliza la conducta agresiva de tu hijo hacia algún deporte de competición.
  • Dejale claro a tu hijo que la conducta de acoso no es permitida en la familia.
  • Déjale claro las consecuencias si la conducta de acoso continúa.
  • Enséñale a practicar buenas conductas.
  • No ignore la situación, mantenga la calma y procure saber como ayudar a su hijo.
  • Ayuda a tu hijo a que manifieste sus insatisfaciones y frustaciones sin agresión.
  • Demuestre a su hijo que lo sigue amando tanto o más que antes, pero que desaprueba su comportamiento.
  • Anímele a que reconozca su error y pida perdón a la víctima. Elogie sus buenas acciones.

 Consecuencias para el agresor

En cuanto a los efectos del bullying sobre los propios agresores, algunos estudios indican que los ejecutores pueden encontrarse en la antesala de las conductas delictivas. También el resto de espectadores, la masa silenciosa de compañeros que, de un modo u otro, se sienten amedrentados por la violencia de la que son testigos, se siente afectados, pudiendo provocar cierta sensación de que ningún esfuerzo vale la pena en la construcción de relaciones positivas. Para el agresor, el bullying le dificulta la convivencia con los demás niños, le hace actuar de forma autoritaria y violenta, llegando en muchos casos a convertirse en un delincuente o criminal. Normalmente, el agresor se comporta de una forma irritada, impulsiva e intolerante. No saben perder, necesitan imponerse a través del poder, la fuerza y la amenaza, se meten en las discusiones, cogen el material del compañero sin su consentimiento, y exteriorizan constantemente una autoridad exagerada.

Para poder frenar la violencia escolar y preparar a nuestros niños para ser ciudadanos es necesario tener un protocolo de actuación en la escuela que nos ayude tanto a prevenir e identificar como a actuar ante el problema. En estos protocolos, que deben ser conocidos por toda la comunidad escolar, se establecen pautas y medios de actuación de modo que en cuanto se activan todo el ambiente educativo trabaja para solucionar la situación de violencia o de abuso.

No debemos olvidar que las medidas necesarias deben influir sobre tres grupos de alumnos que están involucrados en el acoso escolar. El primero son las víctimas, a las que se debe garantizar su protección y tratar de fortalecer sus recursos personales para poder relacionarse con todos sus compañeros, para que no se sientan solos. Una de las características del acoso es que la víctima no sabe cómo solucionar dicha situación. Con los acosadores es necesario trabajar y tratar de comprender las razones por las que actúan así, no podemos limitarnos a demonizar y castigar a este alumno sin tratar de solucionar los problemas que le hayan llevado a cometer el acoso. Normalmente será necesario ayudarles a aumentar su autoestima y a fomentar sus relaciones entre el grupo de iguales.

Por último, no debemos olvidarnos de los espectadores, que en la mayoría de los casos tienen un poder decisivo en el desarrollo del conflicto. Normalmente el acosador suele tener un grupo reducido de amigos que le ríen las gracias y secundan los malos tratos. El resto de la clase puede permanecer en silencio como espectadores de lo ocurrido y no hacer nada por evitarl o detener esta situación, de forma que el acoso queda legitimado socialmente dentro del centro. O bien pueden actuar y denunciar la situación a un adulto, mostrar su repulsa ante la violencia y la injusticia y convertirse en el catalizador de un cambio en la concepción de la violencia y el acoso, a nivel del aula inicialmente y a nivel de toda la sociedad en un futuro. Para lograr esto se debe hablar con toda la clase, no ocultar nunca lo que está sucediendo, trabajar con ellos los sentimientos prosociales, y darles cauces de resolución de conflictos de modo que ellos puedan sentirse capaces de resolver este tipo de conflictos de una forma justa y pacífica.

Viendo la importancia que tiene todo el grupo de alumnos y las relaciones que existan entre ellos previamente a la hora de afrontar un problema de acoso llegamos a la conclusión de que la mejor medida que se puede tomar es una buena prevención del problema. Este aspecto también se trata en los protocolos de actuación y en él se implica a los diferentes colectivos del ámbito escolar con unos medios de actuación muy amplios con los que poder atacar este problema y hacer posible que la sociedad del futuro no tolere la violencia. El cambio es posible.

Tácticas para golear en las discusiones con los hijos

Padres e hijos juegan un eterno partido de fútbol en el que el balón es el móvil, el tiempo delante de la tele, el alcohol…“El padre teme a sus hijos, el hijo se cree igual a su padre y no tiene por sus padres ni respeto…”

Un portazo, una voz más alta de lo normal… Las discusiones entre padres e hijos cruzan milenios para darnos el relevo. Sin embargo, cambian matices: somos humanos, ahora como en la Atenas de Pericles, pero vivimos en el tiempo, que marca matices para cada época. Y tenemos que actuar.

Hoy día, por ejemplo, parece que el tradicional forcejeo por la hora de llegada a casa tras una noche de fiesta queda en un segundo plano. Quizá porque la sombra que le hace la irrupción de la tecnología no hace sino alargarse: el omnipresente Internet, los teléfonos móviles casi desde las primeras palabras, la televisión en cada habitación de la casa, los videojuegos más y más sofisticados y, por lo tanto, absorbentes… Aunque hay clásicos que nunca desaparecen: la sexualidad y el consumo de sustancias poco (o nada) saludables siguen protagonizando buena parte de los altercados en el área.“El principio general es la prevención”.

Por un lado, la “teoría del teatro”, que consiste, hablando en plata, en “llegar antes”. Por otro, los “periodos sensitivos”, es decir, los escenarios naturales en el desarrollo del infante y el adolescente en los que se puede favorecer el desarrollo de competencias físicas, cognitivas, emocionales, sociales y espirituales con mayor éxito. El área de penalti.

Las claves

  • Prevención del consumo de drogas: tabaco, alcohol, hachís y cocaína: Salvo que el niño muestre interés por el tema antes, a través de comentarios o preguntas directas, el mejor momento para sacar el tema es a partir de los ocho años. Dos razones: empieza a desarrollarse el pensamiento abstracto y el adolescente es la población más vulnerable.
  • Uso responsable de Internet: chats, blogs y foros: La responsabilidad ha de trabajarse entre los siete y 14 años. El ordenador puede contemplarse como aliado o como enemigo. Como aliado es un signo de los tiempos e incluso una posibilidad para interacción de la generación que educa con la que está siendo educada. Como enemigo, uno de los factores de riesgo es el secuestro de la inocencia. Los padres han de estar cerca sin agobiar y tener criterios claros, sobre todo en cuanto al acceso a las redes sociales.
  • Uso responsable de telefonía móvil: El teléfono también es enemigo o aliado. En la actualidad se ha incrementado la demanda de ayuda por los padres sobre lo que coloquialmente se denomina “adicción a las nuevas tecnologías”. A partir de los 12 años, el hijo empieza un movimiento centrífugo, por lo que es importante que en su mochila lleve las herramientas necesarias (principios, valores, intereses, etc.) para el mismo. ¿Cómo conseguir que el móvil sea un aliado? Muchas veces hemos constatado que no estudia más por el hecho de quitarle el móvil.
  • Uso responsable de videojuegos: El juego simbólico comienza a los cuatro años; el juego de reglas y estrategias, a los siete; el compañerismo, a los diez, y la solidaridad, a los 14. Es muy importante tener en cuenta la naturaleza del juego, así como los objetivos (por ejemplo, si se trata de ocio o se pretende desarrollar destrezas, etc.) Es recomendable que, en la medida de lo posible, los padres supervisen, muestren interés y, por qué no, jueguen con los hijos.
  • Sexualidad: De acuerdo a los periodos sensitivos, el descubrimiento del yo comienza a los dos años y medio. Como es lógico, no se empieza a hablar de este tema, pero sí a ayudarle a integrar una visión de cuerpo natural, sana, espontánea. Entre los cuatro y seis años se produce una serie de conductas exploratorias consideradas como juegos sexuales, por ejemplo, enseñar la braguita; si se presentan estas manifestaciones, es importante abordarlas para ayudar a normalizar. La edad de oro para abordar este tema es a partir de los 12 años, es decir, cuando el adolescente tiene mayor conciencia de pudor, amistad, despertar afectivo-sexual. Este es un periodo importante para hablar de afectividad, sexualidad, conducta sexual responsable y el sentido de esta dimensión dentro del desarrollo integral del ser humano.
  • Contenidos que ven en televisión: La televisión es un canal de estímulos dirigidos a diferentes sentidos. Y cada vez hay más estudios que muestran la relación significativa entre los minutos de exposición a la TV y la obesidad, la conducta violenta, la hiperactividad, los problemas de atención, la repetición de patrones de conducta de los protagonistas, etc. Y estamos hablando sólo de estímulos: imaginemos el impacto del contenido que muchas veces, aunque está regulado, no se ajusta a la realidad. La recomendación general es que los padres vean la TV con los hijos. Pero, como es una situación muchas veces utópica, también se aconseja que supervisen antes el contenido de los programas: no hace falta ver toda la serie, ahora hay mil maneras de enterarse de qué van. La norma “es que lo ven mis amigos” no ha de ser el criterio. Por otro lado, entre los cero y los dos años y medio no es recomendable la TV; por el contrario, es muy recomendable sólo la música.

¿Qué tipo de padre soy?

Los padres españoles tienen basicamente cuatro formas más habituales de entender la Educación. A pesar de las diferencias, todas convergen en su temor a que factores externos (medios de comunicación, amigos…) echen por tierra lo que la familia trata de inculcar en casa.

Los padres más autoritarios –o “patriarcales”,  suelen ser pequeños empresarios que viven en un entorno rural. Las madres más permisivas –o “instituyentes”– proliferan en la periferia de las grandes urbes.

Ambos enfoques educativos se revelan minoritarios en España, ya que lo que impera por estos lares es ser un padre “liberal” o “clientelar”, que a grandes rasgos significa, respectivamente, poner en un pedestal al esfuerzo o confiar en que las autoridades educativas allanen lo más posible el camino a las familias.

A pesar de que los cuatro perfiles muestran rasgos muchas veces antagónicos, existen nexos de unión que conectan a unos con otros. Por ejemplo, las posturas liberal y patriarcal confluyen al reclamar criterios de evaluación unificados y exigentes. Por el contrario, los padres clientelares e instituyentes se inclinan por un tipo de pedagogía más flexible e individualizada. Alianzas temporales que en otros campos pueden variar, acercando, por ejemplo, al padre clientelar y al liberal en su benévolo juicio del sistema socioeconómico que existe en España (las otras dos posiciones serían, por así decirlo, más antisistema).

Incluso hay temas en los que todos los padres parecen ponerse de acuerdo. Se observa unanimidad en su critica a los medios de comunicación que reproducen modelos de éxito opuestos a lo que ellos (sea lo que fuere) intentan inculcar a sus hijos. Y todos temen asimismo que, al llegar a la adolescencia, las malas amistades dilapiden años de esfuerzo formativo en casa.

Liberal

Glorifican la “ética del esfuerzo individual” según una fe a prueba de bombas en la “capacidad” del ser humano “para desenvolverse en un mundo plural y abierto a la competencia”. A partir de un planteamiento meritocrático, no tratan de imponer creencias o valores: simplemente aspiran a una “igualdad de oportunidades para todos” y a que “las cosas se hagan bien”. El docente ha de ser sin excepción un “especialista” competente, por lo que “el referente no es el funcionario sino el profesional de la empresa privada”. Postura extendida sobre todo entre las clases medias acomodadas, los padres liberales suelen considerar una desgracia que sus hijos no lleguen a la universidad. Del centro escolar esperan una evaluación rigurosa, ya que dar demasiadas “facilidades” a la hora de aprobar “desmotiva al alumnado”.

Clientelar

Confían en que la “autoridad que regula la vida social” ayude a las familias a “transmitir aquellos valores y pautas de conducta considerados más correctos” para que sus hijos lleguen a “ser buenos ciudadanos”. Asegura el informe que este tipo de padres se sienten “perdidos” y “desbordados”; es por ello que reclaman de instancias superiores algo así como un “manual de instrucciones que les explique cómo ser buenos padres”. Entienden que el profesor actúa como “portavoz legítimo del saber” y, en consecuencia, ha de reciclarse, comprometerse y motivar en clase con criterios pedagógicos que resulten atractivos al alumno. En caso de problemas, suelen adoptar una “actitud autoinculpatoria mezclada con una sensación de abandono por parte de aquellas instituciones que deberían encargarse de supervisar la Educación”.

Patriarcal

A partir de la “autoridad incuestionada del padre-varón sobre la madre-mujer y de ambos cónyuges sobre sus descendientes”, este tipo de progenitores inculcan “obediencia, constancia y buenos modales”, hacen gala de “mano dura” y tratan de crear un clima familiar con “normas claras”. Quieren para sus hijos un perfil de docente “riguroso” y no ven con malos ojos que se instalen tarimas en las aulas o se conceda al profesorado en su conjunto un estatus legal que refrende su superioridad sobre el alumno. Para ellos, el fracaso escolar es culpa del “proteccionismo de las familias”, “la permisividad del profesor” o el hecho de que todos los alumnos estudien lo mismo hasta los 16 años. Abogan por una diversificación temprana en Secundaria, a los 14 años como muy tarde. Muchos defienden también la vuelta del uniforme.

Instituyente

Creen firmemente en el poder de la Educación para luchar contra las desigualdades sociales y contribuir a transformar un mundo injusto. En casa, se prima un “clima de confianza” que no “cierre los ojos” a los hijos y les ayude a “superar el miedo” a intentar cosas nuevas. En la escuela, su preferido es ese perfil de profesor que establece una “relación de amistad e implicación con sus alumnos” para que estos puedan “abordar problemas personales” con él y en “estrecha cooperación con los padres”. Sostienen que el sistema educativo actual “estigmatiza socialmente a una gran parte de la juventud de los barrios obreros”, por lo que recomiendan relajar un “ritmo académico agobiante con excesivas asignaturas desconectadas de los intereses” del alumno. En definitiva, el fin de la Educación es formar a “profesionales felices”.